Me sonrojo recordándote en la forma en la que te despediste de mí
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El Brindis

El blog de Ruth Pindado en Tribuna de Ávila

Me sonrojo recordándote en la forma en la que te despediste de mí

Un brindis delante de la ilustración “Representación de un monje probando vino” de “Li Livres dou Santé” (manuscrito francés de finales del siglo XIII).

Atendiendo a la debilidad de los flacos, creemos que basta a cualquiera una hemina de vino al día.

                        San Benito, año 540 d. C.

 

Me sonrojo recordándote en la forma en la que te despediste de mí. No habían dado las siete y saliste corriendo, semidesnudo, con la ropa arrebujada bajo el brazo para ir poniéndotela calle arriba. Lo sé porque después de la segunda lágrima la campaña de la iglesia de la plaza tocó a maitines y te imaginé, agazapado entre tus hermanos, abriendo los evangelios, rezar para que nadie se diera cuenta. Fue nuestra última vez. Juré a tu dios, al mío, al de los cielos, que deben ser distintos, que nunca más permitiría a este varón meterse entre mis sábanas si antes no había dejado su vida a un lado.

 

El portazo tumbó los frascos de esencias que siempre te traen a mí, la búsqueda incesante de soluciones, las pócimas que remedien tus miedos, tu soledad, tu dolor, tus dudas. Y terminas encontrando más refugio en entre mis piernas que entre los pucheros dónde yo, cual fémina a lo Paracelso, elaboro el elixir de la felicidad, del amor, de la eterna juventud.

 

Comienzan los rascadores a llevar el ritmo. Cuatro compases nos adentran en la melodía que sonará para alejarme de tu recuerdo. Las chirimías, el salterio y las launnedas rasgan el aire clavándose en mi alma. Música eterna que una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez golpea en los oídos.

 

Tu mano, esa que al principio roza con suavidad los frascos de jarabes estrangula ahora mis pechos con ansia. Esos ojos verdes, tristes y profundos que miran con penetrante deseo poseer el vino que te ofrezco a tu llegada, giran convirtiéndose en bolas blancas tras el deleite. Tu cuerpo viejo, cansado, flojo, envuelto en un hábito sucio y manido  en un momento se torna fuerte, robusto, lascivo y rejuvenece hasta en el sudor que desprende sobre mi.

 

Y ahora, en mi cama una mancha de vino del día anterior, un camisón revuelto dejado por las horas soñadas tras nuestra unión y un fuerte olor a olvido, a canela, tomillo y ansia. Olor cruel, intenso, penetrante que nunca podré borrar de mi piel.

 

En este  tiempo es difícil encontrar agua donde lavarme a fondo los restos de nuestra unión. Difícil arrancar el peso de tu cuerpo que aún me pesa las entrañas. Difícil sacar cada estremecimiento de mis caderas bajo tus embestidas. Difícil retenerte a mi lado un minuto más, siempre suenan las campanas. Siempre huyes. Y en el aire se queda, como queriendo buscar su hueco en mi soledad, una historia aún sin concluir mientras busco con mis frías manos el camisón olvidado. Tapo mis hombros con un jubón raído que se adapta a mí como mi piel, y busco restos de nuestro dulce vino por los cuencos de madera con los que durante la noche jugamos a ser valientes. El tuyo más intenso, más penetrante, menos aguado. El mío más dulce, más amoroso, más entregado, y los vacío todos. Vacío, incluso, la pequeña odre que guardo para eventos especiales, porque sé que este es el momento más especial, quizás sea el definitivo.

 

Los músicos siguen tañendo sus instrumentos para recordarme que la vida continua, aún sin mí, devuelve cada segundo a sus relojes.

 

Tú “volveré”, en susurros, antes de aquel portazo, me desgarra a girones la piel del alma y me recuerda que juré olvidarte.

 

                        Poesía goliárdica

  Res est arduissima vincere naturam.

in aspectu virginis mentem esse puram;

iuvenes non possumus legem sequi duram

leviumque corpomm non habere curam.

[…] Meum est propositum in taberna mori,

ut sint vina próxima morientis orí.

Tune cantabunt letius angelorum chori:

“Sit deus propitius huic potatori.”

              Archipoeta de Colonia (resignada víctima del amor y el vino)

 

 

Pasan los días, las semanas, los meses y a golpe de vino rebajo el dolor de tu ausencia y el olvido. El líquido corre por mis venas y yo le dejo estar, ansiosa por pasar del estado de euforia al de embriaguez sin dejar lágrimas en el camino que surquen mis años y mi frente porque el amor duele, pero el vino sana y quiero curar mi pena y dejar de estar encadenada a tu recuerdo.

 

Pasan los días, las semanas y los meses y el vino no ha curado nada. Y la música sigue retumbando en mis oídos dejando de ser dulce para ser dañina. Ahora, el jubón viejo se convierte en soga que enganchar al techo. La banqueta que aquella noche sirvió de primer encuentro es el paso a otro cielo. El resto de vino ya solo es un borroso recuerdo en aquel cuenco de madera que sé que caerá con mi última patada al aire. Vuelvo a oír gloriosa la música salida de las chirimías y recuerdo, por última vez, que un día fui tuya…                   RP

Comentarios

Siempre a tus pies 07/07/2018 23:00 #23
Siempre a tus pies
vinistero 04/07/2018 10:57 #22
deseando leerte otra vez. genial.
Abulense 17/06/2018 11:50 #21
José Ramón fuera y tu al congreso.
.... 14/06/2018 20:41 #20
love nena, ( sin que se entere César)
Lolo 14/06/2018 07:11 #19
A mí me sonrojas tú 🤫
Ciudadano abulense 12/06/2018 23:02 #18
Mi enhorabuena por tus letras. Un placer leerte.
Lola 08/06/2018 17:24 #17
Cada día te superas. De lo mejorcito que hay. Enhorabuena Ruth.
... 07/06/2018 17:34 #16
todo ok, como el gobierno, sin palabras.
Lorenzo 07/06/2018 07:52 #15
¡Qué sorpresa nuevamente! Siempre es un placer leerte, conocer ese talento tuyo y esa sonrisa que siempre desprendes. Iluminas cada cosa que haces, Pindadilla. Sigue con tus letras y tus sueños.
Christian Hugh 05/06/2018 16:10 #14
Genial. Digo que me rechifla, como tú ♥️♥️♥️

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