Brindamos con... Gestinanna
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El Brindis

El blog de Ruth Pindado en Tribuna de Ávila

Brindamos con... Gestinanna

Hoy empezamos un nuevo y entusiasta camino por los mundos del vino. Mundos llenos de alegrías, de conocimientos, de tradiciones pero también de misterio, es decir , de vida. Porque el vino es eso, vida.

 

Quiero comenzar pidiéndote que me sigas, que tengas confianza en mí, que te dejes llevar, prometo darte unas letras de placer para que conozcas y disfrutes, pero siempre de la mano de un cuidadoso y divertido trago de vino.

 

Los inicios de la vinificación y de la religión se confunden en la noche de los tiempos. El vino y otras bebidas fermentadas en los actos rituales facilitan los primeros contactos del hombre con los dioses.

 

La embriaguez les eleva en un éxtasis de nebulosa, les presenta otra realidad mejorada y distorsionada, posiblemente mucho mejor que las duras condiciones de vida que tenían que soportar. Lo divino, la certeza de una presencia superior, comenzará entonces a cobrar forma ante los primeros humanos que traspasaban el umbral de la embriaguez.

 

Ahora acércate a ellos, cierra los ojos y escucha con atención el "la-la-la-la-la" de Nathan Larson y su Avival Pastoral, acuérdate de tener en la mano un tinto reserva, color rojo sangre, de intensos aromas a madera, a frutos rojos, a campo. Deja que su perfume penetre en ti, llenándote de ganas.

 

Al fondo Gestinanna, hija de Enki y Nihursag, mujer de Ningishzida y diosa sumeria del vino, baila junto a su hermano Dumuzi convertido en gacela. Días de gloria, felicidad y música. Días en los que el vino y sus efluvios animan y acompañan. La música no deja de sonar, el tiempo se ha detenido en los placeres carnales, la algarabía no parará nunca. Momentos de gloria eternos...

 

Momentos de gloria que se verán truncados por el rapto de los demonios y su llevada al inframundo a cambio de su mujer Inanna, raptada al ir a mostrar sus condolencias a su hermana Ereshkigal, reina de los infiernos.

 

Para salvarse Inanna hace la promesa de traer a alguien que ocupe su lugar y piensa en su amado Dumuzi. Esto provocará el desconsolado lamento de Gestinanna que conmoverá a las divinidades, especialmente a Ereshkigal quien le permitirá hacer un pacto, y cada hermano pasará seis meses en el inframundo.

 

Inanna hermana-enemiga de Ereshkigal, la diosa de la muerte, se prepara para hacer el viaje a los infiernos:

 

Reunió todas las leyes divinas y las tomó en la mano,

Todas las leyes las colocó en su pie.

La shugurra, la corona de la Llanura, ella se la ciñó en la cabeza;

Los rizos del cabello, ella se los fijó en la frente;

La varilla y el cordel para medir el lapislázuli,

los mantuvo apretados en la mano;

Las pequeñas piedras de lapislázuli, se las ató alrededor de la

garganta;

Las piedras-nunuz gemelas, se las sujetó al pecho;

El anillo de oro, lo colocó en su mano;

El pectoral “¡Ven, hombre, ven!” lo fijó en su busto.

Con el ropaje-pala de señoría, cubrió su cuerpo.

El afeite “¡Que se acerque, que se acerque!”

lo aplicó sobre sus ojos.”

(Kramer, 1976)

 

Y, como diría Cristian Moreno en "la rebelión de los dioses": "esto que hago deberán hacerlo todos, ya que juntos somos el todo, y siendo hijos de los dioses, compartimos la sangre y esta nos hace hermanos de la misión, cofrades del destino" y les pasó a todos un cráneo lleno con la sangre que había ido goteando de sus manos rajadas en una unión fraternal. Y así quedaron unidos de una forma indisoluble, tomadores pues, del camino de la lealtad.

 

El vino pasa de mano en mano, va llenando las bocas, los cuerpos, las almas, y poco a poco, como en una bacanal los dioses y los humanos se unen, Gestín, bajo la advocación de 'madre cepa' baila con los hombres semidesnuda; diosa de la fertilidad provoca a Paget y Siduri, los enloquece, los hechiza. Pa-Gestín-dug, es decir, 'buena cepa', y su esposa Nin-kasi, que significa 'dama del fruto embriagador' se mezclan en una especie de baile de vida y muerte, de conquista de los humanos a través del vino, sube el tono, los colores enarbolan las mejillas, el aliento es el regusto de los frutos de la pasión.

 

Y tú, que ahora lees expectante, te ves envuelto en ese aura de alcohol y vida.

mientras rezas,

 

"Ven a mí,

fruto de uva y vida,

provócame, silencioso,

que ya yo,

más tarde, te canto.

Ven a mí,

elixir de dioses,

maná de hombres,

que ya yo,

luego, te bebo"

 

R.P.

Comentarios

Almudena 05/06/2017 16:55 #20
lo dicho, escribes genial. Enorme Ruth.
Marta GB 24/05/2017 13:38 #19
Ruthi que bien escribes. Me ha encantado. Nos vemos.
Juan carlos 18/04/2017 15:35 #18
Pura poesía el leerte.
Teo 16/04/2017 12:40 #17
Bien
Susana 16/04/2017 12:20 #16
Genial. Me encanta y me encantas. Vales mil.
Sonsoles jiménez 15/04/2017 09:45 #15
Ay RUTH, que no sabía que publicabas estas cosas y, sin quererlo ha caído en mis manos. Me emociona. Precioso, lleno de conocimiento y muy tu, ágil, dinámica, culta, divertida. Da gusto.
Jony 15/04/2017 02:43 #14
Valla bien que escribes
Lore 15/04/2017 02:42 #13
Alucino
Mayca 13/04/2017 17:55 #12
Muero de amor😍😍😍
Marta Martin 13/04/2017 17:53 #11
Nos metes en unos mundos muy difíciles pero tremendamente interesantes. No lo dejes nunca.

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