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Educacción Digital

Andrés Seoane Fuente

¿Prohibir o promover?

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Hace algo más de un año, Francia acordó la prohibición del uso del móvil en los centros educativos, una medida que se ha hecho efectiva al comienzo de este curso. En este foro ya dimos algunas pinceladas al respecto cuando la Universidad de Málaga se puso manos a la obra para elaborar un reglamento que regulase el uso de dispositivos electrónicos en los espacios docentes. En el fondo, la cuestión que subyace es muy similar. ¿Es más fácil redactar una norma para que no se utilicen o trabajar en una serie de disposiciones para contribuyan al aprendizaje?

 

Se atribuye a Albert Einstein la siguiente recomendación: “No guardes nunca en la cabeza aquello que te quepa en el bolsillo”. Por suerte, hoy en nuestros bolsillos cabe un teléfono móvil que, a su vez, es como una matrioshka del conocimiento, albergando multitud de cofres que se abren una y otra vez dando respuesta a casi cualquier duda que se nos pueda presentar. ¿Entonces qué hacemos? ¿Limitamos esta herramienta por miedo a darla un buen uso, en lugar de explotar sus posibilidades?

 

En el colegio como en la universidad, habrá asignaturas, dinámicas, prácticas o actividades que admitan un uso de la tecnología y los dispositivos móviles, mientras que en otros casos podrán suponer un obstáculo a la concentración de los alumnos. Es ahí donde entra el papel de la administración educativa, en primera instancia, y de los docentes como guías que facilitan el proceso formativo de los estudiantes, después, para definir unos parámetros, evitar las circunstancias que puedan resultar adversas y apoyar con todas sus armas el empleo de un instrumento inigualable para adaptar la educación actual al ritmo de vida de hoy.

 

Porque este es uno de los debates más recurrentes. En el ámbito educativo, no se consigue desarrollar una transformación digital efectiva, ni se están modificando al ritmo que exige ahora el mundo las estructuras, los procesos y los métodos de enseñanza y aprendizaje, quedando en muchos casos anquilosados y obsoletos. No se responde a las necesidades que están en la calle, en la sociedad y en las empresas desde los centros educativos. Y tomando medidas como la supresión del uso del móvil, no se contribuye a dar la vuelta a este escenario.

 

Es urgente tomar decisiones en este sentido, facilitar que la innovación educativa pueda ejecutarse atendiendo a las peculiaridades de cada rama del conocimiento, de cada mecánica de aprendizaje, de cada clase de actividad que se lleva a cabo. Y, una vez dado este paso, dotar a los docentes de la posibilidad y los medios que les permitan poner en práctica la educación que exige un mundo que cambia a cada pestañeo.

 

La educación online está creciendo sin freno por el tipo de vida que llevamos actualmente. Tenemos obligaciones profesionales, necesidades personales y compromisos familiares. Sin olvidar, por supuesto, que es imprescindible un constante reciclaje de competencias y conocimientos para mantenernos actualizados en el trabajo. ¿Podríamos plantearnos cubrir todo si tuviéramos que asistir presencialmente a clase varios días a la semana? ¿Cómo puede valorarse negativamente una herramienta que puede potenciar la capacidad del docente y el aprendizaje del alumno? ¿Prohibir o promover?

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