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Andrés Seoane Fuente

La Universidad es esto

Graduacion isabel i detail

Intentando dejar de lado el convulso escenario académico que vive la universidad en los últimos tiempos, a cuenta (¿cómo no?), de los gestores públicos que deben encargarse de potenciarla y defenderla, en lugar de asaetearla y ultrajarla, el significado de esta institución es otra cosa diametralmente distinta a lo que estos casos trasladan a la opinión pública. Y puede que no haya un ejemplo mejor para explicar esta diferencia que el día de la graduación.

 

La segunda promoción de egresados de la Universidad Isabel I pondrá en la tarde del sábado el broche de oro a un camino de esfuerzo, sacrificio, aprendizaje y formación que ha supuesto a todos y cada uno de los alumnos mucho sudor y puede que alguna que otra lágrima. La emoción que flota ese día en el ambiente puede casi moldearse. El brillo en los ojos de los estudiantes sólo encuentra parangón en la envergadura que alcanzan en esa jornada sus sonrisas.

 

Habrán llegado a la meta. Habrán coronado la cima. Habrán metido un gol en el minuto 90. Todo lo que se han dejado por el camino -trabajos, exámenes, horas de preparación, estudio, puesta en práctica de los conocimientos y competencias aprendidos…- habrá merecido la pena. Lucirán orgullosos sus becas, hechas de un material tan ligero al tacto como robusto a los sentimientos. Estarán rodeados de todas las personas que han sido su ancla, su amarre y su salvavidas cuando la vida académica se ha vuelto una tormenta en alta mar. Sentirán en su piel como sabe el esfuerzo cuando gracias a él se obtiene la recompensa.

 

Y la alegría y la felicidad serán absolutamente compartidas. Porque desde la Universidad, se realiza un exhaustivo trabajo de preparación de la oferta académica, con todas las obligaciones administrativas que ello conlleva. Se desarrolla una labor de guía y acompañamiento esencial por parte de los docentes. Se facilita y ayuda en cada detalle, en cada duda, en cada pequeño contratiempo que surja al alumno, desde cada departamento del personal de administración y servicios. Y, sobre todo, se pone mucho, pero que mucho empeño, en ofrecer una experiencia formativa de calidad, que prepare, capacite y habilite al estudiante para encarar con garantías un mercado laboral que, hoy en día, se asemeja enormemente a un monstruo al que le crecen dos cabezas cada vez que se le corta una.

 

Es incuestionable que los repugnantes ejemplos que ocupan la primera plana en los medios son noticia por sus protagonistas. Pero no es menos cierto que la proporción entre escándalos y ejemplos de buena praxis es de uno frente a varios millones. Valga como ejemplo el tuit publicado hace pocos días por Manu Velasco, segundo mejor docente de España en 2017, en el que mostraba en una fotografía algunos de los “42 trabajos: individuales, colaborativos, de todo tipo” que había tenido presentar para terminar un máster oficial en la Isabel I, y en el que incluía también que había estudiado 9 asignaturas de 6 temas cada una, había superado 9 exámenes presenciales, y había depositado y defendido su trabajo de fin de máster después de 5 correcciones.

 

Ni siquiera el premiado como segundo mejor docente de España va a tener la repercusión mediática de una ministra o un líder de un partido político, es evidente. Pero quizá el ciudadano de a pie sí pueda preguntarse cuánta gente conoce que haya ido a la universidad, con sus correspondientes familiares y amigos. Y después de echar cuentas mentalmente, recordarse a sí mismo que puede estar seguro de que no sólo no les regalaron sus títulos universitarios, sino que les supusieron un gran esfuerzo tanto a ellos como a las universidades donde estudiaron. Y que, por eso, el día de su graduación fue tan especial. Porque la Universidad es esto.

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