Alberto langa silueta original

Desde el Alberche

Alberto Langa
El blog de Alberto Langa en Tribuna

Mi regalo de Reyes

Alanga detail

Este año no había escrito la carta y, por tanto, poco podía esperar, pero no hay duda de que es cierto eso de que los Reyes nos observan y saben lo que queremos aunque no lleguemos a expresarlo sobre un papel.

Como deben de andar con mucho trabajo y la noche la dedican especialmente a los más pequeños, a mí me hicieron el regalo un día antes, durante el día, un regalo en forma de abrazos y lluvia.

 

No tengo ninguna duda de que la amistad es el mejor de los regalos posibles, y encontrarme con Delia y Tere en Navalosa fue un subidón que me llenó de energía. Abrir la puerta del Riles fue como desenvolver el mejor de los regalos ya que allí, en una mesa, estaban las dos. No lo esperaba; las navidades no son fáciles y a muchos nos traen recuerdos de personas que nos acompañaron en otros momentos y que ya no están, y por eso su presencia era más importante que nunca. Hablar con un vino, cerca de la lumbre, con amigas… ¿se puede pedir algo más? Que una mirada un tanto apagada se vaya llenando poco a poco de brillo es sin duda el mejor de los regalos. Allí estaban también Sara, y Esmeralda, y Mari Luz, la madre de ambas, que siempre saben hacerte sentir como en casa, y Ramón, con el que compartí en Cebreros un estupendo día de Cucurrumacho.

 

 

A Navalacruz llegué en mala hora, pero un simple mensaje sirvió para encontrar casa donde refugiarme y comer. Lourdes encarna el espíritu acogedor de todo un pueblo que da sentido como nadie ese don que es la hospitalidad. Compartí mesa y tertulia con sus padres, José y Juani, con los que nada más llegar me sentí como si los conociera de toda la vida. Llena panza y espíritu, la chimenea calentaba un remedio a base de higos secos, romero y tomillo cuyo cocer lento producía una infusión sanadora de narices y gargantas. Seis meses de José pequeñito crecen dentro de Lourdes, un José que seguro que se siente cómodo y orgulloso del cuerpo que le alberga.

 

A aquella casa llegaron los Reyes, de incógnito, que es como viajan la mayor parte de las ocasiones. Pero aquella era su tarde y su noche, y un buen grupo de pajes les ayudaron a vestirse con sus ropajes de gala y tuve el honor de compartir con ellos conversación y sonrisas. En El Toril, donde les esperaban, los pajes habían realizado antes un estupendo trabajo para que la sala estuviera acorde a tan importante visita.

 

Bajamos, la lluvia y la posible nieve aconsejaban no retrasar la vuelta al valle. Con mucha pena, pero con el corazón lleno de sensaciones, recorrí una carretera solitaria que me dejaría en El Tiemblo. Allí, como pasó en muchas localidades, los planes de los Reyes cambiaron por la lluvia, y en lugar de su tradicional recorrido decidieron encontrarse con los tembleños en el Auditorio, un lugar majestuoso propio de Sus Majestades. La locura, los gritos, los nervios estallaron cuando hicieron acto de presencia y los niños y no tan niños apenas podían contener sus emociones al ver que se acercaban y saludaban. Allí vi a Nuria que había acudido con una amiga extranjera para mostrarle la ceremonia que significa la llegada de los Reyes. La simpatía de Nuria, reflejada en su sonrisa, siempre te envuelve.

 

 

Llegué a casa lleno de alegría y con un roscón, que no podía faltar esa maravilla gastronómica para terminar como es debido el día de Reyes. La lluvia, esa lluvia que impidió muchas cabalgatas, era también un regalo que los Reyes me dejaron, que nos dejaron a todos, una lluvia necesaria e imprescindible, una lluvia que ojalá se mantenga durante meses.

 

Tuve regalos en especie, como el aperitivo al que me invitó Delia en Navalosa o la comida a la que me invitó Lourdes en Navalacruz, pero el mejor regalo fue el encontrarme con todas esas personas que supieron llenar de alegría e ilusión mi corazón.

 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: