Me pasé por Navatalgordo
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Desde el Alberche

El blog de Alberto Langa en Tribuna

Me pasé por Navatalgordo

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Podría contar que llegué sin tenerlas todas conmigo, que había intentado ponerme en contacto vía messenger pero este programa es cada vez menos fiable y más transmisor de virus; que busqué un bar que no fuera el de la carretera y encontré uno muy animado cerca de la iglesia, con unas terraza al sol que invitaba a disfrutar desde ella de unas magníficas vistas de Gredos nevado; que en lo que me tomaba una caña el “Macu”, que así se llama el bar, fue poco a poco vaciándose ya que era la hora de la comida y los cañeros locales se dirigían a sus casas. Podría hablaros de la amabilidad de los responsables del Macu, de la sensación de paz, de lo maravillosos que son los pueblos del Alto Alberche… pero no, hoy quiero hablaros de otra cosa.

Siempre he dicho, y lo mantengo en debates en las clases de turismo, que la mejor forma de conocer un pueblo es hablando con sus gentes, preguntándoles dónde comer o por dónde pasear; nada de puntuaciones falsas en buscadores de internet. Por ahora siempre he salido contento con esas recomendaciones; la última cuando le pregunté a María, una amiga del face, que dónde tapear en Navalmoral de la Sierra y me dijo que fuera a Los Ángeles.

 

 

Iba a Navatalgordo a hablar con los responsables de la Asociación Cultural porque llevaba tiempo observando que organizaban actividades muy interesantes y quería conocerles. Para esta Semana Santa, por ejemplo, han organizado una exposición sobre el fútbol en Navatalgordo, que contó con equipo de féminas, y la presentación de un libro de poesía. Con estos mimbres tenía pensado más o menos el cesto que quería hacer.

 

El cesto saltó por los aires cuando les conocí y más aún cuando hablé con ellos. Resulta que la directiva de la asociación está formada por ocho jóvenes que no llegan a los 30 años, la mayoría por debajo de los 25, y muchos de los socios son de la misma edad. Vi primero a Patricia y a Alejandro, a quienes poco después se unió Isabel. Estuve hablando con ellos un buen rato que se me hizo corto ya que me hubiera gustado que la conversación se alargara durante toda la tarde. Es impresionante cómo trabajan, cómo se apoyan, la inteligencia y el conocimiento que demostraron durante toda la conversación; pero lo que realmente me impresionó fue el brillo de sus miradas, esa ilusión que tienen y que transmiten, esas ganas que tienen de trabajar por su pueblo.

 

Me canso muchas veces de leer ataques a los jóvenes como si nosotros a su edad hubiéramos sido perfectos. En mi barrio había bandas, y navajas, y drogas de las que dejaron a muchos en el camino; también había contestaciones a los padres que parece que nunca existieron porque todos los de mi generación debimos ser hijos modélicos… en fin, cansado de personas que recuerdan los 70, 80 y 90 como años en los que los jóvenes éramos perfectos y no como los de ahora, llenos de imperfecciones.

Creo que ya lo he comentado en alguna otra ocasión, pero no me importa ser cansino: la mayoría de los jóvenes que conozco en el Alberche están en bandas de música, o de danza, o de teatro, o en cursos de pintura o de fotografía… y también conozco a muchos a los que les gustaría estar pero no pueden por su escasez económica, o dejando el lenguaje políticamente correcto, por su pobreza.

 

Estos jóvenes de Navatalgordo son todo un ejemplo y un espejo en el que casi ninguno de nuestra edad aguantaría la comparación. No es nada fácil tener, mantener, organizar una asociación cultural. Cualquiera de ellos, como cualquiera de nosotros, preferiría estar todo el día tomando cañas, o tumbado en el sofá, o de risas con los amigos, pero su enorme madurez les lleva a dedicar parte de su tiempo a trabajar por su pueblo, por sus vecinos. No es fácil, no, que siempre hay quien opina a toro pasado con su detector de fallos a pleno rendimiento. Es mucho más fácil la crítica que la palmada en la espalda, el reproche que la palabra de ánimo.

 

No me olvido de Elena, que fue a buscar las llaves de “La Sindical” para que pudiera ver la exposición cuando no era hora, ni de todos los que acudieron para una foto que no les dije para que era y que ahora acompaña este artículo.

 

Aún así no son suficientes; nunca hay miembros de sobra, sino más bien todo lo contrario. En todas las asociaciones hacen falta más socios que colaboren con su trabajo, o con sus ideas, o sólo económicamente si no tienen tiempo, o como difusores de las actividades en las redes sociales. Son muchas las tareas que se pueden llevar a cabo desde una asociación cultural. En la de Navatalgordo, después de Semana Santa, van a organizar una Feria de Abril, y un campamento en verano para los más pequeños y muchas más cosas, y mucho más que les gustaría hacer pero para lo que necesitan más manos y más cabezas.

 

Gracias, de corazón, a Patricia, a Alejandro, a Isabel, a Elena, y a todos los demás socios que estáis luchando desde la Asociación Cultural Navatalgordo por vuestro pueblo. Gracias por permitirme encontrar en vosotros la demostración de que los jóvenes estáis perfectamente preparados y que sabéis hacer las cosas bien y buscando el bien común. No necesitáis que os desee suerte porque ese brillo de vuestras miradas me dice que la asociación tiene un futuro asegurado.

 

Sólo os hace falta una cosa: un trabajo que consiga reteneros en vuestro pueblo, pero eso… eso ya es otra historia.

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