Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

La posverdad de mi portero

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Nada existe hasta que se le pone nombre. El hombre puso nombre a los animales y los reconocimos. Los romanos sólo tenían un nombre para los roedores, por lo que una rata era un ratón grande, pero no otra especie. Los finlandeses tienen un nombre para la nieve flotando en el agua, para la nieve que cae, para la nieve con barro y así hasta 40 términos. Para nosotros sólo hay nieve o, todo lo mas, aguanieve. Ahora llega la posverdad y nos acordamos de la portera, o del portero, de nuestro piso, y de sus verdades envueltas en maledicencia.

Antes de fin de año La Real Academia de la Lengua introducirá el término posverdad, (que no postverdad) en la versión en línea del Diccionario de la Lengua Española. Aparecerá como neologismo y se definirá como “aquella información o aseveración que no se basa en hechos objetivos sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”. La posverdad lo inunda todo, por eso el Diccionario  Oxford la ha distinguido como palabra del año 2016. Le han puesto nombre y por eso lo reconocemos, pero no nos engañemos, la acción existe desde que el mundo es mundo.

 

Susana llega empapada. Una de esas tormentas de verano la ha cazado a lazo a la salida del metro. Se sacude y pide un café muy caliente (ella es del sur). Ana ya tiene su coca cola a medias. Mira el reloj. Mira a Susana y después pasa su vista de CSI por el resto. “Te puedo decir cualquier cosa, pero prefiero contarte que me ha secuestrado mi portero con una historia increíble pero tremendamente entretenida”, nos dice poniéndose enigmática

 

La historia es casi costumbrista. Un vecino ha denunciado a otro porque consciente de su debilidad, obliga a su mujer a pasearse desnuda por la casa sabiendo que él la ve por la ventana. El vecino denunciante está en tratamiento por adicción al sexo y argumenta que le quieren echar para quedarse con su piso, que es más grande y tiene más luz. El portero ha aprovechado para contarle a Susana que el vecino denunciado es hermano de un político de Ciudadanos y que ya está pensando en subir a Facebook que el concejal tiene un pariente sátrapa que juega con la enfermedad. El portero es un joven muy activista en las redes, y que no le echa cuenta al hecho de que todos en el bloque saben que el vecino denunciante tiene manía persecutoria, además de hipersexualidad.

 

“Tan activista, recalca Susana, que nos tiene a todos acojonados. Yo hace tiempo que entro en mi casa al atardecer, como un vampiro que se ampara en la oscuridad para poder ser libre”.

 

Siempre ha habido noticias inventadas y ciudadanos que no están dispuestos a sopesar distintos puntos de vista, porque eso conlleva un esfuerzo. “Yo, ya sabéis, compro el periódico que me cuenta lo que quiero oír”, apostilla Ana. Ana no tiene reparo en decirlo, pero a otros les gusta vanagloriarse de ver la 2 y se toman cada día ración y media de Sálvame sin analgésicos. “Esos, Olga se irrita, esos si que llevan dándole a la posverdad desde el principio de los tiempos y cobrando mas que los científicos”.

 

Lo malo es que ahora las noticias pululan por la web como lo hacían las hormigas por las tortillas de patatas cuando íbamos de campo. Lo malo, también, es que los ciudadanos no quieren ser críticos sino compartibles, y que la crisis cultural se ha instalado en los dedos que aporrean los ordenadores como un chicle asolanado.

 

“La crisis cultural nos ha traído a Trump y al Brexit, y si Dios no lo remedia, nos puede traer un meteorito en Cataluña”, se lamenta Yolanda. “Con Trump llegó la posverdad con nombre y apellidos, porque a este individuo no le duelen prendas en decir como afirmaciones esas cosas que uno “siente” que son verdad, pero sin el menor apoyo en la realidad. Y lo hace sin asomo de pudor, como tu portero”. 

 

Es que sin mentiras, Marta se para un momento para beber su batido, la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento, que diría Anatole France.

 

“Eso sería a finales del XIX o principios del XX, pero no ahora, niega Olga. Las cosas que pasan ahora son de tal surrealismo que bien podrían ser mentira. No hay que buscar mentiras sentidas como verdades, hay que mirar el periódico y agonizar con la idea de convertir la catedral de Barcelona en un economato. ¿Dónde está el aburrimiento?”.

 

“¿Tú estás segura de que eso es así?”, le pregunta inquisitiva Ana. “Yo ya no me creo nada”.

 

“Nada que no salga en diario punto es, querrás decir”. Y la frase de Olga nos hace soltar una sonora carcajada.

 

Lo terrible de esta posverdad que llevan utilizando tantos desde hace tanto, aunque hasta ahora no le hayan puesto nombre, es que lo que nos aterra es que ya no podemos creer nada, es que ya abandonamos las redes sociales como novias desencantadas y no sabemos a qué aferrarnos para seguir soñando.

 

El “Diccionario Oxford” lo dice muy bien: la posverdad denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Lo de engañarnos a nosotros mismos viene de antiguo, sólo que antes nuestro autoengaño se quedaba en la pandilla y ahora puede llegar a millones de personas.

 

“¿Entonces lo de que el model 3 de Tesla ya está aquí es verdad, posverdad o mentira?”. La cara de Marta es un poema.

 

“No lo se, Marta”, Susana se levanta para ir a fumar y deja el perfume de la duda en la mesa. “Yo, como Emily Ratajkowski, tengo serias complicaciones para encontrar trabajo por el tamaño de mis pechos, y esto tiene que saberse”.

 

El camarero se acerca chulesco. “¿Toda la tarde con una ronda?, pregunta. Os veo cada vez mas reprimidas”.

 

Ni los camareros nos regalan flores. Ay que pena que nosotras, como todos los soñadores, sigamos confundiendo el desencanto con la verdad y a Sartre con el vecino denunciante de Susana.

 

 

Comentarios

del olmo nos caimos 14/08/2017 12:59 #1
Tenia que ser el portero claro, no el señor del tercero. El señor del tercero dice mentiras como deben ser, el portero es el creador de la posverdad y muy mala persona. La ficción también desnuda al que la crea.

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