Querer de otra manera
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El blog en Tribuna Ávila de Sonsoles Pindado

Querer de otra manera

Apoyada en el alfeizar de la ventana te pude ver. Observé tus pasos cansados, tu mirada inquieta, tus manos tranquilas…

Miraba y no comprendía por qué no eras cercana, porqué te escudabas en poner muros de piedra ante los demás si tu rostro era afable. Así que un día sentada en el sofá te sinceraste conmigo. Me contabas que saliste de casa cuando apenas eras una niña, ya que en tu hogar no había mucho para poder llevarse algo a la boca. También me dijiste que no sentiste el calor de tu hogar. Que te hiciste mayor antes de tiempo y que anhelabas besos y abrazos que nunca te fueron dados.

 

Transcurrió el tiempo muy deprisa y tuviste a tus hijos, a los que regañabas con asiduidad. También me comentaste que ellos no comprendían el por qué de estar tanto tiempo en casa sin apenas contactos ni relaciones externas. Pienso que con lo que me narras cuidabas demasiado de los tuyos. Todavía te recuerdo con la mirada perdida recordando el desapego al que fuiste sometida. Que tenías miedo a dejar volar a los que ya con alas tenían hambre de libertad. Los mismos que no comprendían los escasos besos y abrazos que se les daban. Claro, todo tenía su lógica. Si tú no pudiste recibirlos tampoco los sabías dar. Por eso creo entender hoy que los enfados y las quejas podían asemejarse al afecto que otros demuestran con besos y caricias. Algunos todavía me cuentan que te vieron a los pies de la cama cuando se te necesitaba. O preparando la comida con cariño cuando el reloj marcaba las tres. Pienso que se entendía que al fin y al cabo hubo distintas formas de ser y de querer. Que si no se sabe hacer de otra forma cualquier manera es buena para demostrar los sentimientos , aunque a veces resulte algo difícil llegar a entenderlo.

 

Cierto día de una semana cualquiera, hablé con uno de tus hijos y supe aunque sea para quedarme tranquila que él también sabía que sí que le querían. Parece ser que sí supo interpretar como debía aquellas quejas que a veces tanto dolían. Incluso me llegó a comentar que ese desapego al que te aferraste y lo que tú pensaste algún día de tus padres tampoco era cierto. Ellos sólo pudieron demostrar el afecto de la manera que sabían.

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