Mirar escuchando
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El blog en Tribuna Ávila de Sonsoles Pindado

Mirar escuchando

A medio día la ciudad estaba con una actividad  frenética, el tráfico abundante  y el trasiego de gente no le impidió seguir con su paseo lento y tranquilo por la vereda que le conducía al Museo del Prado.

 

La mañana de Marzo era fresca, el viento agitó su rubia melena mientras esperaba su turno en la fila pacientemente. Cuando llegó a su sala favorita ya había gente contemplando con pasión las numerosas obras de arte. Hizo lo que hacía siempre se sentó tranquila a contemplar su cuadro favorito, Las Meninas y allí se tiró horas. Las vigilantes de sala empezaron a hablar entre susurros.

 

-¿Has visto a esa chica? Dijo vigilante numero uno.

 

-¿Quién la chica de la chaqueta azul y el pelo rubio que lleva un par de horas mirando el mismo cuadro y no se ha movido de ahí?. Comentó vigilante número dos.

 

Mientras estaba contemplando el cuadro un grupo de estudiantes se aproximaron a ella con su jovial algarabía acompañados de su monitor. Entre risas y murmullos la chica escuchaba a los chavales  sus comentarios…

 

-Que si que cuadro más  enorme, que si había un perro muy feo, que si los vestidos  …

 

El monitor harto de tanto griterío les pidió silencio y comenzó con la explicación de la época, de los trazos, de los personajes, la luz… y así transcurría el tiempo siendo el trasiego de gente constante.

 

Cada chaval hacia un comentario siendo las opiniones más que diversas. La chica que seguía sentada frente al cuadro sonreía al escucharlas.

 

Y otra vez las vigilantes de la sala continuaron con sus rutinas y chascarrillos.

 

-Oye, ¿tú sabes  si esta chica ha venido más veces por aquí? A lo que la otra vigilante le contesta diciendo: No, yo no la he visto más veces, pero Manolo el que está controlando la sala de Goya dice que viene cada jueves y siempre hace lo mismo. Eso sí no siempre se queda mirando el mismo cuadro ya que va pasando por las diferentes estancias  y allí se queda quieta  durante horas y horas.

 

Y en esas estaban cuando de repente  pasados  unos minutos la chica se levanto extendiendo su bastón blanco y con paso titubeante se dirigió a la puerta.

 

Al pasar delante de las vigilantes  les ofreció su mejor sonrisa y con un hablar pausado las dijo: “ Algunas nos tenemos que valer de lo que los demás ven , escuchando lo que dicen”. Esta es mi manera de mirar los cuadros que no puedo ver.

 

 

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