Silueta alberto arija original

Arija Station

Alberto Arija

EL TIEMPO Y SU AGENDA

197648 3768195002126 1584887160 n detail

Hay instantes en los que la vida te muestra quién manda. Navegamos las horas con la tranquilidad de quien ve los campos de trigo por la ventana del tren en pleno viaje y repentinamente el panorama cambia y la verdadera dueña de las cosas se encarga de que tengas claro que el curso del camino, las coordenadas del tránsito, las cláusulas del acuerdo mediante las que funciona tu crédito como viajero son susceptibles de modificación, suspensión o anulación a criterio exclusivo del destino, que no es otra cosa que una manera poética de llamarle a la naturaleza, al devenir de la vida, a la suerte, a la casualidad, como cada cual prefiera. Y uno, que asiste al hecho como mero destinatario de la notificación de cambio, solo puede darse por enterado, tomar nota y en el futuro buscar la manera de entender y, más que eso asumir, que no hay resquicio para la protesta, y que guste o no, nada va a ser lo mismo a partir de ese momento. Son las reglas. Se toman y se vive o se dejan y uno se apea del viaje de la manera más digna.

No sé si he contado alguna vez que de niño paseaba con mi abuelo. Nicasio era un hombre callado, de gesto duro como los castellanos recios que labraron los surcos de la piel en su cara a base de arar los de la tierra de sol a sol, desde que la juventud estrenada se lo permitía hasta que el cuerpo decía basta. Aún recuerdo sus manos grandes y la piel dura y estirada de sus dedos con las huellas dactilares casi borradas por los aperos. Cuando dejó el campo y el pueblo en pleno Camino de Santiago leonés para ir a la ciudad, vivía en casa sin hacer apenas ruido. Todas las mañanas galletas mojadas en agua y por las noches sopa de ajo para la cena. Se sentaba largas horas en un orejero junto al vidrio del balcón para mirar a alguna parte que estaba mucho más lejos que los nidos de cigüeñas que se atisbaban en las espadañas de San Pablo o la Catedral. Y allí pasaba las tardes mientras yo hacía las tareas del colegio sobre la mesa del comedor, apenas a un metro, percibiendo el inconfundible aroma en su ropa del tabaco fumado a escondidas.

 

De niño paseaba con mi abuelo. Nos íbamos a ver trenes. Que este lugar lleve el nombre de ARIJA STATION no es casual. Me ha quedado sin duda cierta inclinación a pasear por las estaciones de tren gracias a las horas sentado con mi abuelo en el último banco de la vía 1, desde donde a lo lejos oía silbar el tren cuando se acercaba por Los Tres Pasos y poco después soportaba el ruido ensordecedor de la máquina al entrar en el andén resoplando y arrojando aquellas bocanadas de vapor que nos envolvían a todos. Después, un último resoplido daba paso al ir y venir de viajeros que descendían o subían a los vagones. Las maletas de cartón duro entraban por las ventanillas y los pasajeros asomaban para despedirse. El Jefe de Estación, con su uniforme azul y su gorra roja a juego con el cinturón, hacía sonar su silbato mientras agitaba un banderín. Entonces, poco a poco, la máquina despertaba de su sueño y se ponía de nuevo en marcha soltando nuevas bocanadas de vapor e inundando el andén de ruido, cada vez más corto, cada vez más rápido, hasta que finalmente alcanzaba el ritmo y se alejaba tirando de los vagones en cuyas ventanillas desaparecían poco a poco las cabezas, ya apenas perceptibles a lo lejos. No quedaba casi nadie junto a las vías. Y nosotros nos levantábamos y caminábamos paralelos a las vías, buscando billetes de tren que la gente tiraba y que a me servían para jugar a “Los Santos”. Hoy casi nadie va a despedir a los viajeros y todo es más frío. El tren no se oye llegar si no fuera porque va precedido de una voz grabada que avisa previamente. Hoy todo es más frío, más impersonal, más mecánico.

 

De niño paseaba con mi abuelo. Hay un banco de piedra en el Paseo de los Canónigos sobre el que alguna vez aún me siento cuando paso por allí. De cara al cuérnago que el río abre como un brazo y que rodea un parque de viejos castaños, junto al puente de piedra que atraviesa el Carrión, divisábamos los grandes juncos y la diminuta presa por la que el agua se deslizaba antes de volver al cauce y seguir el curso rodeando la ciudad. Era el lugar de las grandes historias que mi abuelo contaba ayudándose con su cachava, con cuya punta dibujaba en el suelo apoyando su discurso para explicarlo mejor. Allí me contó la batalla del “Gurugú”, en Melilla, donde recibió una herida en la espalda. O los días en su pueblo, cortando mieses y sembrando. Allí establecimos un pacto sagrado de silencio mediante el cual yo mantendría en silencio que a escondidas fumaba aunque lo tenía absolutamente prohibido.

 

Los días pasaban con la tranquilidad de quien ve los campos de trigo por la ventana del tren en pleno viaje pero un buen día la dirección del viento cambió, la vida se encargó de mostrarse tal y como es e irme aleccionando de cómo se las gasta. Un buen día mi abuelo no estaba para ir de paseo conmigo y mi madre me explicó que estaba enfermo. Desde entonces tuve que acostumbrarme a las visitas esporádicas en los contados momentos en que se le podía ver en su habitación hasta que un día, yo tenía siete años, tuve que conformarme con recordarlo. Desde entonces, cuando miro el banco del Paseo de los Canónigos, o el lugar de la estación desde el que contemplábamos los trenes, me doy cuenta de que estamos en manos del tiempo que, inflexiblemente, tiene su ritmo, su agenda y sus decisiones tomadas.

 

Estos días el tiempo se ha mostrado con su cara real en nuestra casa. Y nos ha dicho que somos parte de ese maravilloso “todo” que se mueve cotidianamente sumido en tantas cosas, tantos proyectos, tantos detalles… Su agenda se ha abierto ante nuestros ojos y nos ha mostrado que solo la búsqueda de las cosas esenciales y que realmente tienen importancia son las que nos harán vivir exprimiendo el jugo a la existencia. Seguramente nada será lo mismo a partir de ahora pero también pienso que eso hará que todos vayamos madurando y se nos ponga una mirada más serena.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: