Una población sana depende de sistemas alimentarios saludables (FAO)

el movimiento Slow Food Gredos-Tiétar quiere expresar su denuncia contra la irracionalidad de cierto desarrollo, la especulación alimentaria y el acaparamiento de tierras y recalcar su solidaridad a las organizaciones agrícola y campesinas que en todo el mundo denuncian la crisis que se vive en el campo

Así mismo este movimiento en un día como hoy quiere  hacer públicas unas reflexiones:

 


1) Ha fracasado el modelo agrícola alimentario globalizado. Fracaso antes que nada de cara a la sobrevivencia de agricultores y ganaderos, pero también en lo referido a su demostrada incapacidad de resolver el problema del hambre en el mundo. La terrible paradoja es que conviven, con las carestías  y las hambrunas, la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, con una perversa dialéctica escasez/opulencia. Por otro lado se trata de un modelo generador de una terrible concentración y monopolización de los alimentos: también en nuestro país cinco grandes empresas controlan la producción y distribución de la comida, esquilmando a productores, agua y tierra. Esto conlleva  a una perdida acelerada de la biodiversidad por un lado (en un siglo hemos perdido más de 300.000 variedades vegetales) y a la estandarización y banalización de la comida y del gusto por otro. Proteger la biodiversidad, detener su deterioro y trabajar para promoverla es un imperativo que los consumidores convertidos en coproductores, deben perseguir sin tregua. ¡Ojala lo entiendan también nuestros políticos!


La Política Agrícola Común, también tiene que cambiar de registro, la comida no es una mercancía cualquiera.


2) Defender la Soberanía Alimentaria. Es decir, el derecho que tienen las comunidades y los pueblos de estar en condición de preservar la capacidad y la libertad de decidir qué cultivar (y criar), cómo transformarlo y de qué alimentarse cada día. Frente a un poder de decisión cada vez más concentrado y centralizado, a las transnacionales de la agroquímica y de la distribución,  es necesario re-localizar una parte de la economía y, sin duda, la producción de alimentos. Es uno de los prerrequisitos de la justicia social y de la democracia: implica que son las personas y las comunidades y no las multinacionales a decidir. Por otra parte, debemos relocalizar nuestra propia forma de vida. Es necesario volver a echar raíces en el lugar, volver a conocer el propio entorno, volver a establecer relaciones sociales reales.


3) La centralidad de los alimentos. La comida es un punto de partida fundamental, simboliza las relaciones entre los seres humanos, la sociedad y la naturaleza. Es un bien esencial para la sobrevivencia, pero al mismo tiempo satisface unas necesidades profundas de identificación y de sociabilidad y, sobre todo, afecta a todo el mundo, sin exclusión. Actuar sobre la comida significa actuar sobre las prácticas cotidianas, y los pequeños cambios en las decisiones individuales, repetidos a diario, pueden dar lugar a grandes cambios colectivos. Los diferentes aspectos de estos procesos específicos de re-localización se concretan en la preferencia de los productos locales, frescos y de bajo impacto ambiental, o en la elección de productos típicos, testimonio de identidad de los lugares. Esto es viable sólo con una producción más limpia, basada en la supervivencia de explotaciones agrarias y ganaderas pequeñas y medianas, la distribución en circuitos cortos, los productos de temporada y la dignificación de la vida en el campo.


4) Es indispensable crear alianzas. Para un modelo agro-ganadero sostenible, controlado por los propios productores y apegado al territorio, es necesario e indispensable ser todos “co-productores”. La crisis nos urge aún más crear dinámicas y alianzas virtuosas entre productores, pequeños empresarios del turismo rural, restauradores, escuelas y universidades, familias, asociaciones de consumidores, veterinarios, ingenieros agrícolas, asociaciones de vecinos/as, AMPA y, ¡ojala lo entiendan! con las instituciones designadas al desarrollo local y a la promoción de productos de alta calidad y tipicidad. En nuestros pueblos y nuestros valles hace falta cooperación. No se trata sólo de un marketing más inteligente, hablamos de la necesidad de nuevas complicidades de un nuevo “calor comunitario”, una renovada autoestima compartida, de un sano orgullo de pertenencia. ¿Hay algo mejor que unos buenos fogones y compartir mesa para consolidarlo? El alimento Bueno, Limpio y Justo nos puede unir.


5) Último, pero no menos importante el Placer. El derecho a la  vida buena, a la sabiduría, a la cultura. La comida es cultura, identidad y riqueza. No puede existir placer en consumir de forma distraída algo desprovisto de identidad y calidad. El placer en la comida, como en los demás placeres, está también en el tiempo que a ella dedicamos. En una receta preparada con cura; en la convivialidad; en saborearla lentamente. En compartir mesa. Si se come mejor se vive mejor. Un alimento verdadero lo es en todos los sentidos: gusto, olfato, vista, tacto y oído.
Con nuestras prácticas concretas  (educación; restaurantes Km0; “baluartes” para alimentos de alta calidad en riesgo de desaparición; mercados de la tierra; campañas a favor de los productos locales, de una nueva PAC, etc.), desde  Slow Food Gredos-Tiétar estamos intentando responder a estas cuestiones acuciantes, apoyando de forma incluyente todos los esfuerzos y ensayos colectivos volcados a crear las condiciones para un nuevo y más sensato desarrollo local.


Situamos inequívocamente a la humanidad y no a los mercados al centro de nuestras políticas. Nuestro accionar es pues también de carácter “político”. De una genuina forma de la “política”, que trabaja para reconstruir el bien común y de la que estamos orgullosos; que no queremos se confunda con el triste espectáculo “partidista” que padecemos.