Una doble mirada a latinoámerica desde la Universidad de Salamanca

En unas jornadas multidisciplinares que unen literatura y ciencia política en la Universidad de Salamanca se analiza la realidad reciente de América Latina cuestionándose algunas de las imágenes fuertemente arraigadas

 
LA HISTORIA
 
 
La historia reciente de América Latina esta cargada de simbolismo y grandes mitos desde una visión europea que perciben las diversas realidades nacionales como un todo común. Esta íntimamente vinculada a escritores con una gran carga social y preocupación por dejar constancia de lo que sucedía de manera efervescente a su alrededor, la historia se mezcla en la literatura, en muchas ocasiones suplantándola, de una manera borgiana en medio de una librería circular.
 

Una lectura de la profesora María José Bruña Bragado sobre un relato de Piñeira en “Cuentos fríos” complementa a la perfección la enumeración de fechas, cifras y nombres de la Revolución Cubana mostrando como un pueblo revolucionario terminaba traicionando sus principios y acostumbrándose al horror y literalmente la sociedad se devoraba así misma. Un humor frío y acerado. Recitan dos poemas de Benedetti sobre el Ché bien distintos.

 

El primero es emotivo y cercano a la fecha de su muerte con un tono lírico que recuerda que su memoria pasará a ser la tierra y sus ojos, lágrimas en la lluvia. El segundo muestra la ironía de transformar una figura revolucionaria en un bien de consumo, estampa de camisetas y chapas. La forma de resistencia guerrillera frente a poderes opresores era seguida con interés por intelectuales europeos del Mayo del 68. Era su época dorada.

Un recorrido veloz con paradas en grandes hitos de las últimas cinco decadas: la revolución cubana, las dictaduras militares de los años 70 como la de Perón en Argentina, Fujimori en perú o Pinochet en Chile, el socialismo de Allende o el consenso de Washington.  Es importante evitar lugares comunes como "estados fallidos", falta de democracia y necesitados de la tutela fuerte de EEUU y la vieja Europa.

 

Es culpa de leer a García Márquez, a Mario Vargas Llosa, a Jorge Edwards (diplomático de oficio) o a Julio Cortázar. Conocemos al excéntrico dictador Trujillo de la República dominicana a partir de la novela “La Fiesta del Chivo” de Vargas Llosa, sentimos la ausencia en el poema de Nicanor Parra por la muerte del Ché o la tensión e Cortázar escribiendo un trepidante relato sobre la invasión de Bahía Cochinos.

 

Mezclamos la sobriedad y precisión casi de reportaje en Márquez con  “Noticias de un Secuestro” sobre los últimos meses del todopoderoso narco Pablo Escobar con la desbordante imaginación en “Cien Años de Soledad” que nos presenta los mitos populares de la santería en como Remedios la Bella asciende a los cielos entre mariposas amarillas volviéndose inmortal o como el coronel Arcadio Aureliano encuentra un galeón español varado en lo más recóndito de la selva amázonica. Imágenes de la literatura que complementan la Historia oficial con pequeñas historias negando cualquier perspectiva única.

 

El aula era pequeña y el sol de la mañana la inundaba cálidamente mientras el profesor Manuel Alcántara Sáez explicaba como es erróneo concebir este continente como un todo debido a que no funciona bien el  mito europeo de la unidad nacional bajo una misma cultura, lengua y tradición. A la par que no hay un centralismo estatal al estilo francés para entender una administración fuerte y en muchas ocasiones el estado no tiene el monopolio de la violencia. Realidades diversas que adoptan otras fórmulas de gobierno. Es difícil imaginarse “La Soledad de América Latina” que trazaba Márquez en su discurso por el Nobel ya que no se podría hablar en singular sino de “soledades”.

 

Las fronteras son casi invisibles y prendidas por débiles hilos, aparecen en cada aduana cuando la policía exige sobornos para el paso de mercancías , ciudadanos de otra nación son tratados con desprecio por sus vecinos o guerras que comienzan por el deporte rey, el fútbol.

 

Si tomamos como referencia el año 76 comprobamos que la gran mayoría de gobiernos en América del Sur eran dictaduras militares a excepción de Venezuela. Otro gran hito del socialismo es el ascenso al poder de Salvador Allende por cauces democráticos y reformistas, tomando distancia de Cuba. La llamada tercera vía.

 

Durante el año 70 las elecciones en Chile tienen un amplio consenso entre sensibilidades políticas bien diversas: el partido comunista, el socialista, sindicatos o el partido democristiano.

 

En esta diversidad se da la paradoja de que el Congreso fuera gobernado por las fuerzas democristianas que “torpeadeaban” activamente las reformas del gobierno en sanidad y educación. Y todos conocemos bien como termina esta historia agridulce. Con Salvador Allende negándose a ceder frente al poder militar. A posteriori es fácil juzgar de error su decisión de calmar los ánimos nombrando a Pinochet miembro de su gabinete.

 

A la extraña fotografía presidente electo llevando una ametralladora en una mano y una granada en la otra en la puerta del Palacio de la Moneda, rodeado de los pocos militares que aún eran fieles. Fuera queda el ruido , las explosiones de las bombas lanzadas por la aviación. Y en este escenario el escritor Roberto Bolaño  recuerda en el último discurso de Salvador Allende  las palabras más bellas que jamás había escuchado de alguien que sabia que no tenía salvación.

 

Con un tono de voz que parecía entre ebrio y lejano de alguien que no tiene elección para mostrarse como un héroe caído, o que no falla justo en el momento que no puede fallar. Un acto heroíco es un acto póstumo en vida:Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.  Bellas palabras que no fueron escuchadas por una represión cruenta con más de 3.000 muertos, miles de desaparecidos y una dictadura férrea de más de 15 años. La mejor ficción siempre completa a la realidad mostrando que hay pequeñas líneas que las separan.