Un respeto, por favor

Por Julio Collado 

Acabo de asistir a un lamentable espectáculo: Musical La Patrulla (canina). Vengo con la cabeza y los oídos atronados. El lugar, el feo y descuidado Pabellón de San Antonio. El tiempo, una hora y media larguísima, llena de ruido y de luces cegadoras. Los espectadores, sufridas mamás, aburridos papás y niñas y niños pequeños despistados por los gritos inaudibles del presentador y de los ¿actores? disfrazados de perritos. Como les era imposible acompañar cantando, los niños se mostraron sumisos a los requerimientos de los que actuaban y aplaudían de vez en cuando. Lo que aprenden en la tele de sus mayores.

 

En este ambiente ruidoso, las palabras quedaron convertidas en gritos que golpeaban sin piedad los oídos. ¿Cómo extrañarse de ese hablar tan alto de los españoles? Y por encima de las palabras gritadas, los ruidos de la música monótona y machacona. ¿Esta es la educación musical que damos a nuestros retoños?

 

En fin, un espectáculo basura que muestra el poco respeto que se tiene con esos “locos bajitos”, que son pequeños en estatura pero no en inteligencia. ¿A qué viene ese modo tonto de hablarles con un tono y unas maneras antinaturales? Llama la atención la extraordinaria preocupación por dar a nuestros infantes una dieta equilibrada y sana mientras descuidamos la “comida” intelectual que absorben diariamente en la tele y en espectáculos como éste. Un espectáculo promocionado a las puertas de los colegios en el que se lapida toda educación estética, lingüística y musical.

 

Cuando esto lo sufren a diario nuestros niños, víctimas del consumo promocionado por puro lucro capitalista, algo fundamental se está quebrando en nuestra sociedad: el respeto a una niñez que tiene derecho a una educación en el amor a la belleza y no tiranizada por las modas creadas interesadamente por otros. Y no conviene olvidar que los niños de hoy son ya ciudadanos del mañana y que lo que se aprende de niño servirá mal o bien para toda la vida.