Un oso de peluche fue a la Segunda Guerra Mundial... y se hace viral

"Estuvimos casados 50 años pero ahora, tristemente, sólo tengo al osito", concluye en pocas líneas la autora de una carta por la que se conoce que un oso de peluche viajó en un avisón mosquito durante la guerra como amuleto de uno de los combatienes.

Durante la Segunda Guerra Mundial fueron muchos los combatientes que llevaban consigo pequeños amuletos.

 

Desconocidos para el resto de las personas, uno de ellos ha saltado a la 'fama' esta semana después de que su dueña, Jean Mellows, escribiera una carta al diario británico The Telegraph en la que hablaba de un peluche que había ido a la II Guerra Mundial con su marido y despertara las emociones de muchos a través de las redes sociales.

 

En su misiva, esta señora de cerca de 90 años comenta que le había resultado interesante un artículo publicado días antes en el mismo periódico sobre un osito de peluche que acompañó a un piloto durante la Batalla de Gran Bretaña, y cuenta que ella también tiene uno que le había dado a su prometido "para que lo llevara consigo en sus operaciones sobre Alemania durante la Segunda Guerra Mundial". "Estuvimos casados 50 años pero ahora, tristemente, sólo tengo al osito", concluye en pocas líneas. 

 

La carta ha despertado la curiosidad de cientos de lectores, y ha hecho que el diario contacte con ella para que les cuente su historia y la del osito de peluche. Jean Mellows les ha explicado que es viuda de un antiguo piloto de la Segunda Guerra Mundial que fue condecorado, junto a su osito de peluche, con la Cruz de Vuelo Distinguido (DFC, por sus siglas en inglés).

 

UNA HISTORIA DE AMOR, UN OSITO, Y LA II GUERRA MUNDIAL

 

Según explica, fue en 1944 cuando Jean, que ejercía como enfermera, dio a su novio, Paul Mellows, su osito de peluche como amuleto de la suerte. Paul y el osito --que nunca ha tenido nombre-- sobrevivieron a un buen número de infortunios, incluyendo una ocasión en la que la cola del avión recibió un impacto mientras sobrevolaba la ciudad alemana de Stuttgart. Fue su hábil pilotaje para volver a la base lo que le valió la DFC, galardón que también cuelga, en miniatura, sobre el pecho del osito.

 

Pero la historia de la pareja comienza antes, en la Navidad de 1943, cuando Jean tenía 18 años y Paul contaba 21. La joven protagonista de esta historia cuenta que cuando él se acercó a ella comenzó a temblar, y que prácticamente no dejó de hacerlo durante los más de 50 años que estuvieron juntos.

 

"Le adoraba", rememora al diario. Paul tuvo que volver a la base tiempo después, y comenzó la correspondencia entre estos dos enamorados en un tiempo difícil. Él era piloto de aviones mosquito, un tipo de nave que volaba de noche con dos hombres sobre los cielos de Alemania. Precisamente el vuelo nocturno hacía que no se pudiera pilotar cuando había luna llena, lo que llevó consigo bastantes descansos en los que la pareja podía verse. Fue en el verano de 1944 cuando se dieron su primer beso.

 

"Éramos muy inocentes, no nos entregamos el uno al otro hasta que nos casamos", recuerda, señalando que sabían que cada día libre de Paul podría ser el último. "Era la disciplina que muchos de nosotros teníamos en ese momento", apostilla. La pareja se casó en 1946, cuando Paul dejó el servicio militar de la división aérea del ejército británico.

 

De aquellos días Jean ha guardado todo: las medallas, la ropa, las botas y, por supuesto, su osito de peluche, testigo excepcional de esta bonita historia de amor que, pese a la muerte hace 18 años del marido, aún continúa y ha sido conocida gracias a una carta en un periódico, y a toda la gente que quiso saber más después de leerla.