Un estudio del Lago de Sanabria desvela la evolución del clima en los últimos 26.000 años

Una publicación en la revista científica ‘Quaternary Science Reviews’ revela la influencia del Atlántico Norte en el clima del Noroeste de la península ibérica gracias a los datos obtenidos en Sanabria, así como la historia del emblemático lago.

Un estudio de los sedimentos del Lago de Sanabria ha servido para analizar la evolución del clima del Noroeste de la península ibérica en los últimos 26.000 años. Los resultados se han publicado recientemente en la revista científica Quaternary Science Reviews y demuestran que las fases climáticas de esta zona están muy relacionadas con las observadas en el Atlántico Norte gracias a los sondeos de hielo de Groenlandia y con otras secuencias marinas y terrestres del Oeste de Europa.

 

La investigación indica que hace unos 26.000 años ya se había desarrollado un lago proglacial en la cubeta de Sanabria, lo cual demuestra que el comienzo de la deglaciación en las montañas sanabresas ocurrió antes de la época que los científicos conocen como Último Máximo Glacial, cuando los casquetes de hielo continentales alcanzaron su máxima extensión, hace unos 20.000 años. Esto concuerda con los datos de otros glaciares alpinos en las montañas del Sur de Europa, según han explicado los investigadores a DiCYT. Además, hace unos 13.000 años los glaciares ya se habían retirado de la cuenca del río Tera, a la que pertenece el lago, y hace unos 11.200 se habían retirado ya de las zonas altas de la montaña y dejó de existir la influencia glaciar en el lago de Sanabria.

 

El estudio de los sedimentos ha permitido identificar 12 capas de lodos durante el Holoceno (la época geológica actual, que comenzó hace 11.700 años), asociadas a grandes inundaciones del río Tera y que se corresponden con eventos fríos y húmedos del Atlántico, lo cual evidencia el control que ejerce el océano sobre el clima del Noroeste ibérico. La naturaleza geoquímica de estas capas se distingue perfectamente de la capa de arenas y limos depositada en toda la cuenca en 1959 como consecuencia de la rotura de la presa de Vega de Tera.

 

Esta información es muy valiosa para los científicos ya que “existe un gran interés por comprender las respuestas regionales y globales a los cambios climáticos abruptos y rápidos que afectaron a todo el Atlántico Norte”, apunta Marga Jambrina, investigadora zamorana de la Universidad de Salamanca y primera firmante del artículo científico.

 

Una cuestión esencial para comprender los mecanismos de los cambios climáticos como el que sufre el planeta en la actualidad es saber si la respuesta en el medio marino, en las regiones polares y en los continentes se produce a la vez o no. Por ejemplo, “el Holoceno es un periodo de pequeños cambios de temperatura a escala global, pero en latitudes medias los cambios en las precipitaciones han sido muy significativos”. Con esta investigación, los científicos intentan profundizar más en este tema.

 

Los sondeos de hielo de Groenlandia son utilizados como referencia para estos estudios paleoclimáticos. “Es importante su comparación para poder establecer de qué manera los cambios climáticos abruptos reflejados en los sondeos de hielo afectaron a los ambientes continentales e incluso marinos, y esclarecer diversas hipótesis sobre la sincronicidad del cambio climático entre las zonas polares, las latitudes medias y las tropicales y cómo se transmiten los cambios climáticos generados en una región a otra ”, explican los investigadores.

 

El trabajo forma parte de dos macroproyectos denominados CALIBRE y CONSOLIDER-CRACCIE, coordinados por el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC en Zaragoza, con la participación de las universidades de Salamanca, Vigo y Lisboa y el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo (CSIC). En la investigación se incluyen otros seis lagos de la península ibérica.

 

 

UN SENSOR NATURAL

 

Los lagos son “un sensor natural” de la variabilidad climática y los cambios medioambientales, que quedan grabados en sus sedimentos, de manera que estudiándolos se pueden hacer reconstrucciones sobre el ambiente, el clima, la hidrología o los usos del suelo del pasado. “El estudio de las condiciones ambientales en el pasado nos permite comprender y conocer los efectos del cambio climático actual y los producidos por la actividad humana”, comentan.

 

Para extraer los sedimentos del fondo del lago, los investigadores contaron con la ayuda a de una plataforma flotante llegada de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, que les permitió perforar a grandes profundidades. En el caso del Lago de Sanabria, las zonas más profundas se encuentran a 50 metros de la superficie.

 

Los sedimentos que consiguieron se depositaron en el fondo del lago desde hace 26.000 años hasta la actualidad y en ellos se han podido estudiar numerosos indicadores, que incluyen las propiedades físicas y geoquímicas, así como algunos parámetros biológicos, como las diatomeas. Estas algas unicelulares han sido analizadas por Manel Leira, coautor de la publicación, quien explica que los cambios en las especies de diatomeas durante el Holoceno han estado muy vinculados a las variaciones del río Tera. De hecho, la presencia de Tabellaria flocculosa var. linearis en las aguas actuales del lago no es un hecho aislado, puesto que ha sido constatada su presencia (con un 90% de abundancia) en el registro fósil, por ejemplo hace unos 3.500 años.