Un día de 'Perlas'

 Gloria, un bocado delicioso para el público, arranca la primera ovación hasta ahora de esta 61ª edición del Festival. De Caníbal, con Martín Cuenca, el personaje prinicipal, encarnado por Antonio de la Torre, da qué hablar...

DONOSTIA ZINEMALDIA: Día 3...

 

Hoy a San Sebastián le ha ido de Perlas. Precisamente porque esta sección ha sido la protagonista con el primer pase de Gloria. Nada más aparecer los créditos se ha producido una gran ovación por parte del público que ha abarrotado el amplio Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Y no es para menos. Todos hemos disfrutado con la espléndida actuación de Paulina García, Premio Oso de Plata a la mejor interpretación femenina en la última edición de la Berlinale, que interpreta un interesante papel de mujer divorciada de regreso a una segunda juventud. En un baile con gente de su edad conoce a un hombre recientemente divorciado, con quien comienza una relación.

 

Y llega el choque entre quien ha conseguido madurar y superar el pasado y la ruptura, y de quien vive apegado al fracaso familiar y a un exceso de humildad. La atmósfera musical encierra momentos dramáticos, de tensión, así como situaciones cómicas y el reto de filmar lo carnal de unos cuerpos con mucha historia a sus espaldas. El fracaso del amor, la dificultad por encontrar estabilidad emocional y calma espiritual explotan irremediablemente en la escena final, un magistral punto y final que recuerda a Denis Lavant en Beau Travail, esa inteligente obra de Claire Denis. Gloria encierra muchos matices que indagan en la tragicomedia de la propia vida, la capacidad de superación por no quedar más remedio que tirar hacia delante, reírse de la vida y mirarla cara a cara.

 

En la sección oficial no ha habido grandes sorpresas. O quizás sí, por la esperada película de Martín Cuenca Caníbal, con Antonio de la Torre a la cabeza del reparto. Por otro lado estaba Mon âme par oi guérie, que lejos de centrarse en la temática de los curanderos y su más que dudosa eficacia, a Dupeyron le sirve de hilo conductor para mostrarnos las intrincadas vidas de algunas familias que viven en caravanas a las afueras de la ciudad.

 

Frédi sufre un accidente de moto en el que casi mata a un niño. Esto le obliga a usar el poder que heredó de su madre para ayudar a la gente. Alguna reflexión sobre su propia vida (sufre ataques epilépticos, gracias a los cuales percibe un vacío, un caer sin nada donde agarrarse… “Y eso es mi vida, un agujero negro”) es lo único interesante es una historia sin interés, poco expresiva, donde la actriz Céline Sallette (L’apollonide, Un été brûlant, De rouille et d’os) queda desaprovechada. Además, la excesiva utilización de la fotografía a contraluz y los molestos reflejos solares sobre la cámara descontextualizan el uso más espiritual de la luz que aquí no tiene cabida.

 

Mucha expectación había en Caníbal. Y se huele en el aire cierta decepción. Su ritmo lento y silencioso molestará a más de uno. Sin embargo Martín Cuenca ha creado un personaje que ya apunta maneras desde el inteligente comienzo. Todo el film mantiene el rigor y la impermeabilidad tanto en el asesino como en el aspecto formal (largos planos, panorámicas, atmósferas plácidas pero cargadas de desasosiego por el qué vendrá. Y lo que vendrá se mantiene pulcro y ordenado (como la personalidad y el día a día del sastre caníbal) pese a lo que casi vemos y sobre todo intuimos. Este tipo de tempo mantiene la expectación en, por ejemplo, ver cómo se comerá el filete de carne humana.

 

Hay un par de situaciones cuyas frases ambiguas despiertan la carcajada, pero que quizás desentonan, casi quizás por falta de mayor humor negro que parecemos estar deseando. La sensación final es de haber visto una buena película, y que sin embargo deja un agrio sabor de boca como si pudiera haber dado algo más de sí aunque, eso sí, el relato sabe mantenerse fiel a su estilo de principio a fin creando una historia inquietante que merece la pena ver.