Un alumno de la UCAV, en el proyecto de voluntariado de Calcuta UC

Carlos Viscasillas junto a otros compañeros del voluntariado

El alumno online Carlos Viscasillas de la Universidad Católica de Ávila (UCAV) ha realizado actividades de voluntariado en Calcuta UC, un proyecto solidario inspirado en la obra de la Madre Teresa de Calcuta.

En este proyectdo los voluntarios acompañan en el dolor a personas que se encuentran viviendo una situación de abandono o extrema necesidad en hospitales, psiquiátricos, cárceles y hogares de ancianos y de niños. Iniciativa que ha podido realizar gracias a su un intercambio internacional de la Beca Santander Iberoamérica en la Pontificia Universidad Católica de Chile donde ha continuado sus estudios del Grado en Ingeniería Mecánica.

 

Crónica de un alumno. Por Carlos Viscasillas, Grado en Ingeniería Mecánica

 

“Al comenzar el semestre llegué a Chile becado en el Centro de Astro-Ingeniería (AIUC) y procedente de Lituania, donde resido y trabajo habitualmente. Fue un gran cambio, pues pasé del frío invierno del hemisferio norte al caluroso verano del hemisferio sur. Llegué muy ilusionado y motivado, con ganas de hacer muchas cosas interesantes y aprovechar bien el tiempo. Se abría ante mí un amplio abanico de posibilidades que no podía desaprovechar. Acudí al acto de bienvenida para alumnos de intercambio en Casa Central directamente del aeropuerto –aterricé a las 9 am y la reunión era a las 10 am-, tras tres días de largo viaje y casi sin dormir. Buen ambiente en la llegada y muy buena organización.

 

En este evento escuché hablar por primera vez de Belén, Betania y Calcuta, que acertadamente nos presentaron a todos los extranjeros, y desde el primer momento ya se despertó en mí la inquietud por colaborar y aportar mi pequeño granito de arena, en la medida de mis posibilidades. De grano de arena en grano de arena se hacen montañas, así que estaba dispuesto a participar. Para los que no lo conocen, Calcuta UC es un proyecto solidario inspirado en la obra de la Madre Teresa de Calcuta, en el que los voluntarios acompañan en el dolor a personas que se encuentran viviendo una situación de abandono o extrema necesidad en hospitales, psiquiátricos, cárceles y hogares de ancianos y de niños.

 

Agradecido por la beca, y por la gran oportunidad de estar aquí, pienso que no todo en la vida es recibir, y algunas veces también es bueno dedicar tu tiempo a ayudar a los demás. Aunque sí que tenía algunas experiencias anteriores como voluntario, y en varios países, nunca había sido voluntario en un hospital. Mi intención inicial era colaborar en cárceles, e incluso el día de la bienvenida a los voluntarios me inscribí con ellos, pero finalmente, y como Mariel (Guía de institución Posta) dice con gracia, fui un, y acabé en Hospitales.

 

Dentro de hospitales había varias posibilidades. Al escuchar hablar de un hospital con pocos voluntarios y un poco más “duro”, rápidamente me decidí, pues por mi carácter y forma de ser, siempre me presento voluntario para las tareas más difíciles. La simpatía de Mariel y la cercanía de la Posta Central a mi casa también me ayudaron a tomar la decisión. Confieso que al principio fue un poco duro, pues nunca había hecho este trabajo, y la mayoría de los voluntarios proceden del área de la salud, pero el ambiente alegre y positivo del resto de voluntarios hizo que los nuevos nos adaptásemos muy rápido.

 

La Posta Central es un Hospital Público de Urgencias y Emergencias de adultos, pertenecientes a la Red SSMC (Servicio de Salud Metropolitano Central), Centro de Referencia Nacional del Gran Quemado y de pacientes Politraumatizados. Nuestra labor consistía en acompañar a los adultos hospitalizados de diferentes servicios que enfrentan su proceso de recuperación, brindándoles cariño, una conversación amable y una escucha activa para romper con la monotonía de su condición. Estos enfermos muchas veces carecen de familiares o amigos que les vayan a visitar. Todo estaba muy bien organizado por la coordinadora de hospitales y los guías de institución, y cada voluntario aportaba sus ideas para cada visita.

 

Hay varios días que recuerdo con especial cariño. Por supuesto, el día de nuestra bienvenida y el día de la “investidura de pecheras”, que nos confirmaba como voluntarios, pasado el ecuador del semestre. Pero de la jornada que guardo un mejor recuerdo es del día que vimos todos juntos el partido del mundial Chile-Australia en el hospital con los enfermos. Llegamos como una oleada portando banderas, estandartes, gorros, trompetas, etc… cantando consignas como: “¡chi chi chi, le le le, viva Chile!”…trajimos hasta una televisión y transformamos la planta del hospital en lo más parecido a un estadio de fútbol! A nosotros se unieron técnicos, enfermeras y médicos, y los enfermos se olvidaron durante unas horas de que estaban en un hospital. Fue un día mágico, y ver las caras de los enfermos emocionados con el partido realmente mereció la pena.

 

Ese día también nos acompañó mi amiga polaca Agata Sękowska, estudiante de la Universidad de Cracovia, la de Juan Pablo II, y de intercambio en la UC. He de decir que en Calcuta he conocido a personas alegres y maravillosas, que entregan lo mejor de sí mismos sin esperar nada a cambio; personas a las que precisamente no les sobra el tiempo, y el poco tiempo libre que tienen lo entregan generosamente a los demás. Vaya para ellos mi sincera admiración y agradecimiento por tan importante labor, que muchas veces realizan de forma callada, anónima y silenciosa. Con algunos incluso compartí buenos momentos fuera del hospital y nos hemos hecho muy buenos amigos, como Cecile Furstenberg, estudiante de doctorado francesa.

 

Todas las semanas le contaba a mis compañeros más cercanos mi experiencia en Calcuta, y muchos de ellos me escuchaban con atención, e incluso mi tutor me sugirió hacer una presentación sobre Calcuta en el AIUC. Aunque finalmente no pude, la coordinadora de hospitales y mi guía de institución visitaron el AIUC el último día. Tras un semestre de trabajo intenso en Chile, y con la satisfacción del deber cumplido, emprendo mi regreso a España, con todos mis objetivos cumplidos. Agotado, pero feliz por volver a ver a mi familia y amigos, y con la sensación de merecer un pequeño descanso estival, me sorprendo porque mi padre no me está esperando en la estación, como hace siempre. Me entero de que mi padre está hospitalizado. Paradojas que tiene la vida. Como si de una preparación se hubiese tratado, pues nunca había realizado esta labor, esta vez el enfermo me toca de cerca, y en lugar de ir a la Posta, ahora me toca cuidar a mi propio padre, persona fuerte y bondadosa pero de avanzada edad.

 

Mientras escribo éstas líneas, lo tengo a mi lado y lo acompaño en su recuperación. Como reza la oración de Teresa de Calcuta: es deber de todo hijo cuidar a sus padres al igual que ellos nos cuidaron a nosotros cuando éramos pequeños. Mis padres me vestían, me bañaban, me llevaban al colegio, me daban la comida… y es nuestra obligación como hijos el corresponderles. Me acuerdo del, y del cuidado de los enfermos en las. Como conclusión, uno tiene la impresión de que las mejores y más bonitas cosas que se pueden hacer en la vida no hay dinero de por medio. Gracias a todos los voluntarios por vuestro buen ejemplo, y gracias especiales a Camila Ferrada, Coordinadora de Hospitales y a Mariel Asenjo, guía de institución! ”