Un 40% de los afectados por un traumatismo craneoencefálico grave acaba falleciendo

Los traumatismos craneoencefálicos graves presentan una mortalidad de hasta el 40 por ciento y, entre los que sobreviven, las secuelas van desde quedarse en estado vegetativo a, en los mejores casos, secuelas seguras que pueden ser cognitivas y físicas.

Desde este domingo, el heptacampeón de Fórmula 1 Michael Schumacher se encuentra ingresado debido al traumatismo craneal y un edema cerebral difuso causado por un grave impacto "a elevada velocidad" sufrido en el lado derecho de su cuerpo tras una caída mientras esquiaba.

En este caso, como ante cualquier otro traumatismo moderado o grave, el coma inducido mediante sedación es un protocolo normal para conseguir reducir la presión intracraneal, explica el doctor Jesús Porta, jefe de la Unidad Integral de Neurología de la Clínica La Luz (Madrid), quien admite que las próximas horas serán vitales para ir conociendo cómo ha podido afectar el golpe, así como para poder hablar de futuras secuelas ya que, recuerda, "en medicina haciendo bien las cosas los milagros existen".

No obstante, para arrojar algo de luz sobre los traumatismo craneoencefálicos hay que tener en cuenta que son más comunes de lo que se piensa, en España se producen entre 80.000 y 100.000 casos provocados por una caída o un accidente laboral o de tráfico, aunque no todos son graves, de hecho se estima que la mayoría son leves (aproximadamente el 80%).

"La gravedad dependerá en la fase aguda de dos aspectos, el más importante que es la intensidad del traumatismo y de la complicaciones asociadas que puede tener", si se dan estos dos condicionantes a la hora de atender a estos pacientes es "clave" un rápido traslado hasta un lugar donde el paciente pueda ser tratado.

En los casos más leves, recuerda que no se suele necesitar ningún tratamiento por tanto al paciente se le suele mandar a casa aunque con vigilancia de la familia --cada dos horas se aconseja despertar al paciente--, ya que en el peor de los casos se puede romper una arteria que provoca un sangrado que provoca un hematoma que comprime el cerebro que causa la perdida de conciencia y, de no ser atendido, la muerte.

En los casos moderados y graves, "que parece ser que es lo que ha sucedido a Schumacher", la observación suele ser entre 48 y 72 horas; en estos casos, el problema es que en las personas jóvenes se suele inflamar el cerebro, esto puede acarrear un daños axonal difuso, y una isquemia o edema cerebral. Para ello, se hace una craneotomía descompresiva que sirve para "el cerebro pueda salir y no mate al paciente".

El pronóstico depende de la gravedad y la rapidez con la se actua, una vez pasada la fase aguda este médico señala que son los jóvenes los que mejores perceptivas tienen por la "plasticidad neuronal", en cuanto al tiempo de recuperación destaca los dos años como media para mejorar los déficits neurológicos.

Las secuelas dependerán de dónde se ha producido la lesión, siendo los temporales, "donde el hueso es más fino", señala, los que peor pronóstico tienen. No obstante, en general las alteraciones cognitivas más relevantes son problemas de control de la conducta, dificultades de abstracción y resolución de problemas, trastornos de aprendizaje y memoria, así como alteraciones en el ámbito de la personalidad y el ajuste emocional. Las alteraciones físicas comprenden alteraciones motoras en la movilidad y el lenguaje) y sensoriales, es decir puede afectar a la visión, la audición, el tacto y el gusto.

"Cuando es generalizado se produce un deterioro cognitivo", destaca, no obstante admite que, además está la posibilidad de que fallezca, o de que se quede en estado vegetativo persistente, es decir que "abren los ojos, tiene su ritmo sueño-vigilia pero no interaccionan con el entorno".