Última oportunidad de Pedro Sánchez

Por Jesús Salamanca Alonso

La inutilidad mostrada por Pablo Manuel, Pedro Sánchez y Alberto Rivera es de órdago a la grande.


Ahora son ellos, Sánchez y Rivera, quienes deben saber qué hacer y cómo sumar los votos necesarios para intentar formar Gobierno. Otra cuestión bien distinta es gobernar. Están ‘acongojados’ por las presiones que están sufriendo ambos. Pedro Sánchez  sabe que es su  última oportunidad y que -- sea o no presidente del Gobierno-- no va a volver a salir como secretario general del PSOE y, posiblemente, tampoco como líder a la presidencia del Gobierno español. Alberto Rivera también empieza a ver cómo aparecen en su partido raros personajes atraídos por la corrupción, la vida licenciosa o simplemente como borrachos que se mofan de la autoridad municipal (léase el concejal del Ayuntamiento de Valladolid, recientemente expulsado del partido).


De todos es sabido que el Partido Popular ofreció sincero diálogo a casi todas las formaciones constitucionalistas, incluida la del ‘viruelas’, a pesar de su “No es ‘no’ en todas circunstancias”, pero rehusaron el ofrecimiento. Unas veces lo hizo por los medios propios y apropiados y, otras, por medio del IBEX35. Incluso desde las cancillerías europeas se está aconsejando la gran coalición donde el PSOE debe abstenerse. De no ser así, se cerrarán grifos económicos y puertas políticas: Europa no quiere más socialismo en una España donde los deberes por hacer estarán basados en los recortes sensatos y no en la búsqueda de cajones donde esconder miles de facturas que fracturen el déficit. Y mucho menos desea experiencias proterroristas y populistas que arruinen los logros alcanzados en estos dos últimos años. ¡Europa no puede permitirse más socialismo y mucho menos representado por un cazurro, cuya ‘costilla’ alardea de lo que no es y de lo que nunca podrá ser su media y mellada naranja!


Lo curioso es que la asociación de perdedores pide ahora el mismo diálogo, en aras de un falso patriotismo y de la obligada lealtad a la que dicen que debe someterse el Partido Popular. Sea como fuere, Sánchez no ha sabido asimilar el mandato de Felipe VI –para muchos ciudadanos, como el que escribe, ni siquiera el rey ha sabido estar a la altura, mostrando una tremenda desorientación y un mal hacer que hasta su padre ha acabado por reprocharle-- y solo ha buscado su propio protagonismo, a la vez que ha multiplicado su  deteriorada imagen en todos los medios de comunicación. Su intención es ser presidente como sea: le da igual gobernar con podemos, con Ciudadanos o con el grupo terrorista Dàesh.  ¡El caso es ser presidente porque sabe que, si no lo logra, el PSOE colgará su cabeza en el próximo congreso general socialista! ¡Las espadas están en todo lo alto y a punto de descolgarse!
El Partido Socialista va a ser considerado como el culpable de la nefasta situación nacional, como lo fue por dejar el país hecho un desastre y un completo destrozo en 2011. La presidenta andaluza está obligada a saltar la barrera y poner orden. Al paso que va el PSOE, acabará por no caber ni un tonto más en esa formación. Será culpable por acción y por omisión. Ya decía Columela que "Reprender al que yerra no basta si no se le enseña el camino recto". El tiempo será testigo de cómo los líderes más jóvenes son muy malos alumnos y alumnas; son hijos de la LOGSE y, por tanto, mediocres en decisiones, proyectos y perspectivas. Doy fe.


El PSOE no escuchó la urgente necesidad de la necesaria unidad nacional y…. ¿Ahora es necesaria? ¿Es imprescindible? ¿Es más unidad nacional que entonces? La ciudadanía no es torpe y no puede olvidar el daño que ha hecho el líder socialista a España, a la imagen nacional en el exterior y a su propio partido. Pedro Sánchez no puede exigir que los demás jueguen con las cartas boca arriba porque no tiene los triunfos en la mano. Tan solo es dueño de sus viruelas y poco más. Ni siquiera lo es de su partido político, donde han surgido guadañas por doquier para 'segarle' cual cristiano en territorio del grupo terrorista, Dàesh.


Ninguno de nuestros  maltrechos líderes políticos ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Ni siquiera aunque ahora se pongan de acuerdo por vergüenza y por el qué dirán. El tiempo los ha ridiculizado y los ha arrastrado como trapos empuja el viento. Ya se sabe que ser original es un mérito, mientras que quererlo ser es un defecto.


La inutilidad mostrada por Pablo Manuel, Sánchez y Rivera es de órdago a la grande. Nos han hecho perder el tiempo y han arrastrado la economía nacional por el barro del despropósito. Por eso, si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches.


Jesús Salamanca Alonso
Director General de “Análisis en clave liberal”