Tus pies en verano, cómo cuidarlos

Pies

Con la llegada del verano los pies están cada vez más expuestos a posibles agresiones externas que hay que prevenir.

Con la llegada del verano se dice adiós de forma temporal a calcetines y el calzado cerrado.  Esa liberación, no obstante, deja a los pies más expuestos a posibles agresiones externas que puede dar lugar a la aparición de rozaduras, sobrecargas, hongos o grietas en los talones

 

Uno de los problemas es la aparición del llamado 'pie de atleta', que supone una infección por hongos debida a una sudoración extrema y humedad concentrada en los pies por el calor.

 

Este problema puede deberse al abuso de un calzado que no permite la transpiración, como las deportivas, y a no secarse adecuadamente los pies tras la ducha, y en la mayoría de casos debe ser tratado con antimicóticos.

 

Por otro lado, los contagios de verrugas plantares son frecuentes en zonas calientes y húmedas como piscinas o saunas, que hace necesario utilizar chanclas en estos espacios para evitarlas.

 

Además, el hecho de llevar los pies al aire y la elevada temperatura provocan una sequedad extrema que puede agravarse en los talones, apareciendo bordes blanquecinos y acumulación de hiperqueratosis (dureza de la piel) que pueden derivar en dolorosas grietas por la escasa flexibilidad de la piel seca.

 

Para preparar los pies ante estas u otras dolencias, los podólogos ofrecen una serie de consejos ante la inminente subida de las temperaturas. 

 

1. Revisar el calzado: es fundamental revisar que el calzado de verano se encuentre en perfecto estado y descartar el que ya se encuentre deteriorado o presente plantillas desgastadas porque afectarían a la marcha.

 

2. Realizar una quiropodia: antes de ponerse calzado de verano es preciso acudir a un podólogo para comprobar la ausencia de patologías (dedos en garra, hongos, verrugas, etc.) y eliminar las durezas de la planta y de los talones de forma adecuada, pensando en la salud de los pies.

 

3. Cortar las uñas en recto: es necesario utilizar alicates y no tijeras, además, mejor no limarlas demasiado redondas porque, al crecer, se clavarían en los laterales de los dedos.

 

4. Hidratación diaria: es imprescindible hidratar los pies a diario con una crema emoliente a base de urea para que la piel se mantenga flexible. Es importante evitar la zona interdigital porque podría macerar la zona y propiciaría la aparición de hongos y grietas.

 

5. Utilizar piedra pómez o lima: esto se realizará una vez por semana tras el baño para prevenir la aparición de durezas y grietas, especialmente en los talones.

 

6. Escoger un calzado saludable: hay que reservar el uso de chanclas únicamente para espacios húmedos como piscinas o la playa porque, al ser demasiado planas y no sujetar el pie, pueden provocar engarramiento de los dedos y dolor en la planta y el tobillo. Se recomienda utilizar un calzado fabricado en materiales naturales, que sujete adecuadamente el pie y que sea flexible.

 

7. No abusar del uso de bailarinas y de deportivas: las primeras son demasiado planas y suelen tener puntas estrechas que aprietan los dedos pudiendo provocar la aparición de dolorosos callos. En el caso de las deportivas, hay que limitar su uso y no utilizarlas de forma habitual porque podrían provocar sudoración excesiva y aparición de hongos.