Turquía sobrevive al golpe de Estado que deja centenares de muertos

Civiles sobre tanques golpistas

La sublevación muere por falta de apoyos políticos y pese a la tardía reacción internacional. 

Turquía ha vivido esta madrugada las horas más tensas de su historia reciente con la declaración, en torno a las 21.30 de ayer viernes, de un fallido golpe de Estado ejecutado por un grupo de militares contra el Gobierno del presidente, Recep Tayyip Erdogan, que ha responsabilizado del acto a su némesis, el clérigo residente en Estados Unidos Fetulá Gulén.

 

Nadie, sin embargo, ha asumido por el momento la responsabilidad de un levantamiento que ha dejado centenares de muertos y escenas de guerra en Estambul y Ankara, puntos calientes de la fallida asonada. 

 

La comunidad internacional ha mantenido un incómodo silencio antes de proporcionar, con el presidente estadounidense, Barack Obama, a la cabeza su apoyo al "Gobierno democráticamente elegido" de Turquía tras la primera comparecencia del presidente Erdogan, cuatro horas después de que se escucharan los primeros disparos en las calles de ambas ciudades.

 

La llamada de Erdogan, unida al respaldo internacional y el apoyo político interno, reactivó a una población que se daba por convencida del triunfo del golpe en torno a las 23.05 horas, cuando los golpistas tomaron la sede de la cadena estatal TRT, declararon la ley marcial, ratificaron su falsa victoria y anunciaron incluso la apertura de un nuevo proceso constituyente.

 

Sin embargo, el golpe no ha caído en silencio. A lo largo de la noche se han registrado fuertes enfrentamientos en el Parlamento de Ankara -- rodeado por tanques sublevados que han abierto fuego, causando graves daños al edificio --, así como en las inmediaciones del aeropuerto de Ataturk y, en lo que parece ser hasta el momento el ataque más sangriento de la noche, contra la sede de las fuerzas especiales en el barrio de Gulbasi, Ankara, donde los golpistas han matado a 17 policías.

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