Triunfo de futuro y de Sensaciones

Seis toros de Pelayo y San Mateo. De juego desigual, destacaron primero y sexto.

 

Julián López “El Juli”, de rojo sangre de toro y oro, ovación y silencio.

Miguel Ángel Perera, de rojo pasión y oro, ovación con saludo desde el tercio y ovación tras petición.

Fernando Adrián,  que tomó la alternativa, de blanco y oro, dos orejas y palmas.

Ambiente taurino como hacía tiempo no se vivía en Ávila. Con el colorido de un tendido joven lleno hasta la bandera, la expectación era máxima. Abría la tarde el toricantano Fernando Adrián. “Pelotillo” sería el toro con el que el madrileño se doctoraría. Abanto de salida, el joven torero le otorgó unas verónicas de saludo que sirvieron de antesala a una faena de cuajo y éxito. Con un quite por gaoneras, comenzó a ambientar la tarde. 

Fernando Adrián de blanco y oro como manda la tradición el día de su alternativa

En el protocolario ceremonial de alternativa, El Juli apadrinaba la trigésimo quinta alternativa de su  triunfante carrera. En esta ocasión con la característica emotiva de ser un chaval de la escuela taurina de su fundación quien se convertía en torero con todo lo que ello conlleva.

 

Tras brindar el toro a su apoderado Gómez Escorial, al de Tormes de la Alameda no le pesó la responsabilidad ya que  desde el comienzo de la faena, le cogió los aires al mejor toro de la tarde. Sometiendo con prudencia al astado, lo hizo entrar en el engaño. Una vez se entregaron los dos, Adrián le bajó la mano probando al animal que respondió sin quejas y sini un mal gesto a la muleta del novel matador.

El traje fue un regalo de su Peña Taurina

Con desplantes dejando patente el valor necesario para optar a ser uno de los grandes del escalafón, mató a su primer rival de la tarde con una entera que le sirvió para abrir la puerta de los caballeros en su primer contacto con los de los rizos.

 

En el segundo de su lote y sexo de la tarde, brindó al público en agradecimiento al cariño mostrado hacia él toda la tarde. Antes se había desmonterado Raúl Adrada, por dos pares de los que crean afición, uno por emoción y torería, otro por técnica y clase.

Miguel A. Perera, que también tomó la alternativa con El Juli, hoy actuaba de testigo

Citando de largo, “Montecillo” que así se llamaba el toro en suerte, se entregó rápidamente al engaño que le mostraba a media altura Adrián. La faena fue de más a menos, retomando el ritmo y la emoción con el arrimón que al final de la faena se pegó el madrileño. Con un público entregado, los aceros evitaron tocar pelo en su segundo toro.

En el segundo de la tarde el público pidió trofeo, pero el presidente sé lo negó

Otra historia fueron los toros que el sorteo le deparó a El Juli. Sin transmisión ni opciones, el padrino de la alternativa poco o nada pudo hacer ante tanta mansedumbre.

 

El segundo de la tarde, primero para Julián era brusco en la embestida y justito de fuerza. Lo bregó bien Álvaro Montes. El madrileño le fue puliendo la falta de clase con entrega y técnica, pero donde no hay no se puede sacar, y quien quiera milagros, que se vaya a Fátima. Acortó terrenos al toro para sacarle lo poco que tenía. Lo mató estilo marca de la casa a la segunda, lo que le valió una cariñosa y cerrada ovación. Y en el cuarto de la tarde, más de lo mismo. Con menos peso que sus hermanos, “Limeño” prometía algo más de movilidad, pero quedó en eso, en promesas incumplidas. A pesar de un vistoso quite por chicuelinas y tafalleras, el toro en el último tercio se difumino en su mansedumbre para hacer inútil el esfuerzo de El Juli. Pitado el astado en el arrastre, la afición abulense despidió con una sentida ovación el esfuerzo de torero.

El Juli padrino de uno de los alumnos de sus escuela taurina

Pareja suerte correría Perera, con un lote que rápidamente mostró sus cartas, no le quedó otra al pacense que ceder terrenos a sus adversarios, para sacar lo que ninguno de los dos tenía.

Bolillero se llamaba el tercero de la soleada tarde, quien al probar la templada muleta de Perera, decidió tirar de querencia para eludir la batalla. Momento que aprovechó el matador para dar gusto a tan mansa petición, y hacerle la faena en sus terrenos. Le sacó lo que nadie esperaba que tuviese el ejemplar del Capea. Midiendo las fuerzas y las embestidas del astado, Perera se jugó el tipo, gesto que la grada agradeció. Lo llevó metido en la muleta para que el animal no rehuyese la  pelea. Con series ligadas y a media altura y derechazos infinitos, la faena quedaría vista para sentencia. Un pinchazo y una media le arrebataron tocar pelo. Una calurosa ovación le otorgaría el público por tan valeroso esfuerzo.

Pidió al público que no le aplaudieran, ya que no tuvo su mejor tarde

Con el quinto de la tarde y con el que cerraría su actuación en Ávila, Perera estuvo firme y asentado. El toro con un peligro sordo, se le coló varias veces por el pitón derecho recibiendo por respuesta torería y valor. Nuevamente, volvió a sacar series de meritorio resultado ya que eran muchas las complicaciones que presentaba “Canastillo”.

 

Otra vez sería la espada la que evitaría cortar una oreja al de Badajoz. Un metisaca y un espadazo en todo lo alto, animarían al público a airear su pañuelos blancos. El Presidente con muy buen criterio, denegó dicha petición. Ovación y muy buen sabor de boca el que deja Perera en nuestra capital.

 

Y para terminar, mencionar dos sensaciones palpables desde las gradas: Uno, la Puerta Grande de Fernando Adrián, quien franqueado por la juventud taurina que coloreó los tendidos del coso abulense, certificaba en la tarde de ayer el triunfo de un nuevo torero llamado a firmar tardes de gloria; Y por otro lado, los nuevos aires que la novedosa empresa adjudicataria le ha dado a la plaza de toros, recuperando un ambiente perdido durante años. Olé por ellos.