¿Te gustan las películas de miedo? Sí... pero no...

Los niños pasan de la sonrisa al llanto con relativa facilidad y el amor y el odio están separados por una delgada línea. ¿Por qué estos cambios emocionales súbitos? La respuesta está en que las emociones son procesos biológicos y que el organismo necesita volver al equilibrio, a un punto medio emocional para seguir su funcionamiento normal.

Según explica Enrique G. Fernández-Abascal, catedrático de Psicología de la Emoción y la Motivación y autor de 'Disfrutar de las emociones positivas' (Editorial Grupo 5, 2015), la función de las emociones es la de ser un sistema de alarma de algo importante que está sucediendo para nosotros y que organiza nuestro comportamiento para prestar atención y prepararse para la acción.

 

"Las películas de miedo al igual que las atracciones como la montaña rusa suponen sensaciones displacenteras tan breves que no nos da tiempo a sufrir por ellas y sin embargo cuando termina la sensación atemorizante sentimos una compensación emocional, se produce un proceso oponente de satisfacción para buscar el equilibrio entre emociones que nos hace sentir muy bien", explica Fernández-Abascal, profesor en la actualidad de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

 

Los factores de personalidad son determinantes a la hora de disfrutar de los parques de atracciones o de las películas de terror, puede que en este caso se trate de personas que disfrutan de las emociones fuertes y son buscadoras de sensaciones. Sin embargo, quienes no gustan de estos miedos 'buscados' podrían alargar más la emoción negativa al anticipar el momento desagradable por venir y evitar pasar por la experiencia aunque de forma breve.

 

"Es lo que tiene la diversidad humana, en la forma de disfrutar es en lo que más diferimos las personas, eso no nos viene en los genes, hay que aprender a disfrutar, si a todos nos gustara lo mismo no habría bastante para todos y se agotaría la especie", comenta con humor el autor.

 

Lo positivo depende del aprendizaje así que, por ejemplo, se puede aprender a no temer a las alturas, sin embargo esto podría ser peligroso para un niño o poner a un adulto en un número mayor de situaciones de riesgo ya que hay que tener en cuenta que el miedo es una herramienta biológica para la supervivencia.

 

"El miedo no es malo, realizamos acciones positivas derivadas de él. Aunque a nivel emocional sea una experiencia desagradable que nos produce malestar e inquietud nos indica que tenemos que salir de una situación determinada. Existen miedos que vienen determinados genéticamente, como el de las alturas, y son por ello guardianes de nuestra seguridad", apunta Fernández-Abascal.

 

Disfrutar depende de nuestra voluntad y es posible aprender de las emociones negativas, es clave saber que existen procesos inconscientes que nos hacen temer ante situaciones que pueden ser en realidad positivas y podrían suponer una oportunidad de disfrute.

 

REGULAR NUESTRAS EMOCIONES PARA SOBREVIVIR   

 

Las emociones negativas, las de enfado o miedo, hacen que suba la presión arterial o aumente el latido cardíaco, el organismo no puede estar en este modo de activación demasiado tiempo, necesita volver al equilibrio, una mala regulación fisiológica puede llevar a una mayor probabilidad de incidentes cardiovasculares.

 

Con la emoción positiva posterior que contrarresta la negativa baja la presión arterial y demás componentes de la activación fisiológica con lo que se compensan los procesos desagradables de las emociones negativas. Este proceso de compensación tras el estrés que produce una amenaza restablece el equilibrio saludable del organismo. 

 

"Las emociones deben durar minutos, como mucho horas, pero no pueden permanecer con nosotros días y meses ya que no es saludable permanecer en estos estados fisiológicos de forma continuada", explica el profesor. 

 

El estrés es una respuesta fisiológica que se activa ante memorias emocionales inconscientes. El miedo sería un componente de la situación estresante. "Es bueno sentir cierto estrés, si no existiera no existiría vida y estar estresado al 100% supone la muerte. Necesitamos nuestra dosis diaria de estrés, es un mecanismo intuitivo, nos gusta complicarnos la vida".

 

El miedo es como un seguro de vida pero hay que diferenciarlo de la ansiedad, depresión e ira, una triada de afectos negativos que nos hace más reactivos ante cualquier cosa y que son generadores de un estrés nada positivo.    

 

El profesor recuerda que cuando nos encontramos a gusto en una situación tenemos tendencia a repetir la experiencia y a no evitarla: "con la edad nos volvemos más maniáticos e instintivos", concluye.