Sorprendente y visionario Rajoy

Aunque con cierta ambigüedad, continúa considerándose que un elevado porcentaje de españoles se declara católico, apostólico y romano, si bien tal credo religioso no incluya asumir los milagros políticos surgidos a propósito de las declaraciones efectuadas por Rajoy el pasado sábado 1 de junio, con motivo de la clausura de las jornadas del Círculo de Economía de Sitges. Oír decir el presidente en directo, sin plasma, refiriéndose a la situación del país que “lo peor ya ha pasado”, si no adquiere la categoría de prodigio, por lo menos, habría que considerarlo como algo extraordinario en función de nuestros parámetros socioeconómicos.

Pasar de una actitud contemplativa, de serenidad, demandando paciencia y con los consabidos mantras de siempre de “yo quiero lo mejor para los españoles,…etc.” que aburren a las centollas, a presumir de haber vencido con su actuación “la histeria colectiva que veía en un plazo inmediato paisajes apocalípticos”, no concuerda con nuestro taciturno y abúlico jefe del Ejecutivo.

 

Atreverse a invitar a todos los ciudadanos a que estén atentos a sus aparatos de TV, para comprobar cómo las cifras de paro correspondientes a mayo serán “claramente esperanzadoras” , demuestra tal cambio de actitud en su particular estilo, que ha logrado sorprender a propios y extraños. Esperemos que el dato sea de tal envergadura que efectivamente merezca el trato de “esperanzador” y no una imbecilidad semejante a la pronunciada por la ex vicepresidenta del PSOE, Elena Salgado, de infausto recuerdo con sus “brotes verdes”.

 

No obstante, tras escuchar tales cantos a la esperanza, ponen de manifiesto que alguien nos está mintiendo una vez más, o por suavizar la expresión, faltando a la verdad, dado que los pronósticos que nos han sido transmitidos días atrás, nada coinciden con las mesiánicas declaraciones de Rajoy. Para empezar, la OCDE y otros organismos auguran que el paro en España alcanzará el 28% en el 2014, continuidad de la recesión cuyo cálculo es de una caída del PIB en torno al 1,7% en el presente año, la información sobre la reducción del déficit es negativa y el necesitado crédito para familias y pequeñas empresas continúa sin materializarse. Datos todos ellos que chocan frontalmente con las positivas informaciones presidenciales.

 

Solo cabría pensar en una presunta jubilación del eterno Pedro Arriola, decano de los asesores monclovitas, creador de la doctrina del “quietismo” ó bien que la nueva vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Económicos, Soraya Sáenz de Santamaría, con patada incluida a Montoro, le haya recomendado un cambio de talante a Mariano Rajoy induciéndole a que regale algo de esperanza a los ciudadanos, y de paso, contrarrestar el maligno efecto de la entrevista de Aznar en Antena-3 y su conferencia en el Congreso, a la cual, también milagrosamente, no acudió ningún ministro del Gobierno..¡¡Lo que son las cosas!!

 

Quizá el gran error o parte de él, consista e exigirle al presidente lo que no sabe ni puede ofrecer. Una vez más nos encontramos ante otro claro ejemplo del llamado “Principio de Peter, cuando el individuo alcanza su nivel de incompetencia”. Su tope político quedó en la categoría de ministro, nada que ver pretendiendo ejercer con la misma eficacia de presidente de Gobierno, lo cual Rajoy debería reconocer humildemente y dar paso a alguien con liderazgo, valor y capacidad suficientes.

 

La sociedad española, tras año y medio, percibe el fracaso de Rajoy y a su vez siente remordimiento por haber entregado su voto a quien no lo merecía. Irrita soberanamente su incomprensible pasividad ante nuestro desastre. Como toda persona insegura repudia el riesgo y desconfía de todos. Solo cree en los que él ha nombrado por entender que le deben vida y hacienda, pero como siempre, la derecha,  más bien lenta de reflejos, es renuente a criticar a los suyos, aunque se comporten rematadamente mal. No se puede confundir conservadurismo e inmovilismo.

 

Ganar unas elecciones generales con mayoría absoluta, compromete e implica grandes exigencias y obligaciones ineludibles, y entre ellas, ser un fiel cumplidor del programa electoral y jamás contar mentiras tan burdas a los votantes. El centro-derecha necesita un acicate, alguien capaz de reconocer la realidad y esa persona se llama José María Aznar, cuya misión debería consistir a partir de ahora en detectar problemas y aportar soluciones que le devuelvan el ánimo a las bases, militantes y votantes en general.

 

Don Mariano, olvídese, Aznar no pretende volver a gobernar, supondría su tumba política y el lo sabe. No se equivoque con los cantos de sirena y nombre de pacto por parte de Rubalcaba (PSOE). En cuanto se descuide, caerá en la celada del secretario general socialista que, alegóricamente, intentará morir matando. La obligación de todo preso es dedicarle las 24 horas del día a pensar cómo podrá evadirse de la prisión. La misión de un candidato de la oposición pasa por entregar el mismo tiempo a reconquistar la Moncloa.

 

José-Tomás Cruz Varela