¿Será el último debate de Juan Vicente Herrera?

Juan Vicente Herrera, al finalizar su intervención en el debate de política general. BORIS GARCÍA
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El presidente de la Junta llamó la atención sobre el deterioro de la valoración social de la política en su esperada intervención. Ni por el tono ni por las formas dejó indicio alguno sobre su futuro.

Herrera fue previsible. Quizá porque a estas alturas de su carrera política se puedan conocer más o menos sus maneras. De la intervención que abrió la primera jornada del debate sobre política general en Castilla y León pueden estraerse varias conclusiones; una de ellas es la capacidad autocrítica del presidente de los populares cuando, en el tramo final de su discurso, aludió al "importante deterioro de la valoración social de la política".

 

La expectación, en este caso, cayó hasta los mínimos según precedentes anteriores. Cierto es que esto de la política regional no acaba de enganchar a los ciudadanos que, como apuntó Herrera, han caído en la apatía fundamentalmente por "los escandalosos casos de corrupción que han salpicado la vida pública y económica de España en estos años". La realidad es que la tribuna de invitados no superó las doce personas durante los 97 minutos que duró el discurso del presidente; desde las 12.35 hasta las 14.12 horas. Entre esa docena, cuatro integrantes de Upyd que seguían la jornada, responsables de comunicación de alguna institución pero ningún ciudadano o colectivo interesado en saber qué claves se iban a abordar en una cita política trascendental, la más importante del año en la Comunidad.

 

Por eso, las alusiones a esa visión negativa hacia la clase política destacan sobre todos los planteamientos que expuso Herrera a modo de balance u hoja de ruta para terminar esta legislatura. "La posible quiebra del vínculo de representación política es un riesgo que nos debe preocupar a todos", repitió para aludir a su compromiso de transparencia a través de acciones como el modelo de 'Gobierno Abierto', entre otras medidas para acercar más la acción política regional a los ciudadanos desencantados.

 

El tono de Herrera no fue enérgico. Más bien monocorde, se intensificó en la segunda mitad de su recorrido interrumpido en quince ocasiones con los aplausos, poco entusiastas por cierto, de la bancada popular. La ovación más larga fue cuando el presidente anunció que durante el periodo veraniego de cierre de comedores escolares, las necesidades alimenticias de los niños y sus familias serán atendidas en el seno de su propio hogar gracias a un plan de emergencia que la Junta ha dotado con 1,5 millones de euros. Aplaudieron todos, incluso la consejera Pilar de Olmo que hacía malabarismos con una imponente escayola tras sufrir un accidente doméstico.

 

"Pienso terminar", dijo Herrera cuando la garganta le jugó una mala pasada mientras explicaba las líneas de trabajo que su Gobierno impulsará para sacar adelante la ordenación del territorio. Y terminó, sin duda, aunque con la incógnita de saber si su intervención fue la última como presidente de la Comunidad o habrá tiempo para más si la conjunción de ideas entre PP y Herrera le coloca de nuevo al frente del cartel electoral. Y claro, si las urnas respaldan su proyecto porque en esa autocrítica hacia la valoración de los políticos, el presidente no se olvidó de esos desencantados que se han integrado en "proyectos de ruptura del sistema" con el consiguiente mensaje electoral de las europeas "que no podemos ignorar".

 

Por eso, porque no se puede ignorar, a lo mejor hay más debates con Herrera. O no. 

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