¿Se puede controlar el sexting entre menores?

Sexting

Uno de los riesgos más importantes para los menores en la era de Internet es la exposición de su privacidad e intimidad a través de redes sociales y aplicaciones. Mucha gente tiene acceso a la información y también da lugar a que los propios adolescentes envíen contenido sexual en los chats privados: las prácticas de 'sexting', el envío de imágenes sexuales a otros, son una realidad.

El ‘sexting’ es una actividad que se realiza de forma cada vez más común y que acarrea muchos peligros. El 31 por ciento de los menores han enviado fotografías sexuales bajo los efectos del alcohol y las drogas, y el 3 por ciento lo han hecho bajo algún tipo de extorsión o amenaza, tal y como asegura un estudio de la revista Pediatrics.

 

Hablamos, pues, de imágenes en las que hay menores desnudos y/o en posiciones atrevidas y sugerentes. Ya sea por falta de conocimientos sobre el tema de la privacidad o por influencia de su alrededor, entre otras causas, muchos de los adolescentes de hoy en día no se paran a pensar en lo que esta práctica puede significar para ellos, ya que no son pocas las fotos que acaban saliendo al público o que el receptor enseña por ahí.

 

El asunto no queda ahí. Según múltiples estudios publicados en los últimos años, el ‘sexting’ no consentido es también algo común: muchos menores reciben contenido erótico en sus teléfonos móviles que no quieren recibir, tanto por gente que les acosa buscando una respuesta sexual por su parte como por las propias personas que difunden las imágenes o textos de otros para hacer daño (el ‘revenge porn’ o porno vengativo no discrimina en cuanto a edad).

 

¿Hay alguna forma de parar este tema? ¿Son los propios fabricantes de teléfonos móviles o los desarrolladores de software quienes deben controlarlo o es algo que deben hacer las familias? Lo analizamos.

 

Los mensajes de contenido sexual entre jóvenes menores de edad son un hecho y no es raro que salgan a la luz casos donde esta práctica ha supuesto para los adolescentes percances más serios. Es muy importante educar a los niños en el uso de las redes sociales y hay que hacer hincapié en que por mucho que un mensaje se borre o autodestruya a los pocos segundos, pueden hacerse con él o puede exponerles de una manera muy negativa para su persona: el contenido efímero caduca, sí, pero eso no significa que los demás no lo vean.

 

El robo de las imágenes es otro aspecto crucial. Tiene que quedar muy claro que si algo desaparece es porque ha existido antes y otros pueden hacerse con ello. Por mucho que las plataformas avisen de las capturas de pantalla, no hay nada que impida que éstas se realicen, por lo que pueden hacerse con la fotografía/vídeo cuando reproducen el mensaje efímero y que quede en sus manos para siempre, aunque uno tenga la intención de mandarlo de forma breve.

 

Este tipo de contenido puede derivar en cosas como la extorsión, el ‘bullying’ o ‘ciberbullying’ y un largo etcétera de situaciones perjudiciales. Es sencillo perder el control de todo lo que se envía a otra persona y en edades tempranas, sobre todo cuando no se tiene bien claro el concepto de Internet y de la privacidad, es especialmente preocupante.

 

¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?

 

El kit de la cuestión no reside en prohibir al niño el uso del teléfono o estar controlando lo que hace con él o deja de hacer, sino más bien en concienciar del peligro de usar esas 'redes sociales' y en mostrar cómo se deben utilizar de forma segura, tal y como indica Menores OSI, una iniciativa de la Oficina de Seguridad del Internauta de INCIBE. Hay que ser siempre muy consciente de los peligros del mundo virtual y dejárselo muy claro, por activa y por pasiva, a los menores de edad.

 

Un padre siempre ha de mantener la calma cuando se entera de que su hijo está practicando ‘sexting’. Siempre es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero si a un adolescente en plena 'edad del pavo' se le dice que no puede hacer algo, lo más probable es que siga haciéndolo incluso en mayor medida que antes.

 

Hacer especial hincapié en que no haga nunca algo con lo que no esté a gusto o algo que no le guste es también un punto a tratar en esas charlas explicativas. Si son ellos los que reciben contenido erótico que no quieren recibir, un aspecto que suele ser más común entre las mujeres, no hay que dudar en hacerles ver que bloquear a esa persona es una opción más que factible. Las redes sociales son para comunicarse con otros (siempre conocidos) y pasarlo bien, no para estar a disgusto ni ponerse en peligro. 

 

LAS COMPAÑÍAS TAMBIÉN PUEDEN AYUDAR

 

Las compañías tecnológicas, sobre todo las que están detrás de las redes sociales como Facebook, Instagram o Snapchat, tienen el poder de hacer algo para impedir esta práctica, sea en mayor o menor medida. No se trata de algo muy descabellado e imposible, ni mucho menos, y así lo hizo ver el secretario de salud del Reino Unido, Jeremy Hunt, en unas declaraciones el pasado mes de noviembre.

 

Un ejemplo de esta tecnología es la inteligencia artificial que analiza las imágenes en busca de aspectos de desnudez como son los pezones, los traseros, o la cantidad de piel al desnudo que se muestra en imagen. Esto ya existe y compañías como Facebook o Google utilizan estos algoritmos para mantener el control en sus servicios.

 

Otra tecnología que también existe y que, además, es totalmente gratuita y libre de uso (lo que se conoce como ‘open source’ en inglés) es la herramienta 'Open NSFW' elaborada por Yahoo, un sistema que se dedica a detectar ciertos aspectos de la desnudez y que cualquier compañía puede utilizar y adaptar a lo que necesita.

 

Hablamos, pues, de que ya existen medidas que pueden ayudar en este tema pero que no se están poniendo en práctica – algo en lo que podría estar interviniendo algún tipo de regulación de derechos sobre el tema -. En Facebook, por ejemplo, cualquiera puede denunciar contenido inapropiado, pero dado que este tipo de imágenes explícitas se suelen transmitir a través de mensajes privados, las denuncias públicas poco pueden hacer.

 

La cantidad de imágenes que se registran en cualquier red social día a día, sea de forma pública o privada, es inimaginable. Aprovechar la inteligencia artificial y el big data para crear algoritmos y mejorar los ya existentes para identificar contenido inapropiado según esos registros no es algo que necesite décadas de investigación.

 

No todo el peso del control debe caer en las propias redes sociales, pero una ayuda para evitar problemas como pornografía infantil, ‘ciberbullying’, extorsión o cualquier otra enfermedad mental derivada (depresión, por ejemplo) siempre es bien recibida.