¿Se aprende a ser padre o madre?

Foto: E. P.

Muchos cometen errores porque perciben la vida aún desde el rol de hijos.

Según explica a Infosalus José Serrano, psicólogo, profesor universitario y autor de 'Padres con emociones displacenteras' (EOS, 2015), estas clases de formación a padres deberían ser obligatorias como un medio de prevención en salud mental para que los padres sepan educar de forma saludable y funcional.

 

"Cuando la madre, pero también el padre, están 'embarazados' sería necesario poner en claro qué sienten sobre su papel como padres, cómo se ven como tales, qué miedos tienen sobre esta futura tarea y cómo creen que reaccionarían emocionalmente ante las cuestiones planteadas por sus hijos", señala el autor, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Extremadura y psicólogo del Programa de Atención a la Familia del Ayuntamiento de Olivenza en Badajoz.

 

Según indica Serrano, muchos padres y madres cometen errores porque perciben la vida aún desde el rol de hijos, no están cubiertas las necesidades psicológicas y emocionales de este rol y se percibe a los hijos como quienes deberían cubrir esas necesidades. Esto supone, desde la perspectiva del psicólogo, que hay que dejar de ser hijos para ser padres porque si no nos va a resultar difícil asumir las responsabilidades parentales.

 

Cómo gestionar las emociones displacenteras de los hijos

 

"Vernos como padres funcionales es saber contener las emociones del niño que va a sentir en algún momento tristeza, ira, enfado o celos. Son emociones displacenteras que los padres deberían contener", señala Serrano, que apunta a Infosalus algunos consejos para ayudar a los padres a gestionar las emociones de sus hijos:

 

1. Actuar tranquilos y serenos: no ignorar las emociones de los niños porque son importantes para su desarrollo. El padre debe recibir y entender la emoción, enseñar al hijo a identificar emociones, gestionarlas y ayudarle a que reflexione sobre lo que siente.

 

2. Estar atentos a las emociones de los niños y escucharlas sin miedo: deben expresarse pero eso no quiere decir que vayan a hacer lo que dicen, sólo indica lo que les gustaría hacer.

 

"Si un niño dice no tener ganas de ir al colegio, el padre no puede enfadarse y decirle que va a ser un vago, responde con descalificaciones al confundir emoción y preferencia con conducta. Aunque existan días en los que sentimos deseos de no ir a trabajar, eso no significa que no vayamos a hacerlo, no es lo mismo emoción que conducta", apunta Serrano.

 

3.Estar disponibles y accesibles para los niños: también preparados para contener las emociones del niño. "Cuando por ejemplo pierden un juguete no se puede decir al niño que no pasa nada porque a él sí que le pasa, necesita a alguien para expresarle esa emoción displacentera, que reciba y gestione esa emoción", explica Serrano.

 

4. Hay que tolerar sin culpabilizar: las emociones son procesos naturales y fisiológicos que se tienen como cualquier otra necesidad física, como sentir hambre o ganas de ir a hacer pis. Si los padres se enfadan o entristecen ante esa emoción se confunde la situación, el niño está planteando en realidad una necesidad.

 

Errores en los que no hay que caer

 

Serrano señala también algunos errores en los que algunos padres pueden caer si no identifican de forma adecuada sus propias emociones en relación a la paternidad o maternidad:

 

1. No decir a los niños lo que deben sentir y obligarles a que sientan lo que deseamos: los padres deben querer a sus hijos pero los hijos no están obligados a quererles. "Si alguna vez nos dicen que no nos quieren, no debemos asustarnos, no es su obligación hacerlo", señala Serrano.

 

2. No culpabilizar a los hijos de las emociones propias: por ello debemos hacernos responsables de nuestras propias emociones. El hijo no es el responsable de una emoción que se despierta ante una emoción o acción del hijo ya que es el padre el que interpreta la situación.

 

3. Evitar reescribir la historia personal: en ocasiones el problema está en intentar reescribir la historia personal como hijos a través de los hijos propios y así, para que no suceda lo mismo que ocurrió en la infancia del progenitor, éste pasa al otro extremo. Si, por ejemplo, se tuvieron padres inflexibles, autoritarios, fríos y normativos, no se desea que los hijos sufran con actitudes similares y se pasa al extremo de la permisividad.

 

"No basta con decir a los padres lo que tienen o no tienen que hacer, hay que ver qué tipo de historia han tenido como individuos y analizar su mochila emocional, indagar en sus emociones, cómo se ven como padres y qué experiencias pueden expresar, para luego acercarse a lo funcional", concluye Serrano.