Responsabilidad Social y Sentido de Estado

Por Juan Saborido, presidente de CONFAE

Apenas un par de días después de las elecciones generales, indicadores económicos de la relevancia del IBEX y la prima de riesgo han comenzado a enviar señales escasamente gratificantes que afectan a la estabilidad y a la recuperación económica, y ello no tanto porque, a resultas del marco democrático, los españoles hayamos ejercido nuestro derecho al voto, sino más bien porque algunos representantes políticos se han olvidado inmediatamente de que nuestro voto  es un préstamo de confianza y han considerado erróneamente que pueden hipotecar   “nuestras vidas y haciendas” en los próximos cuatro años; incluso en algún caso hay algún líder político que se permite especular con los votos de cientos de miles de españoles para alimentar sus egos o para respaldar réplicas personales que deberían sofocar inmediatamente en su ámbito interior.       


      Tampoco faltan los agoreros que buscan a toda costa un titular de su firma, sin importarles el daño o la desorientación que su influencia mediática pueda generar. Así, se acuñan hasta la saciedad términos que generan desasosiego en la población por cuanto dibujan un país ingobernable de políticos radicalizados en sus respectivas posturas, interpretando que a priori todos los partidos ponen sobre la mesa condiciones innegociables acerca de las soluciones políticas que demandan todos los españoles. Evidentemente nadie asume responsabilidades sobre su contribución al desconcierto.


   Ciertamente todo país y toda sociedad tiene derecho a evolucionar en sus pensamientos y posicionamientos, y ahí todos debemos ser intelectualmente flexibles,  ahora bien, lo que tiene un encaje más complicado es que determinados grupos políticos que nacen y crecen al amparo de unas reglas de juego democrático,  quieran cambiar esas reglas que dan cohesión y seguridad a un país llamado España, por otras que se confunden con una apariencia de bonhomía o con las que se quiere regalar los oídos a determinados sectores empeñados en romper vínculos históricos, espacios comunes de progreso y  convivencia, y lealtades institucionales que fortalecen el concepto de nación.  


   Parece que en un mundo globalizado, en una Europa de  Regiones con vínculos políticos, económicos y de seguridad cada vez más estrechos y necesarios, pretender una vuelta a las tribus desde basamentos casi cavernarios no puede tener mucho
recorrido. España no se merece el hostigamiento lacerante que está sufriendo desde dentro con el objetivo de cuestionar una estructura política que al final debilita a todo el país en términos de consistencia nacional y confianza internacional. Salvo, eso sí, que queramos caer en el esperpento de celebrar cada pocos años un referéndum en cada comunidad autónoma, para ver qué modelo de estado o mini-estado se le ocurre a cada cual.  


   Desde las organizaciones empresariales tenemos que hacer una llamada a la  prudencia, al esfuerzo total por el entendimiento y a la sensatez. Después de varios años de crisis económica recesiva no podemos caer en un nuevo período de crisis política destructiva. Las personas, las familias, las empresas  y la sociedad necesitamos trabajar con normalidad y, por lo tanto, sin incertidumbres. No hemos elegido a nuestros representantes políticos para que nos bombardeen cada día, desde las primeras tertulias hasta los últimos telediarios, con diatribas, inmovilismos e insensateces. Todo lo contrario, les hemos elegido para que nos reporten progreso económico, empleo, estabilidad, calidad de vida y convivencia pacífica, y esas son las prioridades que, desde nuestro punto de vista, deben marcar la hoja de ruta de los depositarios de los 350 escaños en que se traducen las voluntades de esos 36,5 millones de españoles que fueron llamados a votar.


   Lejos del desconcierto político, queremos oír hablar de conciertos consensuados. Nuestro interés no está en saber cuál va a ser el perfil del próximo presidente del gobierno,  más bien y como organización empresarial y por supuesto también social, apostamos porque España perciba y emita una acción de gobierno firme en distintos entornos: un entorno legal adecuado para que las empresas y los autónomos nos podamos ocupar sobre todo de activar la economía y de crear puestos de trabajo; un entorno laboral enfocado a que el derecho al trabajo se pueda ejercer literalmente, optimizando el potencial de nuestros propios recursos tanto económicos como humanos;  y  un entorno político ideal en el que nuestros gobernantes sacrifiquen los protagonismos de parte, y prioricen a toda costa el interés general que ampara nuestra Constitución manteniendo, con la naturalidad y la legitimidad que nos da nuestra historia, la unidad territorial y la identidad nacional que nos hace fuertes.      


                 Ávila, 22 de diciembre de 2.015  


     Juan Saborido Lecaroz
     Presidente de CONFAE