Que la ilusión continúe

Sería imposible resumir 75 años en unas breves líneas, y no solamente por que hayan ocurrido en este tiempo multitud de acontecimientos importantes dentro y fuera de la ONCE, que nos importan, que nos afecta, que nos definen, sino porque sería profundamente injusto olvidarnos de alguno de los vendedores hacedores de la ONCE que hoy conocemos

Estos hacedores son todos aquellos que día tras día salieron a las calles y a las plazas de nuestros pueblos y ciudades a ganarse la vida, a no pasar de puntillas por la vida, a vivir, que no es poco.

 

También pienso cuando hablo de esas personas en aquellos que sin salir a la calle, hacían posible otras tantas cosas, me refiero a esas personas que organizaban el cupón, la venta, los interminables papeles de los despachos, la indispensable intendencia sin la cual aquello que vemos no existiría tampoco.

 

Y como no, también me refiero a los que creyeron sin descanso en un modelo social diferente, que poder practicar, al que poder llegar. Todos juntos, ciegos, y no ciegos, lo que hoy conocemos como integración social, como inclusión a través, al principio de pocas, pero importantes cosas, nuestros colegios, nuestros centros especializados de rehabilitación, de transcripción braille y sonora, de volver a estar, de volver a ser, de poder ser.

 

Por todo ello y en mi afán de contar una historia importante de 75 años al menos, he querido encontrar en una sola palabra la esencia indispensable de todos esos aromas que perduren en el aire y en el tiempo, y se trata en este caso de la palabra “ilusión”.

 

Hablemos de la ilusión, esa energía que no solo nos define a las gentes de la ONCE, sino, que además ha servido generación tras generación para poner de manifiesto la voluntad de un colectivo humano por hacerse con las riendas de su vida, por dura que esta fuera.

 

La ilusión que le pusieron nuestros mayores a las apuestas por el cambio, la renovación de todas las cosas, por el futuro. La ilusión que hizo posible en los años 80 crear un modelo de prestación de Servicios Sociales único en el mundo, del cual no solo nos sentimos orgullosos, si no que nos afanamos por mejorar día a día con la complicidad de aquellos que lo usan, para poder dejarles a aquellos que algún día lo tendrán que usar una herramienta útil, una vez más, para poder ser, para poder seguir siendo.

 

La ilusión que nos hizo creer en que unidos seríamos más fuertes, que no somos únicos, que no estamos solos, que además de afiliados a la ONCE, somos personas con discapacidad y sobre todo personas, y que los logros sociales son más importantes y más sólidos cuantas más personas representen.

 

La ilusión que nos hizo un buen día asomarnos al balcón de nuestras fronteras y practicar la “SOLIDARIDAD” con mayúsculas, pues el conocimiento y las posibilidades hay que compartirlas para que estas sean de verdad, universales.

 

La ilusión que nos hace levantarnos cada día para correr encima de esa pelota que es el mundo, en la que cada día que pasa es más difícil mantenerse erguido, porque la velocidad aumenta y nuestra respiración se acelera. La ilusión que ponemos a todo aquello que hacemos para que en todo caso, sea cual sea el resultado, lo hayamos intentado.

 

Podríamos hablar de otras palabras tan importantes como Ilusión, que además nos definen y ayudan a comprender el éxito de un modelo social inesperado como lo es la ONCE, palabras que sin ellas todo esto hubiera quedado en un vago intento, a la deriva de los vientos de la suerte, lo cual no nos podemos permitir.

 

Me refiero al “Espíritu de sacrificio”, a la “capacidad de trabajo o tesón”, y como no, a la “unidad” del gran colectivo ONCE, cuando uno mete todos estos ingredientes en una coctelera, los agitamos suavemente, para que la mezcla sea armoniosa, y le añade algo más de una pizca de Ilusión, obtiene ese cóctel embriagador con aromas y colores de un amarillo verdoso que forma parte ya de esa carta menú que te ofrecen en cualquier lugar de coincidencia, por el simple hecho de haber tenido la “suerte” de nacer en este país, y que no es poco.

 

Alguien dijo hace mucho tiempo que en tiempos difíciles en tiempos de crisis, solo la imaginación es más importante que la experiencia. Estamos de enhorabuena ya que de ambas cosas no andamos faltos; tenemos el vehículo, La ONCE, tenemos el combustible, La Ilusión, iniciemos pues el viaje hacia la próxima parada, el futuro.

 

 

Ismael Pérez Blanco

Delegado Territorial de la ONCE

Castilla y León