Pérdida de apetito en personas mayores, ¿hiporexia o anorexia?

Pérdida de apetito

Un estudio señala que la pérdida del apetito puede responder a circunstancias psicológicas, como nerviosismo o tristeza, por ejemplo, o a circunstancias fisiológicas, como el envejecimiento.

La hiporexia se define como 'la disminución parcial del apetito', en contraposición a la anorexia que sería 'la ausencia total de apetito'. "En la práctica clínica habitual es difícil distinguir entre ambos términos dado que el apetito es difícilmente medible y, muy a menudo, se utilizan como sinónimos", explica en una entrevista a Infosalus el especialista del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), Juan José López Gómez.

 

Así, señala que la pérdida del apetito puede responder a circunstancias psicológicas, como nerviosismo o tristeza, por ejemplo, o a circunstancias fisiológicas, como el envejecimiento. Además, pueden estar implicadas en esa pérdida de apetito diversas enfermedades orgánicas o psiquiátricas agudas o crónicas, según precisa.

 

"Las principales causas de pérdida de apetito son: la enfermedad aguda, ya que debido a la situación de estrés metabólico existe una disminución de las ganas de comer. Entre las enfermedades crónicas orgánicas puede destacar la patología oncológica y la patología digestiva, mientras que entre las enfermedades psiquiátricas relacionadas con el estado anímico o las relacionadas con el propio apetito puede hablarse de la anorexia nerviosa", describe.

 

Según incide el experto, los principales síntomas de la hiporexia serían la reducción de consumo de alimentos, la presencia de actitudes negativas hacia la ingesta, que normalmente se suelen asociar a la pérdida de peso y de cansancio. "Si se mantiene en el tiempo puede ocasionar déficit nutricionales en micronutrientes (anemia, déficit vitamínicos, por ejemplo) y desnutrición", alerta el especialista.

 

Además, destaca que esta enfermedad suele ser más frecuente en el anciano, a la vez que subraya que el envejecimiento puede relacionarse con una disminución de la sensación de apetito que, entre otros condicionantes, puede ser un factor de riesgo de desnutrición. "La prevalencia de este síntoma es muy difícil de estimar debido a la inespecificidad y la dificultad de medición del mismo. Por tanto es complicado conocer con exactitud el número de personas que lo padecen", apostilla.

 

EL PELIGRO DE LA DESNUTRICIÓN

 

Con ello, sostiene que las situaciones de desnutrición son "peligrosas" independientemente de las causas que las produzcan. La desnutrición produce un descenso de la masa muscular y de las estructuras de almacenamiento de energía. En el caso de la hiporexia, sobre todo en el anciano, López Gómez indica que esta desnutrición suele ser "muy insidiosa" con lo que, a veces, no se detecta tan pronto como sería preciso. "La detección temprana de la desnutrición puede ayudar en su tratamiento y en la prevención de complicaciones", apostilla.

 

López Gómez detalla que el tratamiento de la hiporexia se realiza mediante:

 

- Modificaciones higiénicas de la alimentación: Evitar las distracciones durante las comidas, tomarse el tiempo adecuado para comer. Intentar no estar en el lugar donde se cocina mientras se realiza la comida, aprovechar el momento de mayor apetito para comer.

 

- Modificaciones del contenido de la alimentación: realizar múltiples ingestas a lo largo de día de poca cantidad, incrementar la densidad calórica de las comidas, consumir los alimentos que apetezcan más, intentar consumir los alimentos a temperatura ambiente (que no mantengan temperaturas muy extremas), usar los condimentos en la alimentación, pero sin abusar para evitar sabores extremos.

 

- Fármacos estimulantes del apetito ('orexígenos'): En el caso de que las medidas previas no funcionen se pueden utilizar algunos fármacos para intentar aumentar el apetito, pero su eficacia es limitada.

 

Sobre cuándo acudir al especialista, el miembro de la Sociedad Española de Endocrinología ve preciso ir al médico siempre que se observe una disminución de apetito con una ingesta disminuida mantenida en el tiempo, sobre todo si se asocia a una pérdida de peso importante sin una causa justificada.

 

"Es necesario detectar de manera precoz las situaciones de disminución de apetito, sobre todo, en aquellos grupos de riesgo como el anciano y en aquellas patologías que pueden condicionar una mayor desnutrición como el paciente oncológico. Esta detección precoz y las medidas orientadas a tratarla puede prevenir la desnutrición en estas personas", sentencia.

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