¿PEATONALIZAR LA CALLE DE SAN SEGUNDO?

Calle San Segundo en la capital abulense

Por Julio Collado

La tendencia actual en la mayoría de las ciudades de nuestro entorno consiste en devolver las calles y las plazas al peatón al tiempo que se dificulta el acceso al coche privado. Ciertamente, el automóvil con una propaganda agresiva ha colonizado no sólo los espacios físicos, antes reservados a los viandantes, sino las mentes de casi todos. Tener dieciocho años y tener un coche lo más güay posible era y es el sueño de libertad y de éxito social que vendían y venden los fabricantes de coches.

 

Hoy, una conciencia ecológica que va calando poco a poco y un concepto de salud que implica más ejercicio físico y más aire puro, va imponiendo cambios en los usos y costumbres de los ciudadanos. ¿Quién no extrañaría entrar a la consulta médica y ser recibido por un doctor fumando? ¿Quién no protestaría si paseara hoy por la calle Reyes Católicos o por el mercado Chico y le pitaran permanentemente los coches? Pues, estas dos situaciones eran lo normal hace bien pocos años.  


Como se ve, las situaciones cambian y en eso precisamente consiste el progreso. El paisaje de la ciudad debe tener como primer objetivo facilitar la vida de sus habitantes, las personas. El coche privado ocupa mucho espacio, produce mucho ruido, mucho CO2 y mucho gasto. Debe usarse lo imprescindible en la ciudad y usarse para lo que se inventó: para trasladarnos de una ciudad a otra. Pero, como existen los coches y los peatones, una buena política municipal consiste en hacer compatible a unos y otros para que la convivencia no se resienta.


    Una de esas políticas consiste en ir peatonalizando, poco a poco pero con un Plan General a largo plazo, las calles que más presencia peatonal tienen. En Ávila, ciudad pequeña y patrimonial, en la que las distancias son tan cortas, el preparar una calle o una plaza para uso exclusivo de las gentes que quieren mirar, comprar, pararse a charlar, dejar a sus niños a su aire sin peligro o sentarse en un banco a la sombra, no debería crear problemas. Debía ser bienvenido. Por eso, extraña la revuelta que ha ocasionado la peatonalización de la Plaza Teniente Arévalo y adyacentes, paso obligado de los grupos de turistas que van de La Santa a la Catedral.

 

Eso mismo debió hacerse con la Plaza del Corral de las Campanas. Porque, adónde conducen , en uno y otro caso, los pequeños y tortuosos recorridos en coche para no poder aparcar casi nunca? Y, aunque no todo es dinero ni mucho menos, el turismo es una fuente económica imprescindible a falta de industria y de habitantes autóctonos.  


En fin, también la calle de San Segundo debe ser peatonal.

 

Pasear por ella en una tarde de verano se hace difícil y, muchas veces, peligroso por la invasión de las terrazas y de los coches. Esta invasión viene de antiguo pues, ya en el siglo XVI, fue invadida por la Iglesia que construyó la excesiva escalera que permanece hoy todavía. para acceder a la capilla de san Segundo. Y sin embargo, nadie dudará de que actualmente es la calle más viva de la ciudad: allí recalan los que quieren subir a la Muralla o informarse sobre la ciudad; por allí pasan los muchos andarines que rodean el anillo de la Muralla y a quienes gustaría unir la belleza del Jardín de Prisciliano con la tranquilidad de la calle sin coches; allí disfrutan de una buena tapa los que prefieren tomar algo mientras charlan o admiran las cigüeñas en su esbelto equilibrio en los pináculos de la catedral. ¿Qué pintan allí los coches pasando permanentemente? Mejor, colocar algunos bancos más.


¿Cuál puede ser la alternativa? Cambiar la entrada al aparcamiento del Grande. Sería menos costosa y más fácil para el que no conoce la ciudad, si se hace rodeando el anillo de la Muralla y se sube por la calle Bajada del Peregrino.

 

Este nuevo itinerario tiene la ventaja añadida de evitar la agresión permanente por los ruidos, las vibraciones y el CO2 que producen los muchos coches que pasan pegados a la Muralla en un lugar tan sensible como el Cimorro. Sólo quedaría completarlo con una una buena solución peatonal en la unión entre el Paseo y el Jardín del Rastro que tuviera en cuenta la necesaria escalera mecánica en la cuesta adyacente.

 

Finalmente, esta solución lograría un mayor uso, hoy raquítico aunque bastante barato, del aparcamiento del Rastro. Los conductores se darían de bruces con él antes de llegar al del Grande que está a unos cuantos metros, que es más caro y que no debió construirse. ¡Qué sinsentido fue el meter los coches en el centro de una ciudad Patrimonio de la Humanidad!  


En fin, como no soy experto en estas lides, quizás esta opinión pueda parecer un tanto equivocada. Pero, si sirve para repensar el tráfico en la ciudad y mover al debate, ya es algo.