Osorio pone la Liga patas arriba y acerca al Pucela a la salvación (1-1)

Los jugadores del Real Valladolid celebran el tanto de Osorio. BORIS GARCÍA
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En un partido más bien soso, en el que ni Madrid ni Valladolid dieron la talla, el colombiano se anticipó a todos en un córner en el minuto 85 para igualar el genial tanto de falta de Ramos en el 34.

FICHA TÉCNICA.

 

RESULTADO: REAL VALLADOLID, 1 - REAL MADRID, 1. (0-1, al descanso).

 

ALINEACIONES.

 

REAL VALLADOLID: Jaime, Rukavina, Valiente, Mitrovic, Peña, Álvaro Rubio, Pérez (Baraja, min.82), Jeffren (Osorio, min.74), Óscar (Larsson, min.64), Bergdich y Javi Guerra

 

REAL MADRID: Casillas; Nacho, Pepe, Ramos, Coentrao; Xabi Alonso, Modric, Di María; Isco (Illarramendi, min.73), Benzema (Marcelo, min.77) y Cristiano (Morata, min.8).

 

GOLES:

 

0 - 1, min.35, Sergio Ramos.

 

1 - 1, min.85, Osorio.

 

ÁRBITRO: Gil Manzano (C.Extremeño). Amonestó a Bergdych (min.26), Mitrovic (min.89) y Baraja (min.92) en el Valladolid. Y a Isco (min.27), Morata (min.61), Illarramendi (min.76) y Pepe (min.80) en el Real Madrid.

 

ESTADIO: Nuevo Zorrilla. 22.013 espectadores.

La Liga y el descenso se ponen patas arriba. Y todo gracias al gol de un ‘Zorrito’ Osorio que fue lo bastante listo para colarse entre la defensa madridista en un córner en el minuto 85, cuando todo parecía perdido para un Valladolid, vendido merced de un gol de Sergio Ramos de falta directa en la primera mitad. Con esta igualada, los blancos se complican la Liga y el Pucela escapa de las zarpas del descenso momentáneamente.

 

Si hay algo que hay que alabar de este Real Valladolid que dio la campanada, fue la entrega y garra que mostró durante ciertos momentos del choque, sobre todo al final, cuando más pintaban bastos. Salieron serios los de Juan Ignacio Martínez al comienzo, con mordiente arriba y ordenados en defensa, detalle que no había sabido pulir el técnico en 36 partidos de Liga. Entre eso y la apatía de los jugadores del Madrid, que encima se quedaron sin Cristiano tras diez minutos de partido al resentirse de su lesión, el Pucela comenzó a gozar de ocasiones que, todo hay que decirlo, tampoco fueron muchas o muy claras.

 

Óscar demostró lo que lleva demostrando toda la temporada, y es que ni está ni se le espera en este tramo final. Guerra, también en su línea, demostraba al menos estar peleón aunque no tuviera demasiado que llevarse a la boca. Y el resto de la plantilla, a un nivel aceptable que permitía dar la cara ante nada menos que 22.000 aficionados en una calurosa noche en Zorrilla.

 

Pero poco a poco, mientras los merengues seguían a sus cosas como si el partido no fuera con ellos, el Pucela comenzó a disolverse como un azucarillo sobre el césped de Zorrilla. La euforia inicial dio paso a un conformismo que hizo temer lo peor en la grada. Y más cuando Ramos daba con la clave de su quinto gol en los últimos cuatro partidos en una portentosa falta ante la que Jaime pudo hacer bastante más. En eso quedaba una primera mitad sin más historia. Se cumplía lo previsible, pero con un guion más bien “light”.

 

La vuelta de vestuarios fue otra historia… y a la vez la misma. Mitrovic y Valiente se mostraban contundentes atrás, mientras JIM trataba de buscar alternativas que parecían poco efectivas. Hasta que salió Osorio. Esa fue la clave del partido. Los blancos merodeaban por el campo sin Bale, Cristiano, ni nadie que fuera capaz de sacar las castañas del fuego.

 

Y fue entonces cuando se lo creyó todo el mundo. Irse de vacío no era una opción, por mucho que se hablara de ‘bola extra’ para el Valladolid en este partido, para un equipo que se está jugando el descenso. La afición y el equipo se vinieron arriba juntos de la mano y comenzó el acoso del Pucela. Primero Guerra. Luego Peña. Y después, Osorio.

 

Sí, Osorio. Tras el acoso suele llegar el derribo, y el colombiano, en segundo plano todo el año, siempre que juega demuestra que cumple. Se hace extraño pensar que el delantero es la tercera opción arriba por detrás de Manucho, pero el fútbol muchas veces no entiende de lógica. Tampoco para un JIM que al menos sí tuvo el acierto de sacarle a tiempo.

 

En esas, con la grada entregada y el Pucela echado arriba, llegó el córner. Cabecita y para adentro. En Colombia no se complican la vida. Era la igualada que daba recompensa a la insistencia de los locales.

 

Los pocos minutos restantes se convirtieron en un correcalles. Bien podría haber ganado el Valladolid o bien el Madrid. Pero no hubo tu tía. Larsson desperdició un uno para tres ante Pepe, los merengues desperdiciaron un par de jugadas a balón, a la vez que el público enloquecía y Gil Manzano se liaba a amarillas. Pero no hubo más. La Liga difícilmente será blanca y la salvación quizá sí blanquivioleta.

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