Memoria agradecida

Miguel Sánchez Herrero

Por Auxi Rueda en homenaje a Miguel Sánchez Herrero.

Dicen que escribir ayuda a sanar heridas. No lo tengo muy claro. Hay heridas cuyo dolor puede mitigarse, pero no terminan de cerrarse por completo. Al menos es posible que estas líneas sirvan para perpetuar tu recuerdo. ¿Homenaje? Llámalo como quieras. Yo prefiero pensar que es una memoria agradecida. Porque sí, es verdad que siempre me regañabas cuando te daba las gracias por tu ayuda, por tu trabajo y disponibilidad. Pero ya sabes que soy muy cabezota y seguía agradeciéndote todo lo que hacías. Continúo haciéndolo, y creo que nunca será suficiente para reconocer todo lo que hiciste. Sí, ya sé que siempre parece que tenemos que esperar a que se vaya alguien al cielo para reconocer su valía y decir lo bueno que era. Pero tú y yo sabemos que siempre traté de expresarte el cariño que llegué a tenerte en tan sólo dos años desde que nos conocimos. Con palabras y muchos emoticonos de whatsapp, de esos que compartíamos varias veces al día.


¡Tenías tanta ilusión por este V Centenario…! Siempre me decías que era una oportunidad histórica para Ávila, y que estabas feliz por ser, de alguna manera, parte de él. Yo te digo de qué manera: siendo su reflejo. Ponías tanta pasión en tus trabajos que captabas como nadie la esencia de cada momento, esos detalles especiales que sabes que tanto me gustaban de tus fotografías, la luz que irradiaban tus imágenes. Y siempre comedido, con un respeto infinito, sigiloso, siempre dando y ofreciendo. Siempre dispuesto. Había llegado un punto en el que, entre nosotros, no teníamos ni siquiera que explicarnos las cosas. Nos bastaba un gesto, un movimiento: yo te explicaba el desarrollo de un evento, y tú ya sabías qué es lo que te iba a pedir, los ángulos donde moverte, los detalles que debías captar. Teníamos tantos proyectos en común pendientes, tanto trabajo por hacer… Perdóname si, por este trabajo, alguna vez te exigí más de la cuenta, o te robé tiempo de estar con los tuyos.


¿Eres consciente de la que has liado en Ávila? Todos te querían. Todos. Porque ayudaste a unos y otros, sin pedir nada, NADA, a cambio. Nos has dejado un vacío muy hondo, porque hemos perdido a un gran profesional, pero, sobre todo, el mundo ha perdido una gran persona. Y, en estos momentos de tanta tristeza, siempre hay que mirar ese lado positivo de las cosas, y amarrarnos al legado que nos dejas. Y no, no me refiero a tus fotos y vídeos, que hacías con tanto cariño y dedicación. Gracias a ti he descubierto que todavía hay gente que disfruta de su trabajo y que pone todo el corazón en lo que hace. Gracias a ti me he dado cuenta del verdadero significado de la entrega al otro sin condiciones, de la generosa disposición a compartir, a ayudar, a vivir. Y gracias a ti he podido ver de cerca el amor incondicional de una familia de bandera, de esas que quedan pocas. ¿Ves? No puedo parar de decir gracias. Tendrás que perdonarme de nuevo.


Y sólo me queda eso: tu recuerdo en forma de imágenes, esas que compartimos con el mundo entero en esas redes sociales que tan bien sabías utilizar. Llevo días viéndolas, y me he dado cuenta de que, entre todas ellas, no llegamos a hacernos ningún “selfie” juntos. Curioso, ¿no? Queda pendiente. Ahora, amigo, descansa tranquilo, que te has ganado el estar disfrutando del Cielo. Ahora quizá nuestra Santa te pueda decir si le gustaban más los retratos que hiciste de ella que aquel en el que Fray Juan de la Miseria la sacó “vieja y legañosa”. Dile de mi parte que jamás usabas Photoshop, porque no te hacía falta para captar la belleza y el sentimiento. Y quédate tranquilo: aquí abajo cuidaremos de Rocío, de Sergio y de Nacho, que han perdido a un marido y a un padre, pero han ganado un ángel protector.


Hasta siempre, Miguel. Como dice el último whastapp que compartí contigo: “GRACIAS. Por todo”.


Auxi Rueda