Más de un centenar de piedras dan vida a la exposición de Ibarrola en Garoza

Ibarrola en Garoza. Fotografía Teresa Ormazabal Artetxe.

La obra se encuentra repartida por casi doce hectáreas de superficie arbolada ubicada en la margen derecha del Valle del Amblés.

Ibarrola en Garoza es un proyecto de arte y naturaleza concebido y desarrollado por el pintor y escultor vasco Agustín IbarrolaEl artista desarrolla en esta obra un tratamiento integral del paisaje de la dehesa, estableciendo un diálogo íntimo y profundo entre su leguaje pictórico de vanguardia y la piedra berroqueña, las encinas, la luz y la historia del lugar.

 

El resultado es un sorprendente conjunto compuesto por 115 piedras de grandes dimensiones dotadas de diferentes significados y adecuadas a la visita pública mediante senderos y distintos soportes interpretativos.

 

El trabajo que Ibarrola desarrolla en Garoza está concebido para que el visitante no permanezca como un espectador pasivo “en frente de” la obra, si no para que de alguna manera “forme parte de “ la obra, caminando entre las masas de granito, rodeando las piedras y observándolas desde distintas posiciones. De esta manera se perciben las relaciones entre las diferentes piedras y entre estas y el resto del paisaje.

 

En palabras de Agustín Ibarrola, “las piedras tienen formas; las formas sugieren siempre un tratamiento geométrico, el tratamiento que la puedes dar por sus huecos, por sus volúmenes, por sus planos… son piedras rotas, abiertas. No se pueden ver de un solo vistazo.”.

 

Respecto al contenido e interpretación de la obra, Ibarrola continúa en Garoza con la investigación en torno al espacio, la geometría y las interacciones entre positivos y negativos que ha desarrollado a lo largo de toda su carrera artística.

 

De esta forma, la piedras se conforman como grandes pinturas abstractas de tres dimensiones que el propio artista deja abiertas a la interpretación:

 

“Yo estoy convencido que el artista, el creador no haría bien en poner títulos: la historia de una creación se dirige a sensibilidades distintas y cada sensibilidad interpreta y debe interpretar con más matices o con matices diferentes… cada piedra tiene su identidad llena de posibles interpretaciones”.

 

Los antecedentes de Garoza hay que buscarlos en otras intervenciones en el paisaje que ya había realizado Agustín Ibarrola y que denomina como la serie “Bosques” que arrancó en el Bosque de Oma (Kortezubi, Bizkaia), realizado entre 1983 y 1987, y continúa con obras como Las Piedras de Arteaga (Bizkaia), El Bosque de O Rexo (Allariz, Orense), El Bosque de Olmos Secos (Salamanca) o Los Cubos de la Memoria (LLanes, Asturias).

 

A diferencia de otras intervenciones en el paisaje, la obra que desarrolla en la dehesa castellana no cuenta con equipo de colaboradores, si no que el artista conceptualiza y ejecuta todo el proyecto en un diálogo íntimo entre artista y naturaleza.

 

Piedras pintadas en la dehesa de Garoza. Fotografía Fundación Asocio.

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