Manuel Vicente de UPyD “Lo mire por dónde lo mire, a más intermediarios, más costes”

La Junta de Castilla y León baraja un modelo de organización territorial que, aún  pactado por PP y PSOE, convence a muy pocos porque, en vez de simplificar la organización actual, conserva y añade intermediarios a un modelo obsoleto e ineficiente cuyo fin último parece ser  el mantenimiento de estructuras opacas y clientelares -“chiringuitos”- en que colocar a sus conocidos.

Por ello, UPyD en Castilla y León ha elaborado una propuesta alternativa de organización territorial que trata de abordar el problema en toda su dimensión para encontrar soluciones definitivas y lograr un municipalismo más eficaz, viable y democrático. Porque ya son demasiados los ejemplos – rescates bancarios, continuos recortes, reforma laboral o corrupción- que nos muestran que los problemas no se solucionan con parches. 

 

La preocupación del vicesecretario de Política Local y Autonómica del PP de Ávila, J.L. Valverde, por la reducción de concejales y la pérdida de puestos de trabajo, que supondría la propuesta de UPyD, evidencia las reticencias del PP a eliminar estructuras caciquiles como las diputaciones, instituciones que, más que asistir a los pueblos, acaparan todas las capacidades técnicas, incluso aquellas básicas que deberían tener los municipios para poder elaborar sus presupuestos, presentar cuentas o dar soluciones inmediatas a las demandas de sus vecinos, entre otras muchas.

 

Lo que no dice el Sr. Valverde es que el modelo de ordenación de la Junta de Castilla y León, además de mantener las diputaciones, añade niveles a una estructura administrativa ya mastodóntica que, en vez de generar ahorro para prestar mejores servicios al ciudadano,  perpetúa el despilfarro de dinero público para costear sus propios gastos de funcionamiento.  La ecuación es fácil, cuanto más dinero se queda por el camino, menos dinero llega al ciudadano. Cuántos más niveles interpongamos entre el regional y el local,  menos poder de decisión, menos recursos, capacidades y servicios tendrán los municipios pequeños. En esas condiciones, el mundo rural difícilmente podrá ni mantener ni atraer población.

 

La existencia de administraciones intermedias, cuyos dirigentes políticos no son elegidos directamente por los ciudadanos, tampoco redunda en mejorar la calidad democrática, la transparencia y la confianza en unas instituciones sobre las que, en demasiadas ocasiones, se cierne la sospecha de actuar como agencias de colocación de incondicionales de los partidos de turno.

 

La agrupación municipal planteada por UPyD reduce los niveles administrativos a tres -estatal, regional y local- una fusión puramente administrativa acometida exitosamente por muchos países europeos desde finales de los 50 y que no significa que los pueblos desaparezcan. Propicia la formación de ayuntamientos cercanos y capaces de gestionar sus competencias directamente. Reduce el actual número de alcaldes y  concejales -cuyo altruismo y dedicación son sin duda encomiables pero poco pueden hacer para dar solución a los problemas de sus conciudadanos careciendo de medios económicos y técnicos- y potencia la creación, en cada localidad, de  puestos cualificados de trabajo mediante concurso público y no a dedo. Así, si se potencia un municipalismo real para acelerar el desarrollo del  ámbito rural.

 

No se engañe Sr. Valverde, lo que el ciudadano quiere no es que se mantenga el número de políticos sino que los políticos que  elige para que le representen tengan capacidad real para  solucionar sus demandas. Se trata de preocuparse más por la calidad de vida de la gente y menos por los votos. Pero, si de verdad cree que el ciudadano no lo ve así, cuando quiera le emplazo a que mantengamos un debate público para confrontar la propuesta de ordenación territorial del PP y la de UPyD.