Los Juegos del Medio Ambiente, los refugiados y la paz

La ceremonia de inauguración fue un alegato en defensa del Planeta y un clamor en favor de unir lazos entre las personas para hacer de la tierra un lugar mejor.


 

La realidad política que vive Brasil no quedó tampoco fuera de la ceremonia de inauguración. Los aplausos, jolgorio y diversión quedaron a un lado cuando el presidente de la nación Michel Temer (quien ha asumido el cargo tras la suspensión de Dilma Rousseff) tomó, de forma breve, la palabra para dar por inaugurados los juegos. En ese momento el público concentrado en Maracaná dedicó la única pitada de la noche.

Si por algo pasará a la historia la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro 2016 será por su ferviente alegato en favor de cuidar nuestro Planeta y a los seres que en él habitamos. Lejos de la espectacularidad de galas pasadas, como Londres 2012 o Pekín 2008, Brasil hizo un ejercicio de sobriedad con un presupuesto más ajustado para traer al primer plano algunos de los más graves problemas que acechan a nuestra sociedad global.

 

El espectáculo de apertura fue una muestra de responsabilidad medioambiental en el que se pusieron sobre el verde del estadio olímpico de Maracaná las consecuencias que traerá el calentamiento global a los diferentes puntos de la geografía mundial. Los gráficos sobre la destrucción que traerá para ciudades como Lagos (Nigeria), Dubai, o la propia Rio la subida del nivel del mar se alternaban con una historia enfocada esencialmente en la naturaleza, y en la necesidad de preservar esta. 

 

Los guiños ecologistas se mantuvieron durante toda la ceremonia ya que, por ejemplo, cada país portaba una semilla que después de los Juegos será plantada en Rio con la idea de que ese incipiente bosque permanezca como legado olímpico para la ciudad. Gestos que incluyeron también un pebetero olímpico que reduce las emisiones de gases contaminantes y un final en el que los aros olímpicos se construyeron con árboles, en el centro del estadio.

 

EL PÚBLICO OVACIONÓ A LOS REFUGIADOS

 

La ceremonia inaugural también se volcó como ninguna otra con los problemas sociales que asolan la Tierra. La necesidad de alcanzar la paz en todas las regiones fue una constante a lo largo del acto, y tuvo sus momentos más emocionantes con el desfile de las delegaciones y los posteriores discursos. El público de Maracaná recibió con la mayor ovación de la noche (con excepción de la dada a los propios atletas brasielños) a los diez deportistas que forman, por primera vez, una selección de refugiados bajo pabellón olímpico.

 

 

El propio presidente del Comite Olímpico Internacional Thomas Bach reconoció el papel de esos diez individuos que representan a más de 65 millones de personas, según ACNURobligadas por la guerra o la hambruna a huir de sus hogares. Procedentes de Siria, Etiopía o Sudán del Sur, entre otros, participarán en modalidades de natación, atletismo y judo.

 

Además la ceremonia de inauguración, que se prolongó hasta las 4:58 (hora española) de la madrugada del sábado 6 de agosto, reconoció con el laurel olímpico la labor social que realiza el ex medallista Keino Kipchoge. El keniata, oro en 1.500 en México 68 y en 3.000 obstáculos en Munich 72, ha fundado en su país natal una escuela que contribuye a dar alimento y educación a los niños de la región. "La educación es un arma que no destruye, sino que crea paz", defendió Kipchoge en su discurso, de nuevo un ferviente alegato sobre la necesidad de unir lazos y colaborar entre las personas sea cual sea su lugar de procedencia.