Los Cursos de Verano de la UNED, un reclamo económico para Ávila y El Barco

Castillo de El Barco de Ávila

La asistencia de decenas de alumnos que acuden a los seminarios de tres o cinco días supone un atractivo formativo y turístico para ellos que repercute de forma destacada en los establecimientos de hostelería y los comercios de cada uno de estos lugares que ven cómo aumentan sus ocupantes durante unos días.

Sólo en la Oficina de Turismo de El Barco de Ávila, situada en el espacio cultural de la Fundación Caja de Ávila, las consultas realizadas por los cursillistas suponen “más del treinta por ciento” de las habituales que se registran en julio, según los datos facilitados por la responsable de la oficina, Rocío Heras.

 

Es una “fecha importante” para la localidad, apunta Rocío Heras, quien señala que los Cursos de Verano que se vienen celebrando desde 2006 en este municipio de cerca de 3.000 habitantes situado junto a la Sierra de Gredos se han convertido en “un reclamo importante” para la población.

 

Así, los más de 550 participantes que participaron el año pasado en los Cursos de Verano celebrados en Ávila y El Barco de Ávila realizaron, según estimaciones de la Fundación Cultural Santa Teresa, entidad dependiente de la Diputación de Ávila que colabora en la realización de los cursos, un gasto medio por alumno y profesor de 300 euros, lo que arrojó una cifra cercana a los 225.000 euros.

 

Intereses


A modo de ejemplo, sólo a la semana y media de comenzados los cursos en El Barco de Ávila, “más de sesenta personas relacionadas con los cursos” habían realizado alguna consulta en la Oficina de Turismo. Zonas de baño, pueblos con interés patrimonial y sitios para comer han sido las cuestiones por las que más han preguntado, seguidas de lugares a los que poder realizar excursiones.

 

“En las plazas hoteleras se nota mucho”, afirma la responsable de la Oficina de Turismo, mientras que José Manuel Mena, propietario de La Vinoteca y Alimentación Manuel Mena, de El Barco de Ávila, destaca la importancia de la celebración de los cursos porque suponen el desplazamiento de cientos de personas al municipio.

 

Su importancia radica, según José Manuel Mena, en el hecho de que los asistentes a los cursos no sólo participan en las conferencias y sesiones de cada seminario sino también en que se alojan y consumen en el municipio.

 

“Los participantes compran en El Barco de Ávila y no sólo obsequios para llevarse como recuerdo, sino que también consumen en tiendas, bares y restaurantes”, además de que “muchos” vuelven con el tiempo y se convierten en visitantes asiduos de la zona.

 

En los últimos años, además, se ha notado, según José Manuel Mena, una evolución en el número de participantes, de modo que los cursos “se van consolidando”.

 

El desarrollo de estos cursos ha llevado, de hecho, a que muchos establecimientos hoteleros realicen precios especiales para los cursillistas y no sólo de El Barco de Ávila, como el Hotel Real Ávila Gredos, sino también de otras localidades cercanas, como el Centro de Turismo Rural La Galamperna, en La Nava del Barco, a escasos diez kilómetros.

 

No es de extrañar que en algunos casos la afluencia de los participantes en los cursos suponga en torno al diez por ciento de la ocupación hotelera de los establecimientos en esta época del año, según las estimaciones realizadas por algunos de ellos.

 

“Van entendiendo que la zona es buena y que a la hora de celebrar cursos es muy interesante venir aquí”, incide José Manuel Mena, quien destaca, entre los más demandado por los visitantes, los productos típicos, como las Judías de El Barco o el chocolate artesanal que se elabora en el municipio, seguidos de la sidra y otros dulces de la zona.

 

“Quien viene a hacer un curso después suele repetir con la familia o amigos” y se alojan en hoteles y casas rurales, añade, incidiendo en que “cuantos más cursos se hagan y más participantes vengan mucho mejor”.