Los cementerios están llenos de vida

El Ayuntamiento de Ávila organizó ayer, coincidiendo con la entrada del verano y el día más largo del año, su segunda ruta cultural por el cementerio de Ávila. Un año más ha sido un éxito de público encantado de conocer lo que tienen que contarnos las piedras y los que en este lugar descansan

Muchos abulenses quisieron pasar la noche del cambio de estación en el cementerio de Ávila conociendo curiosidades sobre los sistemas de enterramiento, sobre los personajes famosos o sobre los símbolos de las tumbas.

 

Y es que como nos contaba uno de los guías de esta edición los abulenses tenemos una relación muy especial con la muerte. Hay ciertos puntos en la ciudad en la que se reúnen para ver “el parte de bajas del día” y comentar cosas del estilo “qué bueno era”, “pobre hombre/mujer”, “no sabía que estaba enfermo”……y en un momento nos enteramos de a qué familia pertenecía, qué había hecho, etc., etc. etc.

No me gustan los cementerios, nunca me han gustado, pero a lo mejor es que acudimos a ellos con pena y por “obligación”, es decir, sólo cuando se muere un familiar o persona cercana, y en esos momentos no reparamos en la cantidad de cosas que tienen que contarnos esas piedras y todas las personas que allí reposan.

 

La visita estaba dividida en tres partes, la primera de ella “Piedra y recuerdo” se centró en explicarnos los diferentes tipos de enterramientos que se han realizado a lo largo de la historia, todos ellos cargados de simbología y cuyo fin último era recordar a los que se había ido.

 

Son muchos los interrogantes que nos surgen entorno a los cementerios y muchos de ellos sin respuesta porque “nadie ha vuelto para contarlo”.

En Ávila podemos contemplar cementerios vettones, romanos, árabes y cristianos. Podemos ver tumbas en el suelo, “normales” y tabicadas, nichos o columbarios, y algún que otro panteón de “familias de rancio abolengo” como dice la canción. O el crematorio, una costumbre que data de la época de los vettones

 

El cementerio de Ávila se abrió en 1890, pero antes de este ha habido otros lugares donde enterrarse como dentro de las iglesias o pegados a los muros de las mismas, e incluso los caminos. Además, los niños que fallecían tenían una zona especial reservada para ellos porque no iban al cielo sino al limbo, lugar que ya no existe por decisión de Benedicto XVI.

 

La segunda de las rutas “familias y linajes” nos llevo por la parte central, la más “rica” del cementerio en cuanto al tamaño de las sepulturas y a la arquitectura de las mismas. Los Sánchez Albornoz, los Caprotti, Aranguren, Vallespín, y varios marqueses cuyos títulos eran de privilegio, es decir, lo habían recibido por aportar dinero a obras de caridad.

 

Muchos de ellos no murieron en Ávila pero dejaron por escrito que querían descansar aquí, será que la distancia de Ávila al cielo o a dónde cada uno considera está más cerca desde aquí.

 

Llama la atención que varios ilustres como la Duquesa de Valencia o Alfonso Querejazu, personajes importantes para la ciudad de Ávila se enterrarán de una forma muy sencilla, cuando tenían bienes y posesiones en vida u ocuparon una posición privilegiada en la cultura e historia no sólo de Ávila sino también de España.

La última de las rutas se centró precisamente en Alfonso Querejazu, un intelectual de origen boliviano pero que pasó los últimos 20 años de su vida en Ávila. A él le debemos, entre otras muchas cosas, las conversaciones político religiosas de Gredos que se consideran un germen de la transición española.

 

Desde ayer me gustan más los cementerios porque podemos descubrir entre sus muros historias maravillosas de las que no nos había percatado hasta ahora.

 

Si no pudisteis ir os dejo un documento “In memoriam” que nos cuenta muchas de esas historias.

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