Leopoldo Strauss: "Un país se debe a su gente y su cultura, no a un mesías"

Escribo desde Madrid (España), llevo 7 años en este país y me he sentido acogido como se sintieron alguna vez los inmigrantes en Venezuela, con las puerta abiertas y todas las oportunidades para surgir y salir adelante con mucho optimismo y mucho esfuerzo.

Lo digo porque en la actualidad eso ya no es posible en la Venezuela de ahora, llena de emigrantes que buscan un futuro mejor en otros destinos con mejores oportunidades. Y creo firmemente en los derechos fundamentales de cada persona entre ellos el derecho a la vida y el derecho a la libertad sobre todo de pensamiento.

 

El primer derecho ha sido totalmente evadido por el presidente desde que llegó al poder y creo que mas por conveniencia que por negligencia. El problema de la inseguridad no solo ha empeorado, es que ha llegado a limites incalculables de asesinatos, secuestros, extorsiones, robos y todo ello con una impunidad y una permisividad absoluta por parte del gobierno como manera de mantener en miedo a la población. Un pueblo asustado es un pueblo que no protesta o no lo suficiente, por eso digo que con complicidad.

 

El otro derecho vulnerado es el de la libertad de expresión. Siempre he pensado que si el gobierno chavista era tan bueno podría soportar y rebatir cualquier critica, pero no ha sido el caso, prácticamente no existe libertad de pensamiento ni disentimiento, la pluralidad prácticamente desapareció, se esfumó del panorama nacional, sin críticas a un gobierno que de haber sido bueno podría rebatir las ideas con facilidad.

 

Los otros derechos simplemente fueron un poco mejor pero no con respecto al inmenso capital económico de las dádivas petroleras, en pocas palabras migajas con lo que complacer y acallar al pueblo ignorante. Ignorancia que por cierto fue cubierta con un adoctrinamiento con educación de tercer nivel muy por debajo de los niveles de estándares internacionales, sobre todo con la oportunidad perdida de tantos ingresos recibidos a lo largo de tantos años.

 

Por último el balance de poderes que ha sido prácticamente aniquilado por un solo poder absoluto que decide el destino de tantas personas, favoreciendo a pocos y perjudicando a muchos. Un presidente electo lo es de todo un país, no de una parcialidad política que solo apoye sus ideas. Por eso quedará como el presidente de la división y la confrontación, y no por negligencia sino por voluntad expresa de perjudicar a una parte del país al cual estaba gobernando.

 

Un país se debe a su gente y su cultura, no a un mesías que nadie a elegido como tal. Solo deseo que a partir de ahora después de 14 años de mala gestión y mal gobierno y sobre todo mucha corrupción se vea ahora un ápice de esperanza en el pueblo venezolano de salir de tanto oscurantismo y atraso para poder entrar y competir en el siglo XXI.

 

*Leopoldo Strauss es un venezolano residente en Madrid