“La vida a veces” es un folio en blanco

Carlos del Amor presentó hace unos días en Ávila su libro “La vida a veces” y he querido hablar de él como colofón al Día del Libro.

La verdad es que fui a la presentación de “La vida a veces” a título personal y no como periodista, aunque al final acabé grabando su voz (cosa que no suelo hacer) y tomando notas, porque Carlos del Amor me atrae desde hace años, profesionalmente hablando. Allí descubrí que nuestras vidas se cruzaron hace ocho años, sin saberlo, a través de la pequeña pantalla.

 

Porque cada vez que escucho su voz, fuerte y al mismo tiempo delicada, con un toque diferente entre risueño, incrédulo e irónico me doy la vuelta y dejo todo lo que esté haciendo porque “las historias mínimas” que nos cuenta siempre acaban siendo grandes historias.

 

Me gusta mucho su visión de la vida, de las pequeñas grandes cosas, de cómo algo que para otros pasaría desapercibido él lo convierte en algo fantástico, que te dan ganas de verlo completo, porque como nos dijo a todos los allí presentes “cuando veo una película la quiero ver hasta el final para sacar mi píldora de la realidad”.

 

Y es que su punto de vista diferente hace que los espectadores pensemos, “porque sería muy aburrido que todos contáramos las cosas igual”. En el libro “La vida a veces” Carlos nos acerca veinticuatro historias, “algunas de las que han quedado olvidadas en el cajón, que en su momento no te sale escribir en un folio en blanco” y otras se las ha ido encontrando.

 

Pero son todas ficción, o mejor dicho “son realidad ficcionada”, es decir que de una historia real Del Amor empieza a buscar en el reverso y se inventa las cosas. A mí a veces me pasa lo mismo, voy por la calle o el metro y empiezo a imaginarme la vida de esas personas: esa mujer ha discutido con el marido, aquel chico acaba de enamorarse y no sabe como decírselo a esa persona, ese mueble tiene una historia que contar…, por lo menos esto me sirve para ver que no soy tan rara.

 

Y es que estamos acostumbrados a “grandes citas y grandes titulares y no nos  paramos a leer la vida”. Porque la vida está llena de despedidas y de reencuentros, “somos efímeros”, por eso, dice, le encanta ir al aeropuerto en Navidad o en fechas señaladas para dar vida a esas personas a través de su cámara, y ahora también a través de su libro.

 

Porque si hay algo que no ha perdido son sus ganas de experimentar, “te puedes equivocar, pero si eres fiel a ti mismo, no pasa nada. Puedes volar muy alto, pero el sol puede derretir tus alas y caer al suelo, pero eso también puede ser maravilloso".

 

A lo largo de sus ocho años de trabajo puede que haya realizado unos 1.000 reportajes; algunos le han marcado mucho y ha repetido en más de una ocasión con algunos personajes como José Hierro, José Luis San Pedro o Francisco Ayala, entre otros muchos. Y cuando más grande es la persona “mejor se suele comportar”.

 

También se siente atraído por ciertos lugares, y además del aeropuerto, le encanta buscar historias en la Real Academia o en el Museo del Prado, por la noche cuando no hay nadie “y los personajes salen de los cuadros”.

 

Pero su libro no termina con esas veinticuatro historias; al final hay unas páginas en blanco para que cada uno añada su historia particular, su visión de la vida y de las personas. Ya le han ido mandando algunas y está estudiando la posibilidad de darlas a conocer, de publicarlas en una web, aunque todavía no está decidido.

 

Entre las más bonitas está la historia de una abuelo que acaba de fallecer y su nieta ha escrito una historia sobre él. Le ha comprado el libro a su padre, pero no sabe que esas últimas páginas tienen como protagonista a su padre y a lo mejor también a él.

 

Todos podemos escribir nuestra propia historia, así que coged un folio en blanco y plasmad lo que queráis de la vida, de vuestra vida. Os podéis equivocar, pero lo bonito de la vida es que el tiempo te deja ir añadiendo más páginas en blanco.

 

Él dedica su libro a los que no se rinden, yo también.

 

Feliz Día del Libro