La revolución gastronómica de Valladolid se encuentra en la calle Alarcón

Después de que Carlos Misiego, propietario del ya clásico bar, decidiera ampliar el negocio con dos locales en la calle con mismo nombre, este no ha parado de crecer con sus clásicas tortillas y torreznos.

Hay una ruta, un paseo, un filón, llámenlo como quieran, que no puede faltar para los buenos amantes de la gastronomía en Valladolid. Bien es conocido por todos ellos, y lo lógico es haber pasado en más de una ocasión para degustar las deliciosas tortillas, torreznos u oreja dignos del más exigente de los comensales. Seguro que a estas alturas ya lo ha adivinado. Se trata de la calle Alarcón, con el bar y parrilla de mismo nombre, que triunfan gastronómicamente hablando en la ciudad.

 

El proyecto de Carlos Misiego fue arriesgado, pero certero. Y de hecho ya se ha consolidado como una parada obligatoria del tapeo y el buen comer en Valladolid. Todo comenzó hace ya unos cuantos años con la apertura del primer bar... y la cosa marchó tan bien, que se decidió a ampliarlo hace ya unos meses. Nada menos que tres locales en la misma calle, cada uno especializado en lo suyo.

 

Por un lado el bar del Alarcón, más bien cafetería, que sirve desde pequeños bocadillos hasta los clásicos embutidos, sardinas, quesos y patés, todo ello con el mimo que ello merece y que le han ensalzado ya como un clásico de Valladolid en esto del picoteo. Por otro lado, la parrilla, donde los gourmets degustan tortillas, tostas, chuletones o costillares, aprovechando la presencia de una majestuosa parrilla. La amabilidad y la cercanía en el trato de los camareros tampoco falta, claro, una necesidad para triunfar en la gastronomía.

 

¿Y el tercero? La terracita, en plena reforma, y que pronto sorprenderá con diferentes bocados a aquellos vallisoletanos que se decidan a pasar por una calle que bien podría tildarse como la de la revolución cocinera de Valladolid. ¿Se lo va a perder?