La gran mancha de Júpiter encoge, tal y como confirman nuevas imágenes

Júpiter

Científicos han producido nuevos mapas de Júpiter con imágenes del telescopio espacial Hubble que revelan cambios en la gran mancha roja que marca este mundo gigante por debajo de su ecuador.

Las nuevas observaciones están diseñados para capturar una amplia gama de características, incluyendo vientos, nubes, tormentas y la química atmosférica.

 

Estas imágenes de Júpiter han revelado una extraña ola justo al norte del ecuador del planeta y una característica filamentosa único en el corazón de la Gran Mancha Roja no vista anteriormente.

 

"Cada vez que miramos Júpiter, obtenemos pistas tentadoras de que algo realmente emocionante que está pasando", dijo en un comunicado Amy Simon, científica planetaria del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. "Esta vez no es una excepción."

 

Simon y sus colegas produjeron dos mapas globales de Júpiter a partir de observaciones realizadas con la cámara de campo ancho de alto rendimiento Hubble 3. Los dos mapas representan casi las dos caras del planeta, por lo que es posible determinar las velocidades de los vientos de Júpiter. Los resultados se describen en la revista 'Astrophysical Journal', disponible en línea. También se ha difundido un vídeo en 4k Ultra HD.

 

Las nuevas imágenes confirman que la Gran Mancha Roja sigue disminuyendo y se vuelven más circular, como lo ha estado haciendo durante años. El eje de esta tormenta característica es unos 240 kilómetros más corto que en 2014. Recientemente, la tormenta se había ido reduciendo a un ritmo más rápido de lo habitual, pero el último cambio es consistente con la tendencia a largo plazo.

 

La Gran Mancha Roja sigue siendo más naranja que roja, y su núcleo, que suele tener un color más intenso, es menos claro de lo que solía ser. Un filamento tenue abarca casi toda la anchura del vórtice. Este filamento gira durante todo el lapso de 10 horas de la secuencia de imágenes Gran Mancha Roja, siendo distorsionado por vientos que soplan a 150 metros por segundo o incluso mayores velocidades.

 

En el Cinturón Ecuatorial del Norte de Júpiter, los investigadores han encontrado una onda escurridiza que se había visto en el planeta sólo una vez, décadas antes, por el Voyager 2. En esas imágenes, la onda es apenas visible, y nada como fue visto la otra vez, hasta que la actual se encontró viajando a unos 16 grados de latitud norte, en una región salpicada de ciclones y anticiclones. Ondas similares - llamadas ondas baroclínicas - aparecen a veces en la atmósfera de la Tierra, donde los ciclones se están formando.

 

"Hasta ahora, pensamos que la onda vista por el Voyager 2 podría haber sido una casualidad", dijo el co-autor Glenn Orton del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena.

 

La onda puede tener su origen en una capa clara debajo de las nubes, y sólo se hace visible cuando se propaga hacia arriba en la cubierta de nubes, según los investigadores. Esta idea se apoya en la separación entre las crestas de las ondas.