La cuperosis es uno de los efectos secundarios más comunes del frío en piel

El frío también provoca sequedad y rojeces. 

En invierno la piel sufre cada día por los cambios de temperatura que ocasiona pasar del frío de la calle al calor que origina la calefacción en las casas, oficinas y establecimiento. Esta constante variación de temperaturas provocan continuas vasoconstricciones y vasodilataciones en la piel y la consecuencia es la aparición de capilares dilatados o cuperosis.

 

"La cuperosis es uno de los efectos secundarios más comunes del frío en nuestra piel", señalan desde la Clínica Ordás, que recuerda que este es uno de los problemas más comunes. "Se trata de pequeños capilares dilatados que forman como telas de araña especialmente en las mejillas y la nariz aunque pueden aparecer por todo el rostro", y se pueden eliminar "forma definitiva y sencilla" con láser en pocas sesiones, pero hay que mantener unos cuidados para evitar que vuelva a aparecer en otra zona.

 

Se localizan fundamentalmente en la nariz, pómulos y barbilla y puede afectar a cualquier persona aunque son más frecuentes en mujeres y en personas con la piel clara y sensible. "Se desconoce la causa que provoca su aparición pero sí que existen una serie de factores que la favorecen, como los cambios extremos de temperatura, la aplicación de corticoides, el abuso del tabaco, el estrés o la menopausia", señalan.

 

En el caso de decidirse por el laser, hay que tener en cuenta que el número de sesiones se decide en función de la cantidad de telangectasias y de cada piel, pero la media está entre 1 y 3, en intervalos de 30 días. Cada sesión dura unos 15 minutos y, tras la aplicación del láser, es normal que la piel quede un poco enrojecida e incluso puede aparecer algún pequeño hematoma, que se reabsorberá en pocos días y que se puede disimular con maquillaje.

 

LAS ZONAS MÁS VULNERABLES, LAS MÁS EXPUESTAS 

 

Además las bajas temperaturas acentúan otros problemas de la piel como las rojeces y la sequedad. Así, las pieles grasas sufren en menor medida que las secas porque poseen una capa hidrolipídica que la protege más adecuadamente de los factores climáticos adversos; mientras, en las pieles secas esta capa es más escasa por ello es más fácil el aumento de la sequedad producida por temperaturas bajas.

 

En ambos casos, recuerdan, "pero sobre todo en pieles secas, hay que programar una hidratación adecuada que recomponga esa capa hidrolípidica responsable de proteger la piel de los factores externos".

 

Por otra parte, avisan de que las zonas más vulnerables son las más expuestas, pero también aquellas donde la piel es más fina como el contorno de ojos y labios. "El hecho de que estas zonas se resequen más durante esta época es porque el tipo de piel que rodea los ojos y sobre todo la de los labios es de una especial sensibilidad", añade,