La culpa y el miedo no son las soluciones

La violación ocurrida durante este mes en la provincia de Málaga ha llenado de comentarios los periódicos, las redes sociales y hasta los corrillos de nuestros pueblos y ciudades.

Un debate con opiniones de todo tipo en los que tristemente han acabado predominando los más machistas y conservadores procedentes del patriarcado en el que vivimos, dentro del cual, declaraciones tan retrógradas como las del Alcalde de Valladolid ya no pueden ser consideradas una simple anécdota, sino una afirmación ideológica de rancios gobernantes que, escondidos detrás de sus gracietas, frivolizan en un asunto que en el fondo no debe parecerles tan importante o peor aún, un asunto que no les interesa en absoluto.

 

La falta de interés gubernamental se evidencia con una simple búsqueda de datos. O mejor dicho, con la dificultad para encontrar datos recientes sobre esta realidad: por un lado el Instituto de la Mujer no actualiza sus datos desde el año 2009, por el otro, el Ministerio del Interior sólo contabiliza las agresiones con penetración (1280 en todo el año) con lo que los únicos datos fiables los tenemos que obtener de asociaciones como “Me han violado”, que se dedican  a la difusión de información y que estiman en 29874 los delitos sexuales sin denunciar en España (incluidas agresiones sexuales sin penetración, violaciones, abusos sexuales y acoso sexual) y que nos deja la tremenda cifra de 1 delito sexual cada 17 minutos en España.

 

Las cifras nos dicen que este asunto no debería, de ninguna manera, ser tomado con tanta ligereza. Sin embargo, y si nos atenemos a las recomendaciones ministeriales, a las mujeres no nos queda otra que asumir nuestra culpa por ser mujeres y aceptar las sugerencias sobre qué y cómo debemos sentir, actuar y vivir en la España del siglo XXI, siempre desde ese punto de vista machista, patriarcal, retrógrado e ideológico por el que automáticamente nos quieren convertir en personas frágiles y delicadas que necesitamos de acompañamiento para poder vivir.

 

Las recomendaciones del Ministerio del Interior tampoco tienen en cuenta el objetivo de hacer desaparecer la desigualdad y la discriminación de las mujeres, y remarcan la idea de que seamos las mujeres, tan sólo por ser mujeres, las que debamos aprender a disimular nuestra manera de vivir y por tanto nuestra opción de vivir solas, a ocultar nuestra identidad tras las cortinas, a ejercitarnos en la mirada de soslayo a nuestro alrededor con el fin de identificar a todos sospechoso, a entrenarnos en la conversación para disuadir a los violadores, a vivir atemorizadas de la oscuridad,  de los conocidos y desconocidos, de salir a tomar una copa, de los ascensores, de todos los hombres que nos rodean… Es decir, las mujeres tenemos que acostumbrarnos a vivir en el miedo permanente.

 

Todas las mujeres, en algún momento, hemos sentido la sensación de miedo a ser agredidas sexualmente. En alguna u otra medida hemos sido conscientes de nuestra debilidad ante determinadas situaciones, sabemos que en cualquier momento podemos ser víctimas de un delito sexual. Las mujeres no necesitamos vivir con más miedo ni más culpa. Las mujeres necesitamos un sistema eficaz, eficiente y sensible a esta problemática. Un sistema en el que las agresiones sexuales no queden impunes, en el que no nos señalen por denunciar, en el que los violadores cumplan sus penas y necesitamos sobre todo una sociedad en la que quede claro que el único culpable de un ataque, ya sea violación, acoso o abuso es siempre el agresor.

 

Mónica Martínez Rivas

Secretaria de Mujer e Igualdad de IU en la provincia de Ávila