La crisis ofrece un nuevo modelo de trabajo inmigrante: formado, envejecido, terciario y con más autoempleo

El informe concluye que "España no ha dejado de ser en ningún momento un país de inmigración".

La crisis económica ha cambiado el mercado de trabajo inmigrante en España, que resulta ser "más envejecido, femenino, terciario, formado académicamente y con más autoempleo" que en 2007, según pone de manifiesto el informe 'Inmigración y crisis: entre la continuidad y el cambio', publicado por la Diputación de Barcelona, CIDOB, Fundación ACSAR y Fundación Ortega-Marañón.

  

Este anuario de la Inmigración en España, presentado este lunes en Madrid, recuerda que la inmigración ha perdido en torno a los 900.000 empleos desde el inicio de la crisis, pero destaca que la situación ha empeorado en los dos últimos años "en los que se perdieron más de la mitad de esos empleos". "Ha sido un choque muy severo para este colectivo", ha apostillado.

  

En este sentido, el catedrático de Economía Aplicada de la UAB, Jopep Oliver, ha añadido que "el 90 por ciento" de la pérdida de empleo en los últimos dos años se ha producido en el segmento de jóvenes --de 16 a 34 años-- y vaticina que "pronto habrá problemas con la mano de obra joven en España". "Hoy el perfil del trabajador inmigrante lo conforma el colectivo de 35 a 64 años, mientras que hace cinco años lo dominaban los más jóvenes", añade el informe.

  

En cualquier caso, a pesar de esta pérdida sensible de empleo, las remesas que se envían desde España ha otros países de todo el mundo "han caído menos de lo que cabría esperar" y se sitúan en valores semejantes a 2006 --en torno a los 6.800 millones de euros--, un 20 por ciento menos que el máximo alcanzado en 2008. Colombia, Ecuador y Bolivia son los principales destinos de estas remesas.

  

El catedrático de Sociología de la UCM, Joaquín Arango, interpreta estos datos señalando que "los inmigrantes sobreviven a la crisis, pero lo hacen con dificultades" y destaca sus "esfuerzos" personales para mantener estos envíos para sus familias en sus países de origen. Así, concluye que "España no ha dejado de ser en ningún momento un país de inmigración".

  

"Hay una autofascinación con el tema de la emigración de los jóvenes españoles, por la novedad, hasta el punto de que parece que la inmigración ha desaparecido en España, pero no es así", ha señalado Arango, que alude a los saldos migratorios para defender sus argumentos.

  

Así, el informe recoge que el saldo migratorio neto de la población extranjera es positivo "tanto para el periodo 2008-2011, con un valor de 845.708 personas, como en 2011, con 103.190 personas". Arango dice que "muchas veces se tiende a la malinterpretación de los datos" y añade que "la mayoría de los 6 millones de extranjeros que se incorporaron a la sociedad española en las últimas décadas siguen en el país".

 

MENOS EMIGRACIÓN DE LO QUE SE PIENSA

  

El texto incide en que desde el primer año de la crisis y hasta 2011 se registraron en España más de 1,3 millones de bajas residenciales, el 91 por ciento de las cuales son fruto de la inmigración reciente. "Continúa el retorno y la re-emigración de inmigrantes y aumenta la salida de españoles --un 9 por ciento del total--, aunque en un volumen mucho más reducido de lo que generalmente se piensa", concluye.

  

Al respecto, añade que el 61 por ciento de las emigraciones desde España se concentran en diez países, entre los que destacan Reino Unido --14.926--, Francia --11.851--, Estados Unidos --11.394--, Alemania --8.641-- y Suiza --5.227--.

  

Arango afirma que el Instituto Nacional de Estadística (INE) "hace esfuerzos para dar estimaciones y acabar con los sesgos, pero no cabe esperar gran certeza de los datos". Según este experto, un capitulo del anuario "intenta dar luz sobre esta borrosa realidad" y concreta que "en 2012, por primera vez, el padrón ha mostrado una disminución levísima del tamaño de la población española, que se debe principalmente a la reducción del número de empadronados extranjeros".

 

PERSISTE LA PAZ SOCIAL

  

Por otra parte, el catedrático destaca la "persistencia de la paz social", con el "único incidente" de la retirada de la tarjeta sanitaria a inmigrante en situación administrativa irregular". Así, explica que "tras cinco años de profunda recesión y elevadísimo desempleo, puede afirmarse que la crisis no ha alterado significativamente la atmósfera social en la que se desenvuelve la inmigración, ni ha tenido impactos políticos relevantes".

  

Por ello, Arango pide a los poderes públicos que no recorten en ayudas a los sectores más necesitados y que mantengan su discurso hacia los inmigrantes para "evitar que calen mensajes xenófobos, tal y como está ocurriendo en otro países". Asimismo, ha recordado que --frente a lo que aseguras algunos discursos populistas-- "la población inmigrante es beneficiaria de tan solo el 5,2 por ciento del gasto público sanitario efectuado en España".

  

En este punto, el presidente de la Fundación ACSAR y diputado de CiU, Carles Campuzado, ha señalado que "España volverá a ser un país receptor de inmigrantes" e insta a aprovechar este "periodo de tranquilidad" en lo que a la llegada de inmigrantes se refiere, "para afrontar los retos que plantea la inmigración".

  

En este acto también han participado el director académico del Instituto Universitario Ortega y Gasset, Fernando Vallespín, y el presidente del CIDOB, Carles Gasòliba.

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