La Astronomía a estudio en un curso de la UNED que se imparte en El Barco de Ávila

De izq. a dcha., Juan Ángel Vaquerizo, Amelia Williart y David Galadí.

Según los expertos, la búsqueda de la denominada ‘energía oscura’, el factor que hace que la expansión del universo se haya acelerado, y la localización de otros planetas que giran alrededor de otras estrellas, con el objetivo de averiguar si pueden ser habitables y si están habitados son los dos grandes ejes en torno a los que gira la investigación astronómica en la actualidad.

El curso, para el que se ha contado con la colaboración de la Asociación de Empresarios Gredos Norte, que promueve observaciones como un elemento turístico de calidad, repite experiencia en El Barco de Ávila al considerar que esta zona cuenta con unos cielos que permiten realizar observaciones singulares, tanto de día como de noche. No en vano esta zona de la provincia abulense se ha convertido recientemente en la quinta de España en conseguir la calificación que otorga la Fundación Starlight, que reconoce los cielos óptimos para observaciones.

 

El seminario, que ya ha pasado con anterioridad por lugares como Guadalajara, Baza (Granada), Barbastro (Huesca, que además cuenta con cúpula propia), La Palma o Mérida, ha incluido, en este sentido, una observación diurna que ha desplazado a los participantes a la explanada del castillo de El Barco de Ávila. Desde este lugar, han observado las manchas que presenta el sol fruto de su actividad, a través de un telescopio solar que también les ha permitido contemplar protuberancias, además de, con un espectroscopio, ver espectros solares, ha explicado la directora del curso, Amalia Williart, profesora titular del Departamento de Física de los Materiales en la Facultad de Ciencias de la UNED y miembro del Grupo de Astronomía de esta universidad.

 

También el seminario ha incluido una observación nocturna en Cabezas Bajas –anejo de Navatejares- en la que se ha contado con monitores de la asociación de empresarios y equipos que les han permitido ver todo tipo de objetos celestes y también algunos de los fenómenos que se están produciendo estos días, como la llamativa conjunción de la luna con Júpiter y Venus, que ya se están separando y se van perdiendo en el crepúsculo.

 

Además de las Perseidas, que se pueden ver siempre en verano, el codirector del curso, David Galadí, astrónomo de soporte del Departamento de Astronomía del Centro Astronómico Hispano-Alemán (Observatorio de Calar Alto, Almería), también será llamativo Saturno, por su situación: mirando hacia el sur, en la constelación de Escorpio.

 

Estos aspectos han cobrado relevancia en este curso de verano de la UNED que hace un barrido sobre distintas cuestiones de la astronomía y la astrofísica, que han incluido temas como el funcionamiento de las estrellas, la astrobiología o la exploración espacial, unas cuestiones que presentan desafíos tanto para los científicos como para los aficionados.

 

Para los segundos, según David Galadí, la tecnología moderna, con telescopios, cámaras y ordenadores, permiten avanzar en el conocimiento de los astros, aunque en su contra tienen la contaminación lumínica. En este sentido y aunque la astronomía “siempre ha sido una ciencia muy atractiva para el público en general”, el poder disponer de medios que permiten observar el universo “mejor que nunca” está haciendo que el número de personas atraídas por el universo crezca.

 

Desde el punto de vista científico, la frontera de vanguardia se encuentra en estos momentos en aspectos a los que ahora se están dedicando más tiempo y recursos, como la exploración cosmológica del universo a gran escala, en busca del factor que hace que la expansión del universo se haya acelerado, lo que han denominado ‘energía oscura’ y que se combina con la exploración de la radiación de fondo.

 

También se buscan planetas alrededor de otras estrellas o exoplanetas; es decir, planetas que, como ocurre en el Sistema Solar, puedan girar alrededor de otras estrellas como el Sol. “Se sospechaba que también tendrían planetas alrededor y, desde los años noventa del siglo pasado, sabemos que es así”, por lo que se están descubriendo “muchísimos” y “con una variedad enorme”.

 

Vida en otros planetas


En el horizonte, está la idea no sólo de buscar y encontrar muchos planetas sino alguno de ellos podría ser habitable y si está habitado.

 

Sobre esta cuestión ha hablado Juan Ángel Vaquerizo, responsable del Proyecto PARTNeR, que permite a estudiantes de ESO, Bachillerato y universidad el acceso a una antena parabólica de 34 metros de la NASA –la agencia espacial de Estados Unidos- situada en el Complejo Espacial de Comunicaciones con el Espacio Lejano de Robledo de Chavela (Madrid).

 

“Es complicado encontrar planetas alrededor de otras estrellas que no son el Sol”, por su lejanía y porque no emiten luz, aunque, una vez que se localizan lo difícil también es situarlos, en relación a su distancia con la estrella principal, y es en este ámbito en el que se habla de “zona de habitabilidad”: la distancia a la estrella en la que ese planeta podría albergar agua en estado líquido.

 

Igualmente, se busca si ese planeta que se descubre es un gigante gaseoso, como los que se encuentran más allá del cinturón de asteroides, o si es rocoso, como la Tierra. Así, es en los planetas rocosos donde se busca la presencia de biomarcadores o la información que puede decir si en ese planeta puede existir vida.

 

Recursos


“A la Luna no se fue por motivos científicos sino geopolíticos”, ha afirmado, por otra parte, David Galadí, algo que ha apoyado Juan Ángel Vaquerizo al apuntar que seis misiones del programa Apolo alunizaron, aunque de todos los astronautas que se posaron sobre la Luna “sólo había un científico”, que fue un geólogo que viajó en la última misión, el Apolo XVII.

 

“No era una misión científica”, ha subrayado, antes de incidir en que el coste del programa Apolo “hubiera eliminado el hambre en la Tierra”.

 

Este aspecto ha llevado a Vaquerizo y Galadí a señalar que, al contrario de lo que se cree, los proyectos científicos que se desarrollan en astronomía “son muchísimo más baratos”, porque en el Apolo se pusieron “todos los recursos para llegar antes que los rusos”.

 

“Incluso algo tan grande como el gran colisionador de hadrones –cerca de Ginebra (Suiza)- tiene un coste muy pequeño en comparación con otros objetos que se pueden encontrar a diario, como grandes aviones para líneas aéreas o aeropuertos”, ha determinado Galadí.

 

De la misma forma, Juan Ángel Vaquerizo ha señalado que los desarrollos tecnológicos que se producen para que la ciencia avance son “adelantos que después redundan en la sociedad”, hasta el punto de que los científicos “suelen reportar al país que los forma ingentes cantidades de dinero”. Un ejemplo: la participación de España en la Agencia Espacial Europea (ESA), que supone una aportación de cien millones de euros, ha estado “en la cuerda floja”, aunque “por cada euro que se aporta genera entre seis y diez euros de retorno industrial al país”.

 

“No es verdad que la ciencia es cara y que los países ricos hacen ciencia porque son ricos, sino que los países son ricos porque hacen ciencia”, ha concluido Galadí.