La asociación de Mujeres Progresistas de Ávila adopta en nombre de Josefina Aldecoa en homenaje a su obra y trayectoria vital

Para la asociación de Mujeres Progresistas este cambio de nombre supone también parte de la renovación del proyecto de las abulenses que están trabajando en los programas que llevarán a cabo en la provincia y que comenzarán próximamente
La Asociación de Mujeres Progresistas de Ávila, miembro de la Federación Nacional de Mujeres Progresistas, ha adoptado el nombre de la escritora y pedagoga, Josefina Aldecoa, como homenaje a su obra y trayectoria.

Según han informado desde la Asociación la idea surgió en una reunión de la Junta Directiva donde se planteó la posibilidad de sustituir el nombre genérico de “Mujeres Progresistas” por uno que evocara algunos de los ideales del colectivo, tales como la libertad, la creatividad, el compromiso social y la preocupación por los demás, valores todos recogidos en la biografía de Josefina Aldecoa.

Para la asociación de Mujeres Progresistas este cambio de nombre supone también parte de la renovación del proyecto de las abulenses que están trabajando en los programas que llevarán a cabo en la provincia y que comenzarán próximamente.

PEQUEÑOS APUNTES DE LA BIOGRAFÍA DE JOSEFINA ALDECOA (1926 -2011) La leonesa Josefina Aldecoa formó parte de un grupo literario que produjo la revista de poesía Espadaña. Durante sus años de estudio en la facultad entró en contacto con parte de un grupo de escritores que luego iban a formar parte de la Generación del 50: Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre, Jesús Fernández Santos e Ignacio Aldecoa.

En 1959 fundó en Madrid el Colegio Estilo, la que fue para ella su gran obra , situado en la zona de El Viso, Madrid, inspirándose en las ideas vertidas en su tesis de pedagogía, en los colegios que había visto en Inglaterra y Estados Unidos y en las ideas educativas del Krausismo, base ideológica de la Institución Libre de Enseñanza: "Quería algo muy humanista, dando mucha importancia a la literatura, las letras, el arte; un colegio que fuera muy refinado culturalmente, muy libre y que no se hablara de religión, cosas que entonces eran impensables en la mayor parte de los centros del país", y publicó en 1961 la colección de cuentos A ninguna parte. En Los niños de la guerra (1983) hizo una crónica de su generación ilustrada por semblanzas, biografías y comentarios literarios sobre diez narradores surgidos en los años 50.

En 1969 murió su marido y permaneció 10 años en los que abandonó la escritura dedicándose a la docencia, hasta que en 1981 publicó una edición crítica de una selección de cuentos de Ignacio Aldecoa. Continuó su actividad literaria con novelas como Los niños de la guerra (1983), La enredadera (1984), Porque éramos jóvenes (1986) o El vergel (1988). En 1990 inició una trilogía de contenido autobiográfico con la novela Historia de una maestra (1990), Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997), parcialmente en respuesta al discurso político durante los años posteriores a la dictadura acerca de cómo reconstruir el sistema educativo, al que no consideraba lo suficientemente laico.

En 1998 escribió el ensayo Confesiones de una abuela, en el que abordaba la relación y experiencias vividas con su nieto. En 2000 publicó Fiebre, una antología de cuentos escritos entre 1950 y 1990, y en 2002 El enigma, novela de temática amorosa. En 2004 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras. En 2005 publicó La casa gris, una obra que escribió cuando tenía 24 años en la que narra, en forma de novela protagonizada por Teresa, su vida en Londres reflejando la diferencia de España y Europa en los años 50.