Jesús García Burillo destaca la importancia de la peregrinación de los Obispos a Ávila

Jesús García Burillo. / Archivo

"Un acontecimiento histórico". Así ha definido el Obispo de Ávila, Jesús García Burillo la próxima peregrinación de los Obispos españoles a esta diócesis del próximo viernes 24 de abril, y que servirá para clausurar la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal.

Será la segunda vez en la historia en la que Ávila acoja una reunión de la Conferencia Episcopal: la primera tuvo lugar en noviembre de 1982, coincidiendo con la visita de San Juan Pablo II, en el IV Centenario de la muerte de Santa Teresa.

 

En un escrito hecho público este fin de semana, el Prelado abulense invita a todos los fieles a unirse "física o espiritualmente a los Obispos de España. Y os ruego que nos acompañéis con vuestra oración, para que se derrame abundantemente sobre nosotros la gracia de este año jubilar, y así podamos experimentar hoy al vivo lo secreto de Dios, en la efusión de carismas espirituales extraordinarios, por intercesión de Santa Teresa de Jesús".

 

García Burillo ha hecho extensiva esta invitación a las personas de vida consagrada, para que acompañen a los Obispos en el Monasterio de la Encarnación, donde rezarán la Hora Tercia. El resto de fieles podrá participar a las 11 horas de la Eucaristía en el Convento de La Santa, casa natal de Teresa de Jesús, donde se podrá lucrar la Indulgencia Plenaria en este Año Jubilar Teresiano.

 

El Obispo de Ávila destaca, asimismo, la importancia que para la Conferencia Episcopal tiene la celebración de este V Centenario, y recuerda cómo forma parte esencial del Plan Pastoral vigente, en aras a conseguir "una pastoral de la santidad", siguiendo las huellas de Santa Teresa.

 

Todo ello porque, a juicio del Prelado, la impronta de Teresa de Jesús sigue estando muy presente, cinco siglos después: "Cuánto me gustaría que pudiéramos hablar con ella, tenerla delante y preguntarle tantas cosas. Siglos después, su testimonio y sus palabras nos alientan a todos a adentrarnos en nuestro castillo interior y a salir fuera, a “hacerse espaldas unos a otros… para ir adelante” (V 7,22). Sí, entrar en Dios y salir con su amor a servir a los hermanos. A esto “convida el Señor a todos” (C 19,15), sea cual sea nuestra condición y el lugar que ocupemos en la Iglesia” (cf. C 5,5)".