Hungría, la resurrección de los magiares tras 44 años de ausencia

Balázs Dzsudzsák

La selección de Hungría regresa a una Eurocopa 44 años después, y, con su vitola de 'cenicienta' en un sorprendente Grupo F.

 

FICHA TÉCNICA

-Participaciones en Eurocopas: Tres (1964, 1972 y 2106).

-Títulos: Ninguno.

-Mejor resultado: Tercer puesto (1964).

-Palmarés: Triple campeona olímpica (1952, 1964 y 1968).

-Cómo se clasificó: Repesca contra Noruega.

El combinado centroeuropeo, que jugó su último campeonato continental en 1972, no pisaba una fase final desde que en el Mundial de México 1986 fue eliminado en la primera fase tras sufrir una goleada ante Francia (0-3). Dos generaciones de húngaros no han visto todavía a su selección ni en una Eurocopa ni en una Copa del Mundo.

Así, la empresa de los de Bernd Storck se reviste de responsabilidad y orgullo, y más cuando la imagen que sobrevuela sobre ellos es la de aquel 'Equipo de Oro' de la década de los cincuenta, con hombres como el madridista Ferenc Puskas o los barcelonistas Sándor Kocsis y Zoltán Czibor, que desarrollaría el 'fútbol total' que dos décadas después popularizaría la Holanda de Johan Cruyff.

Muy lejos de la superioridad de aquel equipo que se alzó con el oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 y que fue subcampeón del mundo dos años después, el actual combinado magiar resiste a base de veteranía y esfuerzo. El seleccionador húngaro, sin embargo, no dispone de un sistema definido, que varía en función de las necesidades, pero que parece que apostará por el físico y la contra.

Sin grandes nombres, el grueso del grupo milita en la primera división del país, con jugadores procedentes de Ferencváros, Videoton, Puskás Akadémia, MTK Budapest, Szombathelyi Haladás, Vasas Budapest, Diósgyóri VTK, Debrecen o Újpest. Entre ellos, sobresalen las figuras del veterano Gábor Király (Haladás), de 40 años, defiende la portería magiar, y del centrocampista Balázs Dzsudzsák (Bursaspor turco), posiblemente su mejor jugador.

El camino a Francia comenzó en el grupo de quizás menos nivel de la clasificación, junto a las selecciones de Irlanda del Norte, Rumanía, Finlandia, Islas Feroe y una Grecia que sólo pudo ser colista. Desde que comenzó cayendo en la primera jornada ante los norirlandeses en Budapest (1-2), los magiares consiguieron cuatro victorias, cuatro empates y dos derrotas -también contra los griegos en la última jornada-, con 11 goles a favor y nueve en contra.

La clasificación comenzó con derrota y finalizó de la misma manera, cuando ya habían asegurado una repesca donde el escollo fue una Noruega a la que sorprendió en Oslo para luego imponerse en casa por 2-1. Ahora, les tocará demostrar su mejoría en su tercera participación en el torneo continental, tras los exitosos pasos en 1964 -tercer puesto- y 1972 -cuarto-, aunque sus éxitos fueron los subcampeonatos mundiales en 1934 y 1954 y sus tres oros, una plata y un bronce olímpicos, que le convierten en la mejor selección de la historia de los Juegos.

BALÁZS DZSUDZSÁK, EL INSUSTITUIBLE

Con 29 años, Balázs Dzsudzsák (Debrecen, 1986) ha tomado el mando de su selección y se ha convertido en la prolongación de Storck en el campo. El capitán magiar ha sido el hombre más utilizado por el técnico alemán, que le ha hecho jugar los doce partidos de clasificación y le ha dado un total de 1.045 minutos.

En los últimos tiempos, ha recobrado protagonismo en el Bursaspor de la Superliga turca, tras pasar por PSV Eindhoven, Anzhi y Dinamo de Moscú. A pesar de que puede formar en el doble pivote, Dzsudzsák rinde más cuando juega como extremo, aunque sus números no han sobresalido (un gol y dos asistencias).

Allí exhibe virtudes como capacidad de desequilibrio, un gran golpeo y peligro en las jugadas a balón parado, que un día le permitieron estar en la órbita de grandes clubes europeos.

BERND STORCK, EL REVITALIZADOR DE LOS MAGIARES

El alemán Bernd Storck (Herne, 1963) dirigía al combinado húngaro Sub-21 cuando recibió la llamada de la absoluta, después de que Pál Dárdai tuviese que dejar su cargo para poder centrarse exclusivamente en entrenar al Hertha de Berlín, una labor que desarrollaba de manera conjunta.

El germano, que llevó precisamente a los berlineses de vuelta a la Bundesliga a finales de los noventa, recibió el mandato de devolver a Hungría a una fase final, y no falló. En total, el exseleccionador de Kazajistán cosechó tres victorias, dos empates y una derrota en sus seis partidos al mando del equipo.

La llegada de Storck hizo crecer a los magiares, más competitivos, pero a los que aún les resta ser más efectivos de cara a gol, un objetivo que el entrenador alemán tratará de solucionar.