Horarios comerciales: se impone la racionalidad

Artículo de opinión de CONFAE

Estamos asistiendo en las últimas semanas a un debate mediático que encuentra su propio caldo de cultivo en la perversión del propio término, pues llamamos liberalización a lo que puede ser una imposición que arrastra a  los verdaderos activos de los establecimientos, los empresarios y los trabajadores; y llamamos modernización a una pretendida liberalización que ignora la conciliación de la vida familiar y laboral de tales actores y las relaciones laborales negociadas a través de los convenios colectivos, bajo la premisa de unos beneficios o rentabilidades que, tal como han mostrado los hechos acaecidos en los últimos meses, no son tales.

 

No aspiramos de ninguna manera a restar legitimidad a los pronunciamientos liberalizadores bajo unos u otros fundamentos,  tampoco ignoramos los argumentos de colectivos vinculados al consumo que, evidentemente, quieren tener la ciudad a su disposición las 24 horas del día y los siete días de la semana, y no solo los comercios, también si es posible los establecimientos de ocio, los bancos, la sanidad, las oficinas públicas y, probablemente, hasta la hacienda pública y la administración de la seguridad social; si bien a primera vista podría parecer que la apertura de entes públicos puede tener un coste que repercute en el bolsillo del contribuyente, no así cuando se trata de establecimientos privados.


Pero dejando estas consideraciones aparte, es preciso constatar que la liberalización de los horarios comerciales ni tiene que ver con la atención al público, ni con el aprovisionamiento o no aprovisionamiento de productos, ni con la fuga de clientes a otras provincias, ni siquiera con una imagen de pretendida modernidad  o, por el contrario, de estancamiento, en función de si la jornada semanal tiene una u otra duración.    


 El comercio abulense se viene esforzando en los últimos años por mejorar en términos de profesionalización, especialización y calidad en productos y servicios, y eso sí que es avanzar hacia la modernización; los comercios abulenses hacen un esfuerzo permanente por mejorar su imagen, invirtiendo en reformas y haciendo escaparates atractivos, y eso también debe ser avanzar hacia la modernización; los comerciantes y sus trabajadores invierten tiempo y recursos en formación y reciclaje, y el comercio abulense se esfuerza para estar a disposición de todos los ciudadanos al menos seis días a la semana, con lo que parece que el público está debidamente atendido. Este cúmulo de esfuerzos  no impide sin embargo que los abulenses que quieren consumir libremente en otros formatos de comercio,  lo sigan haciendo ya sea martes, jueves o sábado como ha ocurrido siempre y especialmente en el último año, período por cierto en que la apertura todos los días de la semana no ha impedido esa presumible fuga de consumidores a otras provincias, o una mínima evolución de las ventas absolutamente desproporcionada respecto de las excelencias  que se vaticinaron en los prolegómenos del V Centenario; gran evento que, por supuesto, sí ha arrojado excelentes resultados en otros sectores y colectivos.   


Tampoco estamos anclados en una ínsula del pasado sino que, más bien ajenos a los tópicos, nos mantenemos en los mismos niveles de apertura que el resto de grandes ciudades de Castilla y León (Conforme a la normativa vigente aprobada por la comunidad autónoma ) y de gran parte de España, quizás aquí con alguna salvedad soterrada como la que se adivina en lo que pudiera parecer un pulso entre grandes superficies y pequeño comercio; realmente nada más lejos de la realidad si tenemos en cuenta que una gran parte de los trabajadores de medianas y grandes superficies de Ávila se han mostrado, con su propia firma,  en contra de abrir cada día del año.
    En cuanto a la forma de actuar del ayuntamiento entendemos, y no de manera oportunista en función de los resultados, que el consistorio abulense ha hecho lo que tenía que hacer, ha llevado a cabo los procesos de consulta que marca la norma,  ha escuchado a la Mesa de Comercio abierta a la participación de un amplio espectro social, y ha solicitado preceptivamente   los informes no vinculantes que han podido emitir y defender los interlocutores acreditados por la normativa, entre los que se encuentran obviamente los comercios libremente representados, y por lo tanto legitimados para pronunciarse, que  aglutina la Federación de Comercio de CONFAE;  y finalmente, tras este proceso, habrá tomado la decisión que presumimos más coherente.


 Quizás en este punto se haga preciso recordar que, pese al debate abierto, que siempre es saludable, hay un procedimiento normativo establecido y que la administración competente ha regulado con amplitud esta materia ordenando el comercio minorista, reglamentando la regulación de los horarios comerciales y estableciendo  procesos para la declaración, en su caso, de zonas de especial afluencia turística. Y es aquí por cierto donde queremos hacer una llamada de atención sobre términos que se han pasado por alto pese a la confluencia de muchas voces expertas, y nos referimos a la necesaria distinción que ha de hacerse entre consumo turístico y turismo de compras, o a la laxa distancia de fondo y de forma que separa las zonas de gran afluencia comercial de las zonas de gran afluencia turística, pues todo ello merece un tratamiento aparte de no poca intensidad.      


   En todo caso parece que, como ha dicho el alcalde de Ávila, es tiempo ya de cerrar este capítulo y, añadimos nosotros, de dejar de mirar al ombligo de los demás. Todos tenemos que mejorar, pero cada uno debe tener cierta capacidad para decidir sus medios, tiempos y herramientas.


El comercio abulense tiene que seguir progresando, como cualquier estructura o estamento económico y social, y estamos convencidos de que lo seguirá haciendo contando con la comprensión de tantos abulenses anónimos, precisamente la inmensa mayoría que no se pronuncia pero que sí sabe apreciar el esfuerzo que hace el empresario, pequeño,  mediano o grande, para levantar la verja cada mañana, tener el almacén debidamente abastecido, y saludar con la mejor disposición a todos sus clientes cada vez que se abre la puerta.